


Quisimos elevar un símbolo que sea reconocido por los que comprenden, los
que desean dirigirse hacia una meta y enlazar sus corazones con nosotros a
través de esta página, uniéndose aún sin conocerse alrededor de
"El Sendero del
Islam".
Quisimos proyectar algo de luz sobre las tinieblas del presente, para los
que buscan Luz.
Quisimos alzar una voz en el desierto para que los caminantes
perdidos la escucharan y a nuestra voz se encaminasen.
Quisimos decir unas verdades o muchas, en medio del páramo sin fin
del error y la mentira, de la apariencia falaz, extender la mano fuera de la
lobreguez de esta hora hacia un futuro sagrado indefectible, anunciar lo que
como un velo cerrado impenetrable oculta la ignorancia, pero que intuye el
corazón del heliotropo vuelto hacia el sol.
Quisimos dar a conocer lo conocido-ignorado que el interior clama y
el exterior sepulta, manifestar las facetas de la Luz, primavera de los
corazones e ideal de los espíritu.
Quisimos contemplar el Rostro que se oculta tras el velo del mundo o
de nuestra ignorancia, como se oculta el resplandor de la mañana tras las
nubes pertinaces de un tiempo yerto.
Quisimos consolar los corazones con el eco de la palabra presente y
olvidada, como frescura de unas gotas que corren del agua de la vida sobre
los pétalos abiertos del corazón ansioso, trémulo, por el rocío que lo
vivifica.
Quisimos capturar el perfume de un jardín encubierto y traer el
soplo de un lugar escondido, esparcir el agua-luz de la sabiduría, repetir
lo reiterado sin descanso para un oído atento que se complace en ello, como
si hoy lo escuchara por vez primera.
Quisimos alcanzar el vibrar del Amor en el universo, tañido que une
lo diverso, que nos atrae desde el Sí de la Unidad infinita, en una travesía
eterna que nunca alcanzará a desvelar Su Esencia.
Quisimos que se conocieran los Amigos que están presentes en su
ausencia cósmica, cuya palabras sonaron hace tiempo, palabras que el viento
carga como adorno, galardón y mérito, de una época a otra, de uno a otro
oído, de mano a mano, de corazón a corazón, porque esas palabras desvelan la
Realidad cierta, oculta sólo por la hojarasca de los fenómenos, por la
apariencia inconsistente de los hechos en tránsito a fenecer.
Quizás quisimos no sólo darnos a conocer sino reconocernos, porque
la Presencia eterna está en el sí mismo esperando, el retorno del corazón
peregrino que se aleja de sí, se hunde en la hojarasca, confirma la
apariencia, pero no encuentra consuelo en nada fuera de sí mismo, al que
quiere retornar.
Por todo ello quisimos dar a luz
"El Sendero del Islam"
lazo de unidad, intento de conocimiento del sí mismo, retorno a la vida de
la palabra, a la primavera de los corazones, al hogar santísimo de la
Presencia, al agua de la vida, a la luz esencial de la Realidad. Frescura de
los ojos del caminante extenuado, perfume del secreto, sonido eterno,
incansable verdad multifacética reiterada en cada segundo de la vida, oculta
al desatento, vida viva que no muere ni se olvida.
"El Sendero del Islam"
acompañará el latir de ciertos corazones, la mirada desvelada de ciertos
ojos, el tornarse del heliotropo hacia la Luz. Será un camino con diversas
andanzas, con valles y atalayas, reposos y escarpadas, vergeles y arideces,
sólo para que el corazón se mire a sí mismo y reconozca la Presencia eterna,
que en lo múltiple manifiesta la Unidad, en lo variado lo Único, en lo
cambiante lo Inmutable, porque es la Fuente de todo lo múltiple, de todo lo
variado y de todo cambio: El que cambia sin cambio, se mueve sin movimiento,
se manifiesta diverso sin multiplicarse, se establece sin lugar que le ponga
límites.
"El Sendero del Islam"
será tu guía en el encuentro con lo que anhelas, te escucharemos si nos
buscas y nos escribes, responderemos a tus interrogantes en lo posible y
necesario, te acompañaremos en tu búsqueda si es que nos necesitas. Si estás
a nuestro lado estaremos contigo y "El Sendero del Islam" será para ti un
manantial de luz descendiendo desde lo alto por la cascada de los que se
unen en el anhelo de la Luz.
Nuestro símbolos son la espiga, la rosa y la espada: la espiga
alimento del espíritu, como la sabiduría del Profeta, la Bendición, la Paz y
las Gracias sean con él y su Descendencia purificada; la rosa blanca pureza
y belleza como Fátima la hija del Muhammad, la Bendición y la Paz sean con
ambos, que manifiesta el Amor de Quien todo lo une en el desapego a lo
inferior, hacia la Luz eterna; la espada esfuerzo y lucha interior
espiritual, como Alí, la Paz sea con él, que todo lo ofrece por el sí mismo,
con el Poder y la Fuerza infinitas de lo Santo.
Los tres símbolos son uno sólo y el mismo, como Unidad que se
manifiesta en el significado de la Realidad.
Te esperamos en el hogar primigenio de estas páginas, como presencia
virtual que nos escucha en silencio, silencio sagrado, que es compresión de
la Verdad, antelación del sonido verdadero, vibrar de lo real antes de
mostrarse a los ojos del mundo. Y hacia ti va nuestra Paz, que en ti more y
fructifique tendida
hacia la plenitud.