Al-Husain (P) y su ejemplo para el Islam, Karbalá

Si el Imam (P) nos contara su martirio nos diría:

Te contaré sobre lo que hicieron conmigo, mi martirio. Este no fue sino como testimonio y testigo de las gentes. Y fue por la debilidad de los corazones. Allah lo predestinó para mí como señal divisoria o mojón de la comunidad islámica. Allí quedaría el registro de la debilidad y el desvío de la comunidad del Islam. Y así Allah lo determinó para fortalecer a los sucesores en el Islam, las generaciones posteriores, y que os determinéis en seguir como es debido el Din del Islam, en lo que os agrada a vuestros corazones y en lo que os apesadumbra.  

Y la matanza no fue sino una gran injusticia sobre la tierra, como para que Allah elimine luego por completo la impiedad y la injusticia con los justos durante la Restauración (la época del gobierno del Imam Al-Mahdí -P-). El tiempo fue fijado y no les queda a los opresores inicuos sino el suspiro que exhalan.

Fueron muertos de los míos 70, y 7 que luego se agregaron más, yo y mi íntimos (mujeres e hijos), y no quedó de mí más que dos o tres semillas de las cuales reverdeció la Descendencia y el Islam: Así en esta semilla reverdeced vosotros. Y no fue sino un día de gran tristeza para la humanidad, y los ángeles circunvalaron la tierra derramando llanto, acongojados. Y no hubo de los que lo ejecutaron ninguno que luego de ello no sufriera el infierno en este mundo, sin dejar de estar quejumbroso de aquí a allí, sin encontrar consuelo.

Pero lo que se perpetró se perpetró, y los débiles que no me defendieron nunca dejaron de arrepentirse, sin ser perdonados, hasta que se me vengue en la tierra [por mano de Al-Mahdí -P-, el Vengador de la Descendencia de Muhammad (BPDyC)]. Y no hubo una gota de sangre o sudor de mis defensores que no fuera registrada por Allah contra los impíos.

La venganza de la Restauración

Y verás hoy un desierto donde se derramó mi sangre, pero cuando venga la Victoria de Allah y se cubra la cuenta: ¡Ve y mira el vergel de frutos y flores de mí y los míos, y regocijaos porque será el triunfo final, y la tierra toda se plenificará, y reverdecerá, de los ríos de la sangre de los míos y de todos los que injustamente fueron masacrados! Esta es la Victoria excelentísima [Sagrado Corán 48:3], el Triunfo evidentísimo [Sagrado Corán 45:30].

 

SOBRE ASHURA

(Disertación del imam M. Al-Husáini)

Durante los diez primero días de Muharram, el primer mes del calendario islámico, fue asediado el Imam Al-Husáin (BP), interceptado y aislado en un lugar llamado Karbalá, en su marcha hacia Irak, a la ciudad de Kúfa. Fue rodeado por un gran ejército que llegó, según algunos, hasta los diez mil hombres en contra de él (BP) y su pequeña partida de personas de su familia, siendo aproximadamente unos 77, 70 primero y 7 que se agregaron luego. Y en los últimos 3 o 4 días le fue negado el paso hacia el agua, para sus hijos menores y los hijos de quienes lo acompañaban, que la pedían desesperadamente, en un clima tórrido, insoportable. En los últimos días, también, fueron muertos sus hermanos, sus hijos, hasta los más pequeños, como Alí Al-Asgar, muerto en brazos de su padre Al-Husain (P) cuando éste trataba de conseguir agua para su hijo, y mientras lo llevaba entre sus brazos le dieron al pequeño un flechazo en la garganta.

            El Imam Al-Husain (P) nació el 3 de Sha`bán, y entonces vino el Profeta (BPDyC) y pidió que le dieran a su nieto recién nacido, le recitó el Adhán en su oído derecho y la iqámah en su izquierdo, lo estrechó en su regazo y lloró. Le preguntó Asma` Bin `Amis que ayudaba a Fátimah: “¿Por qué lloras?”, respondió: “Porque a este, mi hijo, lo asesinará después de mí la facción corrupta y tirana ¡Que Allah no les otorgue mi intercesión! Asma`, no informes a Fátimah, porque es reciente su parición”. Ese día el Profeta (BPDyC) le dio el nombre Husáin, el día séptimo sacrificó un cordero, cortó su pelo, y lo ofreció en plata, y por fin lo hizo circuncidar.

            El libro: Regalo para los espíritus cita unas palabras del Imam Al-Husain (P) quien dijo: “Por cierto que este mundo se ha desnaturalizado y empeoró, y el bien huyó sin restar de él más que un sarro como el de la vasija, y una vil existencia como mala hierba. ¿No veis cómo la verdad y el derecho no se practican?, ¿y cómo el error y lo nulo no cesan de ejecutarse? ¡Que el creyente sólo se contente con encontrar a Allah con el espíritu realizado! Yo, por cierto, no encuentro en la muerte sino felicidad, y en la vida con los inicuos más  que descontento. La gente es sierva del mundo, y la fe es solo un remanente en sus bocas, que ellos cumplen en tanto fluya en la abundancia su existencia. Pero cuando son probados por la aflicción, son pocos los piadosos”.

Había un pacto entre Al-Hásan, el hermano de Al-Husáin (P), por un lado, y Mu`áuiah, el usurpador del califato, por el otro, pacto por el cual, para no derramar la sangre de los musulmanes, se estableció que a la muerte de Mu`áuiah el califato retornaba a manos de Áhlu –l-Báit, la Gente de la Casa del Profeta (BPDyC). Lejos de esto Mu`áuiah alentó ya antes de morir a su hijo Iazíd a tomar el poder, lo cual hizo inmediatamente a la muerte de su padre. Entonces Iazíd mandó al gobernador de Medina que exigiera la bai`ah, el juramento de fidelidad, del Imam Al-Husáin (BP). El Imam se negó, como otra gente, y Iazíd insistió en ello ordenando que si se seguía negando fuera ejecutado.

Poco antes de la época Peregrinación el Imam (BP) salió de Medina hacia Meca, para cumplir aquella práctica, y sabiendo que habían sido enviados emisarios de  Iazíd para asesinarlo suspendió la Peregrinación dos días antes, el día décimo, y marchó hacia Kúfa, de donde le habían llegado muchas misivas y declaraciones apoyándolo como Califa. Él mismo había enviado previamente a Aqíl Ibn Abi Tálib, su primo, como delegado suyo a Kufa , para averiguar el estado de la gente y comprometerlos. Pero tanto Aqil como Hani, el jefe de los partidarios de Al-Husáin (BP) en Kúfa , fueron ejecutados por Ubaidallah Ibn Ziád, el gobernante de esa ciudad, por orden de Iazíd, el califa de Damasco.

            El Imam (BP) salió de Meca hacia Kúfa la misma fecha en que eran ejecutados esos dirigentes de sus partidarios. Y en el camino se enteró del hecho lamentable, pero no se detuvo sino que siguió adelante con su propia familia. Para algunos puede resultar incomprensible el hecho de que comprometió a su propia familia. Siguió su marcha, pero fue interceptado antes de llegar a la ciudad de Kúfa por los enemigos, y el jefe de estos tenía la orden de tomarle la bai`ah, el juramento de fidelidad al califa usurpador, o bien matarlo. Aquella era la familia del Profeta (BPDyC), quien la conducía era el jefe de esa familia en esa época, y por entonces era como el Profeta en persona. Pero el maldito y sumamente corrupto califa usurpador, Iazíd, un borracho, lujurioso, quería eliminarlos cualquiera fuera la consecuencia.

            En cierta oportunidad el Imam (BP), como justificativo de su negativa y reivindicando su derecho, expresó lo siguiente: “¡Gentes! en verdad que el Mensajero de Allah (BPDyC) expresó: ‘Quien vea un gobernante injusto, que transgrede las normas de Allah, que rompe el pacto o compromiso con Allah, que contradice la práctica (Súnnah) del Mensajero de Allah (BPDyC), que practica con los siervos de Allah la maldad y violencia, y el despojo, y el siervo que ve esto no se le opone ni de hecho ni de palabra, es debido a Allah que le otorgue el mismo castigo que al tirano’. ¿Es que éstos [los omeyas] no han acatado la obediencia a Satanás y abandonado la obediencia a Allah? Propagan la corrupción y anulan las disposiciones de Allah, acaparan los ingresos del Islam, permiten lo prohibido por Allah, y prohíben lo permitido por Él. Yo soy más merecedor que otros de gobernar a los musulmanes, y vuestras cartas [gente de Kúfa ] me han llegado para ello, y vuestros emisarios me entrevistaron con vuestro juramento de fidelidad (ba`iah), de que vosotros no me entregaréis al enemigo, ni me haréis fracasar. Si es que vosotros mantenéis vuestro juramente, lograréis el bien, pues yo soy Al-Husáin Ibn Alí Ibn Abi Tálib e Ibn Fátimah, la Resplandeciente (Az-Zahrá), la hija del Mensajero de Allah (BPDyC). Mi alma se alía a la vuestra, y mi familia a la ustedes, y tendréis en mí un ejemplo. Pero si no cumplís, y rompéis vuestro pacto conmigo, y renunciáis a vuestro juramento de fidelidad, ¡por mi vida que ello no será por vuestra astucia!: Lo habéis hecho con mi padre, mi hermano y mi primo paterno, Múslim Ibn Aqíl. ¡Es ciertamente un iluso el que se ilusiona con vosotros! Pero vosotros, en tal caso, habríais desconocido vuestro bien y perdido vuestro logro. Y el que traiciona se traiciona a sí mismo, y Allah es Autosuficiente a vuestro respecto”.

            Estaba claro para el Imam (BP) que la gente de Kúfa  lo traicionaría, pero también estaba claro de que él debía hacer lo que estaba haciendo, no había salida, y su destino estaba ya fijado desde el momento de su nacimiento. Nadie debe pensar que porque Al-Husáin (BP) es “el Señor de los mártires” Allah lo obligó a ello. Simplemente Allah Exaltado estableció la función, la categoría de “Señor de los mártires”, una categoría metafísica elevadísima, y asignó esa categoría exclusivamente para Muhammad y su Descendencia, y en la Descendencia de Muhammad (BPDyC) estableció esa categoría en Al-Husáin Ibn Alí Ibn Abi Tálib (BP). Pero Allah no obliga a ello. Y si era su Voluntad que Al-Husáin fuera el Señor de los mártires, la ‘ismah, la impecabilidad del Imam (P), no le permitía contrariar la Voluntad de Allah, la debía asumir gustosamente. Allah lo destinó y él lo asumió voluntariamente, porque obedecía como su abuelo el Profeta (BPDyC), como su padre Alí (P), completamente a Allah Exaltado: “¿Y quién más siervo que yo?” expresó Muhammad (BPDyC).

            El Sagrado Corán advierte a los musulmanes: Di [Profeta]: “No os pido ninguna remuneración por ello [por el Mensaje del Sagrado Corán], sólo el amor a mis allegados [su Descendencia]”. Vino cierta vez un  beduino y pidió al Profeta (BPDyC): “Muhammad, expone para mí el Islam”. Respondió (BPDyC): “Es que testimonies que no hay Divino sino Allah, solo, sin asociados, y que Muhammad es Su siervo y Mensajero”. Preguntó el beduino: “¿Me pedirás alguna remuneración por ello?”. Respondió el Profeta (BPDyC): “No, excepto el amor a los allegados [parientes]”. Preguntó el beduino: “¿Mis allegados o los tuyos?”. Respondió (BPDyC): “Los míos”. Exclamó el beduino: “Ven que te presto la bai`ah, y sobre el que no te ame, ni ame a tus parientes, sea la maldición de Allah”. Respondió el Profeta (BPDyC): “Amen”.

            Este era Al-Husáin, de quien el Profeta (BPDyC) dijo: “Al-Husáin es una parte mía y yo soy una parte de Al-Husáin. Allah ama a quien ama a Al-Husáin. Husáin es un clan sagrado de las tribus”. Es decir, equivalente a una tribu, pues de él descienden los shurafá’, la nobleza del Islam, equivalente a las tribus de Israel. Y en cierta ocasión venía el Profeta (BPDyC) llevando en sus hombros a Al-Husáin y diciendo: “¡Allahúmma! yo lo amo, ¡ámalo Tú!”. Y dijo en otra ocasión (BPDyC): “Quien me ama y ama a estos dos y a sus padres [es decir a Al-Hásan y Al-Husáin y a Alí y Fátimah] estará conmigo el Día de la Resurrección”.

            Este era Al-Husáin Ibn Alí Ibn Abi Tálib, quien cada vez que hacía el uudú se estremecía, y variaba el color de su rostro, temblaba, igual que su hijo Alí Záin Al-Abidín (P). Le preguntaron por qué sucedía esto, y él contestó: “¿Acaso no sabes ante Quién me debo presentar?”. Dijo el Imam Al-Husáin: “¡Allahúmma!, ¡provéeme el anhelo del más allá, hasta que reconozca esto en mi corazón debido a mi desapego del mundo! ¡Allahúmma! ¡provéeme la visión del más allá, para que pueda rogar anhelante el bien, y huir de las maldades por temor! ¡oh Señor!”

            Cuando lo masacraron vino una tribu cercana al lugar y realizó el sepelio de todos los caídos, casi todos ellos de la familia del Profeta (BPDyC). Y vieron en la espalda de Al-Husáin Ibn Alí (BP) una marca muy notable. Allí estaba su hijo Záin Al-Abidín (P), quien se había salvado de la matanza por estar enfermo, sin participar de la lucha, y cuando llegaron hasta él para asesinarlo, Záinab, su tía, se interpuso diciendo: “¿Acaso también matáis a los enfermos, así como matasteis a los niños?”. Entonces se apartaron. Allah lo protegió porque iba a ser el Imam designado a continuación. Le preguntaron a Zain Al-Abidín (P) qué era aquella marca en la espalda de su padre, y él respondió: “Esto se debe a que transportaba bolsas sobre su espalda a los domicilios de las viudas, los huérfanos y los indigentes”.

            Allah, Su Profeta (BPDyC) y los creyentes no son derrotados, aunque lo parezca. Las derrotas que sufren los Profetas (P) y los creyentes son en definitiva victorias, porque a la larga se imponen a pesar de su derrota, y a causa de ella misma. Así Al-Husáin Ibn Alí, con él sean la bendición y la Paz, se impuso a la larga debido al sacrificio de su persona, de su familia, y de aquellos que se aliaron a él renunciando a la tropa enemiga. Estos abandonaron las filas enemigas, sabiendo que iban a morir junto al Imam (P), como lo hizo Al-Hurr, “el libre”, que fuera el primer comandante de las tropas que desviaron a Al-Husáin y lo aislaron en Karbaláh. Con el paso de los días le fue ordenado terminantemente matar a  Al-Husáin, o bien abandonar la comandancia, y él prefirió abandonar la comandancia, porque no se atrevía a levantar la espada y derramar la sangre de los hijos del Profeta (BPDyC). Y dos días antes del décimo, cuando veía que los sitiados se estaban muriendo de sed, y observaba la maldad de aquella tropa de la que participaba, y se le hizo evidente su propia maldad, se arrepintió ante Allah y fue al campamento del Imam (P) y proclamó que se adhería a él. El Imam (P) le contestó: “Tu madre te ha puesto Hurr (libre), y tú eres realmente libre”. Y cuando fue muerto Al-Hurr lo tomó el Imam (P) entre sus brazos mientras sangraba, y le apoyó la cabeza contra su pecho. Pero Al-Hurr alejaba su cabeza del pecho del Imam (P) y la apoyaba en el suelo, y esto sucedió dos o tres veces. No quería mirar al Imam (P) ni en ese momento de su muerte, ni nunca lo miró a los ojos estando de su parte, porque tenía vergüenza del Imam (P), de cómo había procedido con él. Al-Hurr muriendo no quería que el Imam (P) le tuviera la cabeza en alto, quería humillarse de vergüenza. Muchas cosas extraordinarias por el estilo sucedieron ese día. (Sobre Al-Hurr ver el artículo siguiente).

             Debemos recordar que Al-Husáin (P) está vinculado íntimamente con el Imam Al-Mahdí (BP), pues su sacrificio es un antecedente de la venida del Imam (BP), un precedente de la Victoria de Allah sobre la tierra. Ese día, el 10 de Muharram, se llama “el día del colmo”, “de la calamidad”, porque se produjo el colmo, la calamidad más grande. No interesa cuánta gente antes murió injustamente a manos de los tiranos, de los opresores, de los malvados, de los malhechores, ese día mataron a quien representaba en persona al Mensajero de Allah (BPDyC), que es la máxima criatura de Allah. Es como si hubiesen matado al Mensajero en persona. Ese día se estremecieron los cielos y la tierra,  la maldad había llegado al colmo, el crimen de Satanás había desbordado. Y aunque hayan pasado muchos siglos, en ese momento quedó sellada la Victoria de Allah, y el lazo entre Al-Husáin y Al-Mahdí, con ambos sea la Paz, como si fueran una sola persona en dos etapas.

            La Victoria de Allah está simbolizada por Al-Husáin Ibn Alí Ibn Abi Tálib (P), cuya sangre permitió la perdurabilidad del Islam, pues nosotros somos hoy musulmanes, y el Din de Allah ha sobrevivido hasta hoy, y el Sagrado Corán no ha sido alterado, y los opresores se han condenado a sí mismos con esos crímenes, y la Ummah del Islam ha testimoniado que el Profeta de Allah (BPDyC) entrega a su familia al sacrificio para la vida del Islam y de los musulmanes, todo ello gracias a Al-Husáin (P). De este modo quedó sellado el pacto con Allah, la promesa de Allah de la Victoria final, y fue asignado el Imam Al-Mahdí (P) como el Vengador de la sangre de Al-Husáin. La venganza de Allah es establecer la Paz, la Justicia y la Verdad en el mundo.

            He aquí una anécdota: Un medio hermano de Al-Husáin, llamado Al-Abbas,  hijo de Alí y de Ummul Al-Banín, una de las esposas de Alí, apodado “la luna llena de Bani Háshim” por su belleza, fue el último que murió antes de su  hermano. Nunca se atrevió a llamar “hermano” al Imam (P), sino que lo llamaba mi señor (maulai). Fue asesinado cuando iba a traer agua, incursionando entre los enemigos, haciendo gran desparramo. Y cuando llegó hasta el agua, cargó una vasija para los niños, las mujeres, y para su señor. Nadie se atrevía a enfrentarlo directamente, le tiraban flechas desde lejos, y cuando lo vieron caído se acercaron a él y le cortaron primero la mano derecha, tomó la vasija con la izquierda, después la izquierda, tomó la vasija con los muñones, y siguió caminando siendo herido por todos lados, hasta que no pudo más, se desangró y cayó al suelo. Entonces fue la única vez que llamó al Imam “hermano mío”, y murió.

            Luego vinieron los perversos y rodearon al Imam (P), que ya había estado en la tienda de las mujeres arengándolas para que sean fuertes, para que no se dejen vencer por los malvados, para que sostengan el Din del Islam, quien salió vestido con la capa del Profeta, acicalado con el perfume del Profeta (BPDyC), en su mano derecha la espada y en la mano izquierda el Sagrado Corán. Fue lanceado, pisado por los caballos, despedazado. Y finalmente un maldito le cortó la cabeza como había pedido Iazíd. A ese maldito le había sido prometido por cometer ese acto sacrílego ser gobernador de una ciudad. Entonces puso la cabeza en una pica, y volvió así a Damasco.  Cuando entró a lo de su esposa y le dijo: “Te traigo las riquezas más grandes de la tierra”, refiriéndose a haber conseguido ser gobernador, pero cuando la mujer vio lo que traía le dijo: “¡Maldito! ¡Me has traído la maldición de este mundo y del otro! ¡Nunca más dormiré bajo un mismo techo contigo!”. Y el maldito puso la cabeza en el patio de su casa, y se fue a dormir. Pero su esposa durmió junto a la cabeza, y contempló cómo un rayo de luz descendía del cielo durante toda la noche sobre la cabeza de Al-Husáin (P), y cómo pájaros blancos y verdes la rodeaban volando a su alrededor, como se circunvala la Ka`bah. Eran los ángeles.

            Los ojos que lloran por la muerte de Al-Husáin no pueden penetrar en el Fuego infernal, el alma que llora por Al-Husáin no entra en el fuego. Le está prometido sin duda, inevitablemente, el Paraíso. Inclusive, tratar de llorar por él, esforzarse por eso, es meritorio. Los Imames (P) lloraban por Al-Husáin Ibn Alí Ibn Abi Tálib (BP), y cuenta Alí Al-Rida (P) que su padre Musa Al-Kázhim (BP) no dejaba de llorar durante los diez días de Ashura, y al décimo intensificaba su llanto, su desconsuelo, pues es fue el día del martirio de Al-Husáin (BP).

Lo más importante es vincular a Al-Husáin (BP) con el Imam Al-Mahdí (P), pues ambos están vinculados de tal modo que el día de la muerte de Al-Mahdí (BP) vendrá Al-Husáin, lavará su cuerpo, le pondrá la mortaja, lo enterrará y rezará sobre él. Roguemos, siervos de Allah, ver al Imam Al-Husáin en la época de gloria.

            Todos los de los Profetas y justos que fueron oprimidos en la tierra van a tener su venganza gracias a la venganza de Al-Husáin (P), los despojados, los martirizados, los aplastados por el poder opresor, los que son expulsados de sus tierras,  a los que se les echa abajo sus casas, a los que se los despoja de sus bienes, los que son expulsados de sus aldeas, los millones de indígenas que fueron muertos en América, los miles y miles de musulmanes expulsados y muertos en España, que fueron obligados a abandonar su religión, los que son perseguidos, y a los que hoy se les queman sus casas, los palestinos los iraqueses, los chechenios, los oprimidos de todo el mundo. Todos, sean o no musulmanes, que han sido injustamente muertos, van a tener su venganza el día en que Allah vengue todo mal gracias a la venganza de la sangre de Al-Husáin (BP), a manos de Al-Mahdí (BP). Quien no sepa que Al-Mahdí tiene como principal función la venganza de Al-Husáin, que es la venganza de toda opresión e injusticia sobre la tierra, no sabe para qué viene este Imam (BP).

            Roguemos a Allah para que ponga en nuestros corazones el amor a Al-Husáin, y el lamento, el llanto, el desconsuelo por lo que sucedió el día de la calamidad, del colmo, iaumu al-taff, como se lo llama en árabe. Ua –l-Hámdu lil-Lahi Rabbil Alamin ua bihi nastain...

 

 

HISTORIA DE AL- HURR

            

 Si Al-Hurr nos contara su martirio nos diría:

 “Mi nombre es Al-Hurr. Fui hijo de una buena madre, firme creyente, que tuvo la desgracia de casarse con un hombre de corazón enfermo e ignorante, mi padre, al cual solo le interesaba el dinero y la posición del mundo. Desde pequeño mi padre me separo de mi madre, argumentando que era ella una mala influencia para mí. Recuerdo las tardes de niño en su compañía, ella me enseñaba el Din de Allah y la vida piadosa, todo lo cual escandalizaba a mi padre, ya que tenía la intención de hacer fortuna con su hijo. Pronto fui mandado lejos, a estudiar la vida militar, y nunca más volví a ver a mi madre, quien, luego tuve noticia, murió tiempo después de mi partida. Durante mi juventud fui perdiendo todo rasgo de lo que ella me había enseñado, y ¡Allah me disculpe! Me dedique a la vida mundanal, haciendo rápidamente carrera dentro del ejército.

La vida en los campos de batalla no era fácil, se necesitaba tener un temperamento fuerte y voluntad de hierro. Y los campos de batalla eran sin duda la parte sencilla de esta carrera, ya que esto se complementaba con la vida en la corte, y un militar que no tuviera una buena relación con el califa y su gente, no veía concretados sus anhelos. Esto me llevo a pasar largas noches en reuniones vanas, de esas en que los ángeles escapan y Satanás festeja la estupidez del hombre. ¡Allah sea Misericordioso conmigo! Si las recuerdo siento mayor tristeza y dolor por esas reuniones que por las imágenes que llevo conmigo de las contiendas en las que he participado. Pero soy hombre y por lo tanto ignorante, y en ese momento me felicitaba a mi mismo por entrar en contacto con los de poder y asegurar así mi porvenir. Y si se hablaba de política movía mi cabeza como un burro, asistiendo a lo que estos hombres decían y si el tema era nuestra religión ponía rostro serio y aparentaba escuchar con respeto, aunque sabía que quienes hablaban estaban lejos de ser ejemplo de algo, pero solo tenía en mente ascender en mi posición. Y fue así que se me fue otorgando cada vez mayor responsabilidades y más hombres a mi cargo.

 Era común entre los poderosos insultar al Imam Ali, con el sea la Bendición y la Paz. Podían estar hablando de los temas más disímiles que siempre terminaban maldiciéndolo, y hasta componían poemas y canciones con calumnias de ese tipo, Allah los maldiga. Y si me lamento de haber estado presente en esas reuniones y de no haberles cortado la garganta a esos hombres con mi espada, agradezco a Allah que no haya salido jamás de mi boca insulto alguno al Imam, Allah lo bendiga, pues si lo hubiera hecho no estaría aquí, y si no lo hice no fue por conocimiento o sensatez, sino porque era el Imam muy querido por mi madre, y ella siempre pedía por él en sus oraciones, y como aún recordaba este gesto de ella, me sentía impedido a actuar como esos hombres ¡la Alabanza sea para Allah! Sin duda que El guía a quien El quiere.

            Y así me convertí en uno de los hombres fuertes del ejército. Y eso me llevo a participar de ese bendito día, el día que cambio mi vida, y la vida de toda la humanidad. Comenzó todo con el pedido del califa, ¡que hombre tan desagradable! ¡Si lo hubieras visto! Su cuerpo voluminoso, su vista perdida por los abusos, sus movimientos amanerados ¡y cuanta soberbia! ¡Cuánto mal trato a quienes lo atendían! Su nombre no merece ser nombrado en este lugar, pero sabes de quien hablo, ¡que mal destino tuvo! Y hete aquí que este hombre me pidió que me dirigiera a Kúfa e interceptase la caravana del Imam Husáin, del cual casi nada conocía, pero si sabía que era hijo de Ali y Fátima, y nieto del Profeta, y que era temido por los poderosos y el califa, ya que el pueblo lo quería y veía en él un digno heredero de su abuelo, con ellos sea la Bendición y la Paz. No era yo en ese momento hombre religioso, como ya dije, solo hacía Salat en publico como una formalidad y festejaba el mes de Ramadán con banquetes donde abundaba lo prohibido ¡cuan Misericordioso es mi Señor al haber perdonado mis faltas! Pero sin embargo sentí en el momento de recibir la noticia, un nudo en mi estomago que duro días. Por más que intentaba convencerme, algo me decía que no era correcto ir con las armas contra ese hombre que llevaba la misma sangre que el Mensajero de Allah. Sin embargo todos me felicitaban y mis colegas me envidiaban, ya que decían que de esa manera entraría en la historia y mi posición sería aún mayor ¡cuan equivocados estaban! Solo consiguieron un lugar en el fuego quienes salieron junto a mí. Y así partí, ovacionado por estos hombres malignos, y consumido por una angustia interior que crecía día a día.

La primera noche que acampamos tuve un sueño sumamente extraño. Estaba en un jardín muy hermoso repleto de plantas y flores, y mi atención estaba fija en un girasol que se encontraba en la oscuridad, lánguido y marchito. De repente un rayo de sol vino del cielo, y el girasol se torno en busca de la luz, y cuando ésta se poso en él, rejuveneció y se revitalizó, y la luz se movió, y el girasol se movió siguiéndola, y así varias veces. En eso sentí la presencia de un hombre, y note que a mi lado estaba el jardinero, que miraba con amor su jardín. Y el jardinero me dijo “¡Qué extraordinaria es ésta flor! Sabe reconocer lo que es bueno para ella, y se aparta de la oscuridad para dirigirse hacia la luz ¿tu serías capaz de hacer algo así?”

No era en sí un sueño extraordinario, pero hubo algo en él que hizo que no lo pudiese olvidar y durante el resto del día volvía a mí la sensación del sueño, una sensación de paz y sabiduría, y me invadía el anhelo de encontrarme en ese lugar, junto a ese sabio jardinero y simplemente escucharlo hablar.

Sin embargo la vida militar estaba lejos de parecerse a ese sueño. Llego el momento del encuentro con el Imam y sus hombres. Repartí mi ejercito a lo largo del terreno y desviamos al Imam hasta formar un cerco a su alrededor en Karbalá. Mis hombres estaban contentos por el poco número de acompañantes que tenía el Imam. No solo eran pocos, sino que además la mayoría eran mujeres y niños de su familia. Seguramente se rendirían rápidamente, y sino, la contienda sería breve. ¡Si supieran los hombres que se alegraban que la creación entera, toda la humanidad justa de todas las épocas, y los ángeles, estaban del lado del Imam en ese momento! Pero el ser humano es sin duda un necio.

En la segunda noche de campaña me encontré en el mismo sueño que en la anterior. Me hallaba en el hermoso jardín, atravesándolo junto al amable jardinero. Esta vez me señalaba un árbol y me preguntaba “¿cuál es la razón de que el árbol de frutos?” “Para que sirvan de alimento” respondí. “Pero el árbol no se alimenta de sus propios frutos. Si no les sirven de alimento a él ¿para que los da?” medite sin hallar una respuesta para esta pregunta y luego el jardinero agrego “pues esa es su función, y si no hubiera frutos no habría árboles ¿tu serías capaz de cumplir tu función?”.

Durante el día me dedique junto a mis hombres a ver la reacción del Husáin y su gente al descubrir que estaban rodeados. Sin embargo, y contra todo pronóstico, su reacción fue tranquila, como si esperara nuestro encuentro. Vimos desde lejos como el Imam acomodaba a su gente para pasar el sitio de la mejor manera, y luego él y quienes lo acompañaban se dedicaron a cumplir sus Salat e invocaron el nombre del Señor de los seres por largo tiempo, sin preocuparse por nada más. Realmente esta imagen trastornó mi corazón, ya que había conocido a muchos hombres valientes e incluso yo mismo no era de temer a la muerte, pero en estos hombres su falta de temor no era inconciencia como lo era en mí, sino que brillaba en sus ojos algo distinto, una certeza que nunca antes había visto. Mandamos a un hombre con un mensaje para el Imam, donde lo presionábamos a que diese su juramento al califa, si él y su gente querían salvar la vida.

Esa noche me hallé nuevamente en el jardín y vi en una pradera al jardinero jugando con dos niños pequeños. Me acerque y los salude, uno de los niños era llamativamente hermoso y me saludó con una gran sonrisa. Al ver al otro, sentí por él un amor inmenso. Primero me miro muy serio y luego sonrió levemente, y por un momento cambiamos de lugar, y fui yo el niño y él el adulto.

Al día siguiente fui en persona a buscar la respuesta del Imam y por primera vez nos vimos cara a cara. Impostando, puse mi voz grave, lo saludé, bendije a su abuelo, con el sea la Bendición y la Paz, y hable sobre las muchas virtudes del califa, pidiendo que inmediatamente le jurará fidelidad. Por supuesto que todo esto me había sido ordenado, palabra por palabra. Cuando terminé el Imam me miró a los ojos y me sentí como un niño al cual su padre lo esta por retar. Me dijo “¿Como puedes pedirme que testimonie algo en lo que tú tampoco crees?”. Según lo que se me había enseñado, debí responder enojado ante semejante ofensa de que alguien dudara de mi fidelidad al califa, pero ni una palabra salió de mi boca. Yo sabía que lo que había dicho era verdad. Ante mi silencio el Imam me miró muy serio y luego sonrió levemente. Sin más y aturdido por la presencia de este hombre, di media vuelta y volvimos a mi campamento.   

Mis hombres empezaron a notar que el encuentro con el Imam me había afectado, ya que marchaba por el campamento nervioso. Como militar tuve que ordenar que cortaran el acceso al agua del Imam y su gente, y aunque había hecho esto mismo en muchas ocasiones anteriores, esta vez me producía un dolor inmenso, y sentía mi pecho como estrangulado, y como si todo el mundo se viniera sobre mi cabeza. Venían a mi mente la imagen de esos niños y de esas mujeres sin agua y sufría por ellos ¿pero por que tenía que preocuparme por quienes no tenían ningún lazo de parentesco conmigo?

Esa noche volví al Jardín y vi a una hermosa mujer que consolaba a otra que lloraba sobre su regazo. Y cuando la que lloraba levantó su cabeza pude ver que era mi madre. ¡Cuanta alegría de poder ver su rostro nuevamente! Me abalance sobre ella y bese sus pies y manos, pero ella, para mi horror, me apartó con fuerza, sin permitirme que me acercase. Dije “¡madre! ¡Por favor se tierna conmigo, que te he extrañado!” y ella respondió “¡como puedo ser tierna contigo cuando dejas sin agua a los niños de mi Señora!”. “¿y quien es tu señora?” dije. “¿Es que acaso no te has dado cuenta? ¿Tan ciego estás hijo mío?” Y entonces al ver a la mujer que ofrecía su hombro para que mi madre llorase, me di cuenta que era Fátima la Radiante y volví mi rostro a donde se encontraba el jardinero y tuve conocimiento de que era el Imam Ali y el niño hermoso que lo acompañaba no era otro que su hijo Hásan, y el otro niño, aquel que tanto amor provocaba en mi corazón, no era otro que el Imam Husáin, el mismo al que yo tenía intención de matar.

Me desperté empapado en mi propio sudor. Salí a medio vestir y deambule por el campamento como un loco. Esa tarde mis hombres intentaron animarme preparando carnes y cantando canciones, pero uno de ellos tuvo la desgraciada idea de entonar unas coplas con insultos sobre el Imam Ali y sus hijos. No era muy distinta que otras que tantas veces había escuchado, pero esta vez, sin casi ser consiente de lo que hacía, mi mano tomo mi espada y fue derecho hacía la garganta de este soldado ignorante, y me detuve justo a tiempo antes de acabar con su vida. El silencio reinó en el campamento y los soldados allí reunidos miraban atónitos sin dar crédito a lo que sus ojos testimoniaban. ¡Su comandante se había vuelto loco! ¡Peor aún, había defendido al Imam Ali! Me alejé de ellos retirándome en soledad.

Esa noche no tuve ningún sueño ya que no pude dormir. Me dediqué a observar los movimientos del Husáin y sus seguidores a la distancia. ¿Que era lo que ese hombre provocaba en mí? ¿Que me impedía tomarlo por enemigo? Y al mismo tiempo me preguntaba ¿debía ser fiel al califa, sabiendo que era un hombre perverso y maligno? ¿Hasta donde llegaba mi deseo de poder? ¿Debía dedicarme a forjar mi propia suerte, cerrando los ojos a las constantes injusticias que cometían los hombres por los que yo daba la vida? Sentía que era demasiada la presión para un hombre simple como yo, y esa noche, en lo más oscuro de ella, hice una oración en soledad, como desde niño no hacía, y rogué al Señor de los seres con toda la fuerza que había en mi corazón, y las lágrimas cayeron de mis ojos, y le pedí que me diera guía y que me librase de actuar equivocadamente.

Al día siguiente llegó un mensajero con la orden del califa : debido a que Husáin Ibn Ali se negaba a dar su juramento de fidelidad al califa , se me ordenaba como comandante del ejercito, atacarlo y matarlo junto a quien con él estuviera, incluido los niños y las mujeres que no se entregaran.

Inmediatamente fui a ver al Imam, pero estaba vez fui solo y le hable con sinceridad y sin poses. Lo encontré sentado sobre una roca, rodeado por hombres y mujeres que le escuchaban atentamente, en su mano tenía un Corán y estaba explicando un versículo del Libro. Me hizo un gesto de que lo esperase y concluyó tranquilamente sus palabras antes de venir a mi encuentro. Cuando lo tuve frente a mi, dije “ debe saber que se me ha dado la orden de ajusticiarlo junto a sus acompañantes y esto es contrario a mi corazón, le pido con toda mi alma que preste su juramento, luego podrá retractarse y explicar que solo lo hizo para salvar su vida.” El Imam me miró con tristeza y respondió “¿acaso te ha llegado noticia de que mi abuelo se haya postrado ante los ídolos para salvar su vida? ¿O que se haya hecho judío para no ser atacado por estos? ¿O cristiano para así conseguir de ellos protección? No me pidas lo que no es posible para mí.” Desesperado ante lo que se evidenciaba inevitable argumenté “hágalo entonces por quienes lo siguen”. El Imam se dirigió a quien se encontraban a su alrededor diciéndoles: “Doy libertad para que el que así lo quiera juré fidelidad al califa  y salve su vida, y los entenderé y no serán por esto menos queridos para mí.” Pero todos respondieron “¡jamás nos pondremos del lado de los opresores!, somos temerosos de nuestro Señor”. Volví a mi campamento con tristeza pero también con admiración por esos hombres y mujeres que eran capaces de ofrecer sus vidas antes de sumarse a la impiedad. ¿Por qué el mundo no estaba en manos de gente como ellos y no en poder de avariciosos que querían para sí todo y para el resto la pobreza y las migajas de lo que ellos dejaban? Quizás las cosas eran así por la gran mayoría de hombres como yo, demasiado cobardes para reaccionar contra la injusticia.

Esa noche volví a soñar con el jardín. Al principio me encontraba solo, sentado sobre el césped, rodeado de flores y bajo un cielo azul profundo. En eso aparecía el jardinero, que ahora sabía que era el Imam Ali, y se sentaba a mi lado. De repente me daba cuenta que me había puesto a llorar sin notarlo, y el Imam secaba las lagrimas de mis ojos con su mano. Yo lo miraba a los ojos y le decía “tengo miedo” y él me respondía “¡Al-Hurr! Decidas lo que decidas, ten siempre en claro que eres una buen hombre, rechaza a los que te quieren convencer de lo contrario porque la Realidad es esta: Tu, Al-Hurr, eres un buen hombre.”

Esa misma noche abandoné la comandancia de mi ejército. Sin dudarlo, junté mis cosas y una cuantas armas, y me dirigí hacia el campamento del Imam Husáin. Estaba cansado de actuar como un cobarde, y quería actuar como un hombre aunque fuese una vez en la vida. Cuando llegué se me indicó una carpa en donde se encontraba el Imam. Me dirigí a ella y cuando entre, para mi asombro, encontré un bello jardín, tan hermoso como el de mis sueños, y vi al Imam Husáin sentado bajo la sombra de un impactante árbol de enormes raíces, y las ramas de este árbol se alzaban al cielo, y los pájaros verdes y blancos volaban a su alrededor, y un arroyo de agua cristalina corría bajo los pies del Imam. Caí de rodillas maravillado, sin poder alzar mi vista ante tal espectáculo, y dije “¡Oh señor mío! ¡Por favor acéptame entre tus seguidores e intercede por mi ante Allah Ta´ála para que perdone mis faltas!” me respondió el Imam “¡Al-Hurr! Tu madre te ha llamado “el libre” y sin duda eres libre”. Luego extendió su mano y yo la bese, y le di mi fidelidad como mi maestro, mi califa  y mi guía. Luego me aconsejó que fuese a descansar y abandoné la carpa saludándolo afectuosamente. Pero apenas salí de ese lugar, Satanás el Maldito quiso tentarme y me susurro que había caído victima de un embrujo, y que si volvía a entrar en la carpa testimoniaría el engaño. Y entonces entre repentinamente en lo del Imam, sin anunciarme, y no encontré la maravillosa visión que minutos antes había presenciado, sino que me encontré en una muy humilde carpa, sin ninguna comunidad, y al Imam sentado en la tierra, y entonces dije: “¿donde están las maravillas que antes contemplé? ¿Acaso me has engañado con una ilusión?” A lo que el Imam me respondió “nada ha cambiado en este lugar desde que has salido, pero quizás algo ha cambiado en tu corazón”. Y reconocí en sus palabras la verdad y caí nuevamente postrado y le di nuevamente mi fidelidad, y el Imam me dijo “¡descansa Al-Hurr! Has dado dos testimonios, y este es más valioso que el primero.” Y nuevamente la carpa volvió a transformarse en el lugar paradisíaco.

Esa noche volví a soñar con el jardín. Y estaba el Imam Ali, y Fátima, y Al-Hásan y Al-Husein. Y también estaba mi madre, quien reía dichosa, mientras me besaba y abrazaba. Y juntos comimos una deliciosa comida, y el Imam Ali sonrió y apoyo su mano en mi hombro con cariño. Y fue ese el sueño más feliz que tuve en mi vida.

Durante el día me dedique a preparar a los hombres del Imam para el encuentro. A la tarde vimos que un grupo de hombres se acercaba a nosotros. Nos preparamos para luchar pero para nuestra alegría, se trataba de seis hombres de los que antes luchaban conmigo que, al enterarse de mi decisión, había encontrado en sí mismos el mismo impulso y habían venido a ofrecer sus vidas junto a las nuestras. ¡La Alabanza sea para Allah, quien ha dispuesto creyentes firmes en todas las épocas y en todos los lugares!

Esa noche el Imam nos junto a todos y disertó para nosotros. No podría repetir ni una de sus palabras sin ser injusto con ellas, pero puedo decir que mis oídos fueron deleitados con la más fina de las músicas, la de la sabiduría, y las horas pasaron mientras todos nosotros escuchábamos fascinados como niños, y hubiese querido que esa noche no terminase jamás.

Al día siguiente comenzó el ataque. Los hombres hicimos un cerco alrededor del Imam, y vimos como el enorme ejército de más de 6.000 hombres que antes respondía a mis órdenes se aproximaba a nosotros, que no llegábamos a cien. Sin embargo, cuando la batalla estaba a minutos de comenzar, algo se abrió en mis ojos, y pude contemplar que estábamos rodeados por un ejercito de ángeles de número superior al millón. Me dirigí a Al-Husáin diciendo “¡Esta es una ayuda extraordinaria de Allah Ta´ála, que quiere vernos vencedores!” pero el Imam me corrigió diciéndome “estos que tú ves no van a luchar, nuestro Señor los ha mandado como testigos, para que confirmen la grandeza de este día, pero en algo tienes razón al-Hurr: sin duda seremos los vencedores”.

Y cuando llego el momento de combatir, una fuerza inmensa se apodero de mí, y combatí como nunca antes lo había hecho, y a cada golpe que daba, los hombres caían a mí alrededor, y mi fuerza era superior a sesenta de ellos o más. Y vi al Imam Ali combatiendo a mi lado, con una fuerza extraordinaria, y con él, ángeles y seres maravillosos. Y la sangre corría por mi cuerpo debido a las heridas, pero no sentía dolor alguno, al contrario, me invadía el jubilo y la Paz.

Y en un momento las heridas fueron tantas que mi cuerpo cayó al suelo, aunque mi espíritu aún tenía fuerzas. Y el Imam tomó mi cabeza con sus manos y la apoyó en sus pecho, y supe que la muerte estaba cerca y no quise mirarlo a los ojos, avergonzado por los muchos errores cometidos en mi vida, y por haber tenido una mala intención contra aquel hombre que representaba todo lo bueno que había conocido en el mundo. Pero el Imam me dijo “No temas Al-Hurr y no me mires a mí, pero mira quien ha venido a tu encuentro”. Y alce mi rostro y todo a mi alrededor había desaparecido, no había ya hombres combatiendo, solo nos encontrábamos el Imam y yo, y a lo lejos, un hombre venía caminando hacia nosotros. ¡Era el Mensajero de Allah Muhammad! Volví a esconder mi rostro en el pecho del Imam y le dije “¡Oh! ¡Guía! Se acerca mi muerte y tengo miedo, pues no soy digno de la presencia del Profeta, ¿cómo puedo ser digno de su intercesión? ¿Cómo puedo presentarme ante él sin Salat? ¿Cómo puedo presentarme ante él sin ayunos? ¿Cómo puedo presentarme ante él sin saber nada del Libro? ¿Cómo puedo presentarme ante él con todas las faltas que he cometido? ¡Oh, guía! Solamente una cosa tengo que me enorgullece y es haberte conocido a ti, y solamente un día en mi vida ha tenido sentido, y ese día es éste, y los demás pueden ser borrados porque no hay en ellos más que ignorancia y descuido, y desgracia para mí, y no tengo otra patria que ésta de Karbalá, y no he tenido otra posesión más que este abrazo que tú me estas dando, y si hubo algo bueno en mí, tú lo has descubierto y has dado Realidad a una vida que ha sido vana. ¿Cómo puedo entonces, presentarme a la más digna de las criaturas cuando en toda mi vida solo un día he estado en el bien y todo el resto del tiempo he estado en el error?” y el Imam me respondió “¡Al-Hurr! No hubo para ti otro día que este día, y no hubo para ti otra acción que la que hoy realizaste, y no has seguido otra guía que la que yo te he ofrecido, y has nacido en Karbalá y abandonas este mundo en Karbalá, y te presentas ante el Profeta siendo amado por mí y siendo amado por él, y te espera de parte de Allah Ta´ála una recompensa extraordinaria ya que eres de Sus siervos creyentes, aquellos que dan testimonio de que no hay Divino sino Él con sus vidas. Muchos son los hombres que gustarían presentarse a la muerte como tú te presentas.”

Y abrí los ojos y Muhammad, con él sea la Bendición y la Paz, estaba frente a mí y me ofreció su mano y yo la tome como un niño pequeño. Y la última imagen que vi antes de abandonar el mundo, fue la del Imam Al-Husain con una espada en su mano y el Corán en la otra, luchando con fuerzas, y vi cuando las armas atravesaron su cuerpo, y sus ojos se posaron en los míos y me sonrió, y aunque sus labios no se movieron, lo escuche decir: “¡Al-Hurr! ¡Sin duda hoy hemos sido los vencedores!”

Esta es mi historia. Y doy testimonio de que la recompensa de Allah Ta´ála es excelentísima, por encima de toda medida, y que el Señor de los seres es Misericordiosísimo y perdona al hombre de todas sus faltas. ¡Glorificado sea Allah! ¡Y su Bendición sea con los mártires de todas las épocas y todos los lugares!”   

 

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