


DESCRIPCIONES DEL PROFETA (BPDyC)
Entre las descripciones están
éstas: 1º) Era de brazos largos; de espaldas anchas; 2º) su cabellera no era
escasa pero tampoco excesivamente abundante; 3º) sus canas eran de cerca de
veinte cabellos; 4º) era vigoroso de cabeza, manos y pies; 5º) era fuerte de
cabeza, de barba imponente; 6º) era de sudor abundante; 7º) de mucho pelo en la
barba; 8º) su rostro era (resplandeciente) como el sol y la luna, y era redondo;
9º) era blanco, como joyas de plata, de pelo ondulado; 10º) era blanco matizado
de rojo (o de rosado), de cabeza fuerte... de largas pestañas; 11º) era de ojos
negros; 12º) era blanco, hermoso, de mediana complexión.
COMENTARIO
De lo más importante sobre la fisonomía del Profeta (BPDyC) es que tenía
un sello entre sus dos hombros, del tamaño de un huevo de paloma, similar al
resto de su cuerpo en color y textura. Es decir era algo visible, sin ser una
protuberancia, ni cambiar de color o de textura la piel, nada anormal, sino algo
visible como el sello de agua de un papel.
Su estatura no era excesivamente alta ni baja. Su
color de piel era blanco reluciente. Tenía mucho pelo en la barba, pero en
general no era enrulada, sino ondulada. Tenía (BPDyC) muy pocas canas, y su
rostro era redondeado. Su cabellera llegaba hasta los lóbulos de la oreja y se
topaba con los hombros. Su cabeza era vigorosa, es decir gruesa, al igual que
sus pies y sus manos. Sus palmas, sin embargo eran amplias. La complexión ósea,
el tronco del Profeta (BPDyC), era amplia, las espaldas anchas. El mejor color
con que lo vieron fue el rojo. Su boca era amplia, ojos rasgados, de color
negro, piernas finas. Las canas solamente se le notaban en los pelos que nacían
de su barba a partir del labio inferior, y en las sienes su cabellera no era
abundante, aunque tampoco era escasa. Caminaba balanceándose, y la textura de su
piel era sumamente fina. Se dice en diversas tradiciones que nunca nadie tocó
una seda o un raso más terso que la palma de la mano del Profeta (BPDyC).
También su aroma era más exquisito que el almizcle y el ámbar, los mejores
perfumes de esa época. Sus pestañas eran largas.
LA VISIÓN DEL PROFETA (BPDyC) EN LOS
SUEÑOS
Las descripciones físicas del Profeta (BPDyC) son corroboradas por
la visión del Profeta (BPDyC) en sueños. Hay determinados tradiciones que se
refieren a esto: "El que me ve en sueños me ha visto ciertamente, porque Satanás
no adopta mi figura". En primer lugar, ver al Profeta (BPDyC) en sueños
constituye una verdadera gracia. Y cuando esto sucede no se debe dudar de esa
visión, pues sería dudar de la merced que Allah nos ha otorgado. Además, esos
sueños presentan características extraordinarias que garantizan su veracidad,
condiciones externas, y también ciertas condiciones internas del sueño que
avalan la visión. Las condiciones externas se corresponden al esfuerzo de
purificación y el buen proceder del que tiene esa gracia, y aumenta con los
conocimientos espirituales que se adquieren en la vigilia. Las condiciones
internas del sueño veraz en que se ve al Profeta (BPDyC) son ciertos rasgos
especiales que aseguran la veracidad del sueño. Se puede observar algo del
Profeta (BPDyC) que antes no se conocía, y verificarlo después a través de las
tradiciones, como por ejemplo cierta vestimenta, la manera de caminar, etc. Por
eso es importante conocer los tradiciones para certificar la veracidad del
sueño.
Dice una tradición que Satanás el maldito nunca
puede adoptar la figura del Profeta (BPDyC), y el Sagrado Corán expresa: ¡Por
la estrella cuando se oculta!: Vuestro conocido [Muhammad] no erró ni se
confundió, ni profiere nada por pasión. Ello es solamente una Revelación que se
le desvela, que le enseñó el de la Fuerza ingente [Gabriel], en su forma
primordial, y así se manifestó, estando en el horizonte elevado [oriente]. Y
luego se aproximó, y cernió [al Profeta], que estuvo a un arco de Él [de
Allah], o aún más cerca. Y Él le reveló a Su siervo lo que le fue revelado
(53:1-10). La frase ni profiere nada por pasión no hace restricción
alguna, tanto en la vigilia como en el sueño, porque sabemos que el Mensaje de
Allah y las palabras del Mensajero Muhammad (BPDyC) son totalmente ciertas en
toda circunstancia. Si él comunica algo en el sueño, es como si lo comunicara en
la vigilia. La sura de José, con él sea la Paz, tampoco hace distingo entre la
veracidad del sueño y la de la vigilia.
SOBRE EL BUEN CARÁCTER Y LA DISCIPLINA DEL ALMA A TRAVÉS DE LA EDUCACIÓN
En resumen, todo aquello que esté ya completo, estará exento de ser producido o completado. Ello, hasta que se encuentre un ser imperfecto y se le imponga cierta fuerza para que acepte la perfección, después de haber encontrado su condición, en tanto que dicha condición está vinculada a la decisión u opción del siervo. Por cierto que el carozo de dátil no es una semilla de manzana, ni todavía una palmera, sino que se le impuso [como condición] cierta modalidad por la cual es posible que llegue a ser una palmera, si se agrega a la tierra. Pero no será nunca una manzana, ni aún con tierra. Por lo tanto, el carozo de dátil depende de la decisión u opción para que reciba cierto estado, en lugar de otro.
Así también son la ira y el deseo. Si deseamos extirparlos y reducirlos por completo, de modo que no reste de ellos ningún rastro, no podremos hacerlo en absoluto. Pero si deseamos su docilidad y su gobierno, podremos hacerlo por medio de la disciplina y el esfuerzo. Además, hemos sido ordenados hacerlo así, y ello se constituyó en la causa de nuestra salvación y de nuestra encuentro con Allah, exaltado sea. Es cierto, sin embargo, que las naturalezas son distintas, algunas son rápidas en asimilar [cambios] y otras son lentas.
La meta del esfuerzo no es erradicar por completo estas cualidades [como la ira y el deseo] y borrarlas. ¡Lejos de eso! Porque realmente el deseo fue creado por una utilidad, y es necesario en la naturaleza humana. Si el deseo de procreación fuera extirpado, se terminaría con la generación. Y si fuera extirpada la ira totalmente el hombre no podría rechazar de sí aquello que lo extingue, y quedaría liquidado. Y en tanto perdure la raíz del deseo, perdurará entonces, indefectiblemente, el apego a la riqueza, que produce deseo hasta que ello nos impulsa a apropiarnos de las riquezas. Lo que se requiere no es rechazar esto por completo, sino que lo necesario es volverlo justo, equitativo, lo cual constituye un término intermedio entre el exceso y el defecto.
En cuanto a la cualidad de la ira es necesaria la virtud del fervor, y esto consiste en que nos alejemos a la vez de la precipitación alocada y de la pusilanimidad o cobardía. En resumen, que uno en sí mismo sea fuerte, pero a pesar de su fuerza sea obediente al juicio, al intelecto. Por eso dice Allah, exaltado sea, de los compañeros del Profeta (BPDyC): Son tenaces con los impíos, compasivos entre sí (48: 29). Los describe con la tenacidad, pero esta procede exclusivamente de la ira. Y si la ira dejara de existir, dejaría de existir el Yihád [el combate espiritual]. Pero ¿cómo sería posible que [Allah] recomendara erradicar totalmente el deseo y la ira cuando los Profetas, con ellos sea Paz, no se eximen de esto, por lo que dijo Muhammad (BPDyC): "Yo soy un humano que se encoleriza, como se encolerizan los humanos"? Y era que si se hablaba ante él (BPDyC) aquello que él detestaba [por soez o insensato] se encolerizaba hasta que enrojecían sus mejillas, pero no hablaba sino lo que era justo y verdadero. A él (BPDyC) su ira no lo extraía de lo justo y verdadero. Dice Allah, exaltado sea: [Son perdonados y premiados] los que reprimen su ira y los que disculpan a la gente (3: 134), pero no dice: "Los que no tienen ira".
Así es como [Allah] remite la ira y el deseo a los límites de lo justo y equitativo, de modo que ninguno de ellos subyugue al intelecto ni lo supere, sino más bien que el intelecto sea el que lo subyugue y el que lo supere. Esto es lo que se busca con el cambio de carácter. Es posible que el deseo impere en el hombre al punto de que su intelecto no tenga suficientes fuerzas para rechazar [su influjo] que propende a las maldades que propende a las maldades. Entonces, con la disciplina se lo devolverá a los límites de los justo. Esto indica que ello es posible. La experiencia y la observación señalan esto de manera indudable.
Lo que denota que, respecto del carácter, lo deseable es el justo medio, lejos de los dos extremos, es que la liberalidad generosa es una conducta elogiable por las normas [del Islam], y es un intermedio entre los dos extremos de la dilapidación y la avaricia. Allah, exaltado sea, elogia la generosidad, y dice: Los que cuando donan no dilapidan ni avarician [o tacañean] siendo equitativos entre ambos [extremos] (25:67). Y dice, exaltado sea: No hagas que tu mano esté atada a tu cuello [tacañeando], ni la extiendas en toda su extensión [dilapidando] (17:29). Tal es la meta en cuanto al deseo de comida: lo equitativo, lejos de la gula y la apatía. Dice Allah, exaltado sea: ¡Comed y bebed, pero no despilfarréis!, ¡El no ama a los despilfarradores! (7:31). Y dice respecto de la ira: Tenaces con los impíos, compasivos entre sí (48:29).
COMENTARIO
Al-Gazali dice que aquello que está todavía incompleto puede ser completado, lo que es imperfecto requiere de perfección. Esta se produce encontrando la condición, la causa que genera su bien, en tanto sea posible de producirla por parte del siervo, que su decisión u opción puedan provocar una causa que genere su propio bien. Al-Gazali es favorable al auto esfuerzo, rechaza la predestinación absoluta, la cual predetermina todos los aspectos del ser, y se decide por un proceder libre y optativo.
Concibe como dos cualidades del alma humana a la ira y al deseo, como generadores de mal y de bien, según cual sea el resultado de su ejercicio. Afirma que no deben ser extirpados o anulados por completo, porque prestan un servicio útil al ser humano. Allah nos induce a considerarlos esto así, y nos impone realizar un esfuerzo o Yihád para superar el mal que pueda provenir de la ira y del deseo. Pero la condición para que esas dos cualidades del alma nos produzcan el bien es ponerlas bajo el dominio del 'Aql, el juicio o entendimiento.
Y en cualquier caso, en tanto que haya deseo y en tanto que haya ira, por mínimos que sean, habrá también, dice Al-Gazali, apropiación de riquezas, lo cual constituye una distinción del deseo. Por otra parte, habrá, tenacidad, o energía, o vigor en la realización de los actos.
Lo mejor es el justo medio, apartado de los dos extremos, y da como ejemplo al respecto la surah (capítulo) que recomienda no hay que despilfarrar pero tampoco tacañear, dos extremos.
La doctrina del Islam en cuanto a las virtudes humanas es que las cosas que parecen negativas en un extremo, no lo son en realidad, sino que una vez que se dominan, todo lo que el hombre presente como ira o deseo es positivo. Por el contrario, en otras doctrinas como las del extremo oriente, e inclusive cierto cristianismo, el deseo no tiene nada positivo, es maligno por sí mismo. Ascetas, sacerdotes y monjes, al tratar de eliminar el deseo no hicieron más que exacerbarlo. También se nos quiere transmitir un Jesús (P) totalmente anodino, que nunca tiene ira, en contradicción con el Jesús real que nos narran los Evangelios.
SOBRE EL BUEN CARÁCTER Y LA DISCIPLINA DEL ALMA A TRAVÉS DE LA EDUCACIÓN
Asimismo el que desea para sí un
carácter humilde, estando dominado por la soberbia, su método debe ser que se
entregue por entero a las acciones de los humildes, por un extenso lapso,
durante el cual se empeñará contra sí mismo, y asumir su compromiso, hasta que
ello se convierta en su carácter y su naturaleza, y le sea fácil y espontáneo.
Todos los caracteres loables
para las normas del Islam se logran por este camino. El objetivo es que le sea
agradable realizar el acto que emane de uno. El generoso por ejemplo, es al que
le deleita obsequiar riquezas, lejos del que la da con enfado, y el humilde es
el que se deleita con la humildad. Pero no arraiga en el alma el carácter bueno
para el Din [para la práctica islámica] en tanto no se adquieran todas las
costumbres buenas, y mientras no se abandone por completo todas las acciones
malas. Mientras no se dedique uno por entero, como el que anhela las buenas
acciones, y se complace con ellas, y detesta las malas, y se remuerde por ellas.
Como dijo el Profeta (BPDyC): "Y me fue dada la oración como consuelo". La
tradición completa dice: "Preferí para mí de vuestro mundo el perfume y las
mujeres, y me fue dada la oración como consuelo". Toda vez que las devociones y
la renuncia a lo prohibido se practique con aborrecimiento y embarazo o
fastidio, esto constituirá imperfección, y no se lograr la felicidad completa de
ese modo. Por eso Allah, exaltado sea, dice:
La oración
solamente es grande [importante y grave] para los humildes
(2:45).
Luego, tampoco será suficiente para el
logro de la felicidad prometida el tener buen carácter, pero de tiempo en
tiempo, deleitarse con la obediencia y aborrecer la rebeldía, sino que es
necesario que ello sea permanente para toda la vida. Tampoco es admisible
desechar que la oración llegue al extremo de convertirse en el consuelo [lit.:
"frescura de los ojos"], ni que las devociones en general se conviertan en
deleite, porque las devociones determinan en el alma maravillas todavía más
extraordinarias que ello [que el consuelo]. Así, vemos como el jugador [por
dinero] arruinado, debido a su falsa devoción [por el juego], es dominado por la
alegría y el deleite por el juego, a pesar del estado en que se encuentra, tanto
como le contraría de la gente la alegría que no sea por el juego. Sin embargo el
juego quizás haya liquidado su riqueza, y destruido su hogar, y dejándole en la
ruina. A pesar de ello, lo ama y se deleita con él, y esto por su prolongada
afición a él, y el haberle entregado su alma durante un tiempo. Y así sucede con
el criador de palomas que se pasa todo el día bajo el ardor del sol, soportando
la fatiga, sin darse cuenta del padecimiento debido a la alegría que le producen
los pájaros, sus movimientos, y su vuelo rondando el ámbito celeste. Todo esto
es producto del acostumbramiento y de la dedicación en una misma dirección
permanentemente, durante un lapso prolongado. Se puede contemplar esto entre los
compañeros y los conocidos que se acostumbran y deleitan en su amistad. Y si el
alma, gracias a la costumbre, se complace con el error y hacia él se inclina,
cómo no le placerá la verdad si se tornara hacia ella durante un lapso, y se
aplica a entregarse por entero a ella. Por el contrario, la inclinación del alma
hacia aquellos asuntos detestables que están fuera de su naturaleza es similar a
comer higos, siendo algo que domina a alguna gente, debido a la costumbre.
COMENTARIO
El fragmento del libro del
Al-Gazali sobre la disciplina del alma, el buen carácter, establece dos polos
del alma humana: Uno el del juicio o intelecto, al-`aql, que tiene
por fruto la sabiduría, y otro, la facultad o potencia de la ira y del deseo, el
polo negativo, pero que puede entrar en armonía con el positivo si se somete a
él. Se necesita para ello de equilibrio y moderación, equilibrio entre los dos
polos del alma humana, poniéndolos en su justa relación o jerarquía, y
moderación en cuanto a los deseos y a la ira, que si son moderados son buenos, y
si se extralimitan son negativos. No olvidemos que ambas cosas fueron creadas
por Allah, y que no son malas en esencia, sino cuando su dominio resulta
exagerado.
Y dice Al-Gazali que existen dos
posibilidades para que el alma humana alcance su perfeccionamiento, o lo que es
lo mismo, consiga su felicidad, a saber, ese mutuo equilibrio entre los dos
polos, que se logra, por una parte, o bien porque el hombre nace ya con él y con
buen carácter, o bien porque lo alcanza a través del esfuerzo y de la práctica
de un modo de vida. Supone Al-Gazali que el modo de vida islámico, el Din,
constituye el buen carácter, la perfección de la naturaleza humana, la
felicidad, el equilibrio entre las dos potencias, la del juicio o intelecto, y
la del deseo y la ira. Y por otra parte, supone que no todas las personas nacen
con una buena condición, que la inmensa mayoría, quizás el 99%, debe seguir el
camino del esfuerzo para su perfeccionamiento. Y ofrece ejemplos, el de la
generosidad, uno de los rasgos del buen carácter, a la que la persona debe
lograr practicándola durante un lapso prolongado, aun contra sus propias
tendencias, contra la avaricia, etc. Y dice que una de las condiciones para
lograr el buen carácter es que éste sea permanente, que no se practique a veces
sí, a veces no, y que, además, llegue a ser deleitoso, a complacer, a alegrarnos
proceder de esa manera, de modo que se haga fácil y espontáneo en nosotros, no
algo dificultoso, embarazoso, fastidioso y complicado, que no queremos asumir.
Dice Al-Gazali, también, que el hombre
debe comprometerse, tener un anhelo muy grande por conseguir esas cualidad
loables del Din, como la humildad, la generosidad, etc., que determinan un buen
carácter. Expresa: "El método será que se entregue por entero", si quiere lograr
la generosidad, o la humildad, o la sinceridad, o el desapego, o la veracidad,
etc., esto no debe constituir un simple anhelo pasajero, una inquietud
momentánea, un cosquilleo que rascándose un poco se termina. Y entonces
ejemplifica con los vicios contrarios al buen carácter, como la afición al
juego, y ciertas aficiones o "hobbies", como se las llama, que la persona adopta
como si fueran el Din. Muchos de esos "hobbies" o aficiones se aman tanto como
se ama a Allah, y cada uno sabrá cual practica. Siempre hay algo vano que no
tiene ninguna incidencia para el más allá, ni para la felicidad en este mundo, y
solamente se lo sigue para tener un auge pasajero. Es necesario que cada uno se
sincere consigo mismo al respecto. Si fuera bueno ser famoso y trajera la
felicidad, seguramente los Profetas (P) lo hubiesen sido, y hubiesen tratado de
conseguirlo. Pero ellos nos dan el ejemplo contrario, y nos enseñan, además, que
los bienes que debemos conseguir son los que perduran en el más allá, al-baqiát
al salihát, las perfecciones imperecederas, permanentes y no las aficiones
pasajeras.
Dijo el Profeta (BPDyC): "Preferí para
mí de vuestro mundo el perfume y las mujeres, y me fue dada la oración como
consuelo". Destaca dos bienes de este mundo, el perfume por el cual tenemos la
experiencia de un bien del más allá, porque cada uno de los perfumes, como cada
uno de los colores, simboliza una realidad espiritual elevada. Lógicamente, no
alude a las mujeres en general, sino a la esposa, a la madre, a la hermana,
bienes que en este mundo constituyen la matriz creadora de cosas. Las malas
personas ponen como ejemplo de la mujer a la mala, pero nunca dicen que son los
hombres las que las pervierten y explotan, aprovechando de su ilusión e
ingenuidad, que esa mujer tiene, por lo general, a los rufianes como causa de su
degradación. Muchas mujeres, no todas, debido a la naturaleza femenina,
pretenden ejemplificar la belleza, que se las adore por su hermosura, y entonces
esa vanidad es aprovechada por gente maligna, hombres que las prostituyen y las
usan como objetos de deseo. Aparte de esto, que es una excepción y no la norma,
el Profeta (BPDyC) destacó el beneficio que traen las mujeres al mundo. Y por
último, le fue dada la oración como consuelo, "como frescura de los ojos" se
dice en árabe.
Destaca Al-Gazali también la
importancia de las devociones en general para lograr el buen carácter, aplicarse
a ellas, como la gente se aplica a otras aficiones que no tienen ningún
beneficio. Entonces se lograr a través de la oración, o de cualquier otra
devoción, no solamente el consuelo, sino maravillas extraordinarias, dice, que
surgen del alma.
Por último, y como síntesis, Al-Gazali
considera que uno de los principales mecanismos, el único quizás para adquirir
las buenas costumbres, las virtudes, un buen carácter, es adquirir la costumbre
mediante el esfuerzo, la aplicación, la dedicación, la entrega por entero a algo
que se considera valioso, durante un tiempo prolongado, aún contra la decepción
que uno pueda padecer, o los fracasos que pueda gustar, y las dificultades para
lograrlo. Pero si realiza eso, a pesar de todas las contrariedades, y llega a
integrarlo como parte de su vida, como por ejemplo la oración, y ya la necesita,
y en un segundo momento encuentra en ella deleite y consuelo, como el Profeta
(BPDyC), entonces llegará a un grado determinado de la felicidad en este mundo,
porque eso es valioso por sí mismo, y lo llevará a apelar a algo verdadero,
real, y aferrarse a ello. Por otra parte, le hará descubrir ciertas realidades
que estaban ocultas para él, y que gracias a la oración se le muestran. Como
dijimos, necesitar ser perseverante no hacerlo unas veces y dejar de hacerlo
otras, sino sentir el anhelo, la inclinación hacia eso, y por último llegar al
placer y la felicidad.
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