

"Centro de Altos Estudios Islámicos"
Conferencias

Desarrollo Espiritual
Prologo
Con este escrito intentamos poner claridad
en la mente de los buscadores de la Verdad. Es muy
lamentable observar frecuentemente cómo personas de buena intención caen en el
error, fantasean sobre lo espiritual, desperdician sus mejores esfuerzos en
ilusiones, se auto engañan y sirven de instrumento para el engaño de otros. Hay
quienes más concientes del mal que producen, inventan mentiras para el consumo
público, y otros más creen haber llegado a la categoría de maestros
espirituales, y pretenden hablar sobre lo que no conocen. Todos estos seres,
falsos guías e ilusos guiados, ofrecen un lamentable espectáculo que
desprestigia más todavía la búsqueda espiritual, hoy denigrada por el
materialismo en boga.
Si pudiéramos ofrecer un poco de
luz a estos seres confundidos, nuestra tarea se veía por demás cumplida. Pero
observamos también, con pesar, que son pocos los que realmente buscan de verdad.
Con sinceridad, y que la mayoría lo hace como un juego, o como un paliativo
momentáneo, o por curiosidad, no faltando los nefastos "buscadores de poder". En
esta cuestión es muy importante la seriedad y el compromiso, mucho más que en
cualquier otra. La inconciencia natural del ser humano, su radical estupidez, se
basa en que no toma en serio su destino espiritual, creyendo que la cosa ya está
resuelta a su favor. Cuando observe el resultado final de su esperanzamiento
entonces sabrá que nunca hubo ninguna causa para tanta seguridad, sino que por
el contrario debió haberse desesperado por alcanzar la Verdad, como desespera de
ver satisfecha su necesidad de alimento y de salud cuando esta cosas faltan.
Uno de los defectos que se observan
en muchos fantasiosos es el de creer en el "toque mágico" de un maestro, o el de
creer que éste debe ser un taumaturgo, alguien que realiza milagros como Jesús.
Ignora la realidad de estos asuntos, que no son tan simples como él se lo
imagina, ni en lo que a él respecta tan extraordinarios como cree. Aunque la
base de todo desarrollo espiritual son sin duda la comunidad y el maestro, al
igual que la base de la educación familiar es la familia y el padre (sobre todo
este).
Por otra parte, los fantasiosos
creen que con sólo haber tenido alguna idea, o una intuición, o haber vivido un
hecho no común, por eso sólo son los seres elegidos que ya pueden juzgar sobre
la Verdad y el error, el Bien y el mal, y que si condescienden a integrarse en
una comunidad espiritual, es para el bien de esta última, nunca porque ellos
realmente lo necesiten. Su ego no les permite comprender su situación indigente,
menesterosa. En realidad, si alguien siente necesidad espiritual es porque ha
encontrado su cortedad, y no porque ya se encuentra completo. Partimos en
nuestro viaje espiritual de la carencia, de la imperfección, no de la
completitud y de la felicidad; estamos enfermos y necesitamos curación y para
eso existen la comunidad y el maestro.
Otra observación básica sobre el
desarrollo espiritual es que debemos trabajar, no hay "toque mágico", ni
taumaturgia por parte del maestro. Es cierto que éste deberá poseer cierto poder
espiritual, pero dicho poder se muestra en su conocimiento y en sus virtudes
éticas, no en los fenómenos portentosos que los fantasiosos suelen imaginar. El
maestro influirá sutilmente en el discípulo porque él es un medio espiritual
para este último, y dicha influencia producirá el desarrollo espiritual, como la
luz produce el crecimiento de las plantas. Y este es todo el milagro, que en
realidad es mayor a cualquier fenómeno portentoso. El discípulo debe poder
percibir el cambio de su estado espiritual, y esta será su prueba en cuanto al
maestro, no deber esperar nada fantástico más que esto, que ya de por sí es
extraordinario. Para lograrlo es condición indispensable de que trabaje, se
esfuerce, combata en la lucha espiritual, pues de lo contrario no obtendrá nada.
La falta de esfuerzo es signo de hipocresía, de insinceridad, de descompromiso.
El verdadero maestro posee una
potencia espiritual que influye sólo en le verdadero discípulo. Los curiosos,
los petulantes, los ignorantes, no son capaces de percibir ese don del maestro,
como los sordos no pueden percibir el bello sonido de la música celestial.
En este escrito nos referimos
primero al desarrollo espiritual comparándolo con el crecimiento físico, y
distinguiéndolo netamente del mismo. En la segunda parte damos laguna nociones
elementales sobre las tradiciones sagradas. En la tercera hablamos de la
intención y otros temas del desarrollo espiritual. No quisimos extender esta
obra con asuntos tan difíciles como el de los estados espirituales, las
categorías, la contemplación y la iniciación, que prometemos para otra obra.
Consideramos que lo que exponemos en la presente es lo elemental y necesario
para cualquier comienzo de un trabajo espiritual auténtico, y que los temas más
difíciles sólo se comprenden después de haber incorporado los elementos que
ahora ofrecemos.
Y en el Principio de todas las
cosas esperamos toda recompensa y a El nos encomendamos.
Murshid Mahmud Husain
Primera parte
El nacimiento y el crecimiento
físicos no son idénticos al nacimiento y el crecimiento espiritual. Existen dos
esferas de desarrollo del ser humano, una la física y otra la espiritual. En
ésta última existe una primera etapa que va desde la niñez hasta la edad de
discernimiento; luego la que se extiende desde la adolescencia o juventud hasta
la edad de la actividad intelectual independiente: por último, la de la madurez
o plenitud, etapa en la cual es posible que el ser humano ofrezca al resto de
sus semejantes los frutos de su experiencia.
La diferencia esencial entre el
desarrollo físico y el desarrollo espiritual, es que uno es automático y el otro
requiere un esfuerzo de la voluntad. El desarrollo físico que no se vea
interrumpido por la enfermedad, la desnutrición, o la muerte, se cumple en forma
independiente, sin que nosotros nos esforcemos particularmente en ello.
Podremos, quizás, acelerarlo mediante el ejercicio físico, etc., pero alcanzará
un punto en que logre su fin, y se detendrá automáticamente así como se había
iniciado. Aún cuando es su etapa inicial necesitará de sumos cuidados y los
padres deberán alimentar a sus hijos y protegerlos contra múltiples peligros,
sin embargo es la naturaleza por sí misma la que se desarrolla en nosotros, sin
nuestra participación.
Frente a esta modalidad del
desarrollo corporal, el espíritu difiere esencialmente. Primero, no comienza en
un punto tan preciso como lo es el nacimiento físico. Segundo, no se desarrolla
automáticamente como lo hace el cuerpo. Tercero, no es el resultado del alimento
material, ni tampoco un subproducto del desarrollo físico, sino que tiene su
propio alimento, y su propio modo de desarrollo.
A pesar de todo, ambos aspectos del
ser humano, el físico y el Espiritual, coinciden en alguno puntos, como por
ejemplo su necesidad de ser apoyados por parte de otras personas, y su necesidad
de ciertos medios externos; por fin, ambos requieren especial cuidado y
protección para lograr el objetivo propuesto. Por otra parte, coinciden en el
resultado final, pues cada uno s su manera, tanto el desarrollo físico como el
espiritual, plasman nuestra salud y nuestra felicidad.
¿En que consiste el desarrollo espiritual?.
Pues bien, la primera distinción
del desarrollo espiritual es que no surge en un momento preciso, determinado por
factores externos ajenos a nuestra voluntad, por el contrario su aparición es
algo especial, predestinado, y cuyas raíces se encuentran en el interior del ser
humano que lo experimenta. Así y todo, uno mismo no sabrá explicar a otros cómo
fue este comienzo de su desarrollo espiritual, ni aún se lo podrá explicar a sí
mismo durante mucho tiempo. Sin embargo, es posible comparar tal comienzo con el
nacimiento físico, por simple analogía, y a fin de poder concebir menor el
cambio extraordinario que produce desde su inicio el desarrollo espiritual.
El desarrollo espiritual, por sobre
todas las cosas, requiere de nuestra parte un esfuerzo conciente, perseverante,
y debido a ello quedan comprometidos dos niveles de nuestro ser, uno el racional
y otro el emocional. Sin una movilización de estos dos niveles no podrá existir
nunca ningún desarrollo espiritual. Pero esto exige de nosotros, lógicamente,
algo mucho más serio que el simple deseo. En primer lugar, debemos convencernos
de que ese esfuerzo es necesario y que en él consiste nuestra felicidad; en
segundo lugar, debemos comprometernos emocionalmente con ese esfuerzo, es decir
con un anhelo ferviente, que por analogía deber ser como el deseo de comida para
el que está hambriento. Y de este modo entran a tener un rol destacado el
intelecto, primero, y la psiquis, en segundo lugar, ambas cosas íntimamente
relacionadas entre sí. Todo nuestro ser se moviliza al mismo tiempo y es
sacudido por un viento purificante.
Por último, afirmamos antes que el
desarrollo espiritual tiene su propio alimento, y que no se produce como
resultado de haber completado el desarrollo físico. Debemos, pues tener la
suerte de poder conseguir el alimento espiritual, lo cual implica también cosas
muy serias, como por ejemplo la autenticidad del alimento, que no sea adulterado
nocivo, y en lugar de resultar beneficioso nos resulte un veneno. Esto plantea
una serie de cuestiones, entre ellas estas, la de qué tipo de alimento
necesitamos nosotros, de acuerdo a nuestra condición intelectual y psíquica;
dónde encontrarlo; como asimilarlo. De este modo entran a tener un rol destacado
el medio cultural y social y las personas que nos rodean, en especial el maestro
y la comunidad espiritual.
"Emocionalista" e "Intelectualistas"
Habíamos mencionado que en el
desarrolló espiritual existe un punto clave, un "momento especial" que tiene
características de predestinación, porque en él hay como una revelación, un
descubrimiento de algo desconocido, que sin embargo ya estaba presente en
nosotros.
Es algo que desde ese momento no
atrae con fuerza. Las circunstancia en que se produce ese "momento especial"
parecen predestinadas; las personas o cosas que intervienen en dicha
circunstancia pueden ser consideradas como instrumentos de la voluntad divina.
Para compararlo con algo más común, ese momento es equivalente al enamoramiento,
porque en realidad no se trata de una situación rutinaria y pasajera, sino de
algo único y decisivo en nuestras vidas.
En seguida quedaban implicados en
la situación el intelecto y la emoción o psiquis, cada cual por su lado, pero
íntimamente relacionados de tal modo que lo que le pase a uno de ellos afectará
necesariamente al otro. Nuestra situación en este punto es muy delicada y
difícil, comparable a las primeras horas del niño después de su nacimiento ; de
este instante dependerá nuestro posterior desarrollo espiritual, o su
frustración.
Los dos factores comprometido, el
intelecto y la emoción, deben tomar cada uno su puesto, por lo que será
necesario que predomine el intelecto sobre la emoción. La mayoría de las
personas que son impulsadas exclusivamente por la emoción se frustran en su
intento de desarrollo espiritual, esto sin contar que los "emocionalitas"
exclusivos no llegan nunca ni siquiera a vislumbrarlo, nunca realizaran una
experiencia como la del nacimiento espiritual. Estarán limitados permanentemente
a las emociones en su "trato" con las cosas espirituales, y esto cuando dicho
"trato" pueda llegar a existir.
En el extremo opuesto, y tan
negativo como lo anterior, o poco menos están lo que exclusivamente se limitan
al intelecto para acceder al desarrollo espiritual. Este tipo de personas las
"intelectualistas", en realidad se verá también frustrada en su intento, auque
ellos presentan dos sectores, uno el de los que reconocen la importancia y la
necesidad del factor emocional y se abstienen de comprometerse con él; a estos
habría que calificarlos como peores que los "emocionalitas" exclusivos. Habrá,
por otro lado, un sector de los "intelectualistas" que admiten el factor
emocional pero se comprometen limitadamente con él, y como para cumplir con
cierto "formalismo", aunque en última instancia no creen en dicho factor. Este
último sector es en su tipo menos nocivo para sí mismo y para el resto de la
humanidad que le mencionado en primer término.
El factor emocional
¿Qué significa, en
definitiva, el factor emocional que participa del desarrollo espiritual?, ¿en
qué consiste?. En primer lugar, significa reconocer la necesidad de un trabajo
de auto purificación, y que le ego es el enemigo del desarrollo espiritual; en
segundo lugar, reconocer que existen determinadas prácticas que producen el
desarrollo espiritual además del conocimiento teórico, pues dichas prácticas
sirven a la auto purificación; tercero, consiste en someterse a dichas prácticas
con toda humildad y descendiendo del trono de la auto glorificación personal.
En consecuencia, deberemos
someternos a las enseñanzas y directivas de otros, venciendo nuestra propia
soberbia. Esto es lo más importante para alguien que busca el desarrollo
espiritual, de lo contrario no habrá en adelante otra cosa párale que su propio
desvío.
La prioridad del intelecto
La prioridad que tiene el intelecto
sobre la emoción no nos debe conducir, pues, a ninguno de ambos extremos, ni al
"emocionalismo" ni al "intelectualismo", sino a poner en armonía jerárquica
ambos factores. Es indudable que el intelecto debe predominar sobre la emoción,
sobre todo en las primeras etapas...¿por qué?. Si nosotros comenzamos el camino
de desarrollo espiritual y no hemos resuelto nuestras dudas principales, éstas
resurgirán en cualquier momento del camino, como un salteador que nos puede
despojar de lo que hemos logrado hasta ese momento, o que en el peor de los
casos nos puede asesinar.
La duda, la vacilación, el malestar
interior respecto de una idea son todas emociones que se "mueven en el corazón",
y representan, en definitiva una inestabilidad emocional que perturba al
intelecto. Por otro lado, también existen problemas de origen solamente
intelectual como el no haber vencido ciertos prejuicios, confusiones y
ambigüedades en nuestras ideas, todo ello producto de la ignorancia, que
perturbarán a su turno a nuestro corazón, en el momento menos pensado. Habrá
pues dos fuentes del malestar interior una emocional y otra intelectual ¿por
cuál de ellas debemos comenzar nuestra tarea de desarrollo espiritual, limpiando
nuestro corazón y descubriendo su realidad?.
Toda duda, toda vacilación, tiene
un origen emocional y que luego el intelecto lo percibe como un debilitamiento
de su seguridad. Algo perturba nuestro pecho como una insidia que nos quita
seguridad, que nos inspira malestar e intranquilidad. Esta insidia deber ser
descubierta por el intelecto, expuesta a la luz del conocimiento, aventada,
nunca debe quedar oculta, pues se transformaría en un enemigo traicionero. Tal
es la fuente principal de nuestra falta de firmeza en el desarrolló espiritual,
percibimos la debilidad interior y nos cuesta esforzarnos por eliminarla pues
estamos como atados por ella.
Es por esto que el intelecto tiene
prioridad sobre la emoción, porque aunque la emoción pueda imponerse por la
fuerza bruta, e implantar el imperio de la irracionalidad en nuestro ser, el
intelecto es el único capaz de someterla a través de la sinceridad, de la
persuasión, y de la verdad aún contra nosotros mismos.
En cuanto a las ideas falsas de
origen intelectual, como los prejuicios, las confusiones, etc., no son tan
nocivas para nuestro desarrollo espiritual como las insidias interiores,
emocionales, aunque también puedan ser utilizadas por nuestro ego para perturbar
nuestro pensamiento y alejarnos del desarrollo espiritual. El ego las utiliza
porque quiere escapar del compromiso, de la responsabilidad, de la acción con
sentido, desea vivir aparte de la fe, de la auto purificación, y se cubre con
aquellos perjuicios y confusiones. De este modo es como el nivel intelectual
colabora con el nivel emocional, al darle oportunidad a este último para que
utilice nuestra mismas falencias intelectuales, perturbarnos y atarnos a sus
deseos. Es necesario, pues, vencer prejuicios y confusiones a través del
conocimiento, pues aquellos nacen solamente de la ignorancia.
La convicción en la felicidad
Debemos estar en claro sobre la
realidad del alma humano, no tener un concepto falso a nosotros mismos, sino una
idea de nuestras real dimensión, ni menospreciadora ni exaltadora, lo más justa
posible. Debemos ser lo más imparciales y objetivos que podamos serlo respecto
de nosotros mismos. La sinceridad es esencial para esto, ella obra como una luz
en nuestro interior para que podamos vernos, y es antes que nada sinceridad con
nosotros mismos.
Nuestro ser tiene tres aspectos
diferentes: alma, ego, Espíritu. El alma es la energía vital que nos da vida,
energía que puede ser derivada tanto hacia el bien como hacia el mal; el ego es
la parte inferior del alma, la parte instintiva, que trata de amarrarnos a un
estado bajo, ignorante, ilusorio. El espíritu corresponde al alma liberada y
pacificada que encontró su plenitud.
Debemos antes que nada saber que
partimos siempre del ego en nuestro viaje hacia el desarrollo espiritual, el
predomina y es el verdadero enemigo. Pero si quedamos atados a esta idea, y nos
obsesionamos con nuestro estado inferior, nunca habrá desarrollo espiritual;
debemos curarnos de la mala opinión sobre nosotros mismos, como sucede con la
curación del cuerpo: sentirnos enfermo, establecer el diagnóstico correcto,
conocer la medicina apropiada, comenzar a administrarse esa medicina para por
fin, lograr la curación. Pero sobre todo, es necesario desear esa curación,
anhelarla, pues de otro modo resultaría imposible lograrla, aún aplicándonos el
remedio.
Debemos estar seguros de que existe
algo superior en nosotros, de bien que contenemos, no por obra de nuestras
manos, ni por una distinción que sin esfuerzo alguno hemos recibido, sino que
por ser reflejo de lo divino, en nuestra dimensión humana. El espíritu reside en
nosotros, somos el templo del Señor, nuestro Espíritu es Su Soplo.
Contrapesando esto tenemos
conciencia de ser imperfectos y de que caemos en el mal con frecuencia. Pero
esta conciencia no es negativa por sí misma, mientras la sepamos aprovechar.
Quien no experimenta conciencia de su imperfección no será nunca un creyente.
En colusión, el desarrollo
espiritual se basa principalmente en el esfuerzo de la voluntad. Para realizarla
ese esfuerzo debemos estar convencidos, tal como el enfermo para administrarse
el medicamento debe esta previamente convencido de la necesidad de curación,
convencidos de que podemos llegar a la felicidad, y que ella es nuestra meta en
la vida. Quien no crea en la felicidad nunca hará el esfuerzo y no podrá nunca
desarrollarse espiritualmente.
Los obstáculos emocionales
Lo que más perjudica nuestra
comprensión de la felicidad son lo que podemos llamar "obstáculos emocionales",
como los de raza, cultura, idioma y posición social, los derivados de una falsa
tradición histórica o familiar, o de una adhesión ciega, no razonada, a un dogma
religioso, político o filosófico. Debemos ser sinceros, no enorgullecernos por
ser blancos, negros o amarillos, de una cultura o de otra, poseedores o no de
títulos y honores, no tener en cuenta el idioma desde el cual nos llama el
espíritu, ni la posición social. Semejantes hazaña equivale a observar nuestro
cuerpo tal cual es sin las apariencias que nos aporta nuestra vestimenta. Se
trata de un acto íntimo, profundo, que sólo está al alcance de unos pocos,
aquellos que se despojan de los oropeles del mundo para la intimidad con su
Señor.
La esfera del desarrollo espiritual
La esfera del desarrollo espiritual
no se confunde con la del crecimiento físico, precisa de cierto alimento. Quizás
a nosotros algunas cosas nos parezcan espirituales sin serlo realmente. Habrá
entonces un tipo de dieta determinado para cada clase de persona. Hablaremos
primero de esta cuestión para después pasar al importante asunto de la comunidad
y del maestro.
El alimento espiritual debe reunir
varias condiciones, en primer lugar, ser una tradición verdadera a través de los
siglos, con pruebas suficientes de su benignidad. En segundo lugar, recibirla de
una fuente auténtica, pues todas las enseñanzas espirituales han sufrido la
prueba del demonio. Habrá, pues, varias fuentes falsas que se presentarán con
los signos externos de la enseñanza verdadera, y habrá una fuente auténtica,
segura, que se remonta a la tradición primigenia y es fácil de reconocer. Por
último, que el maestro y la comunidad que la transmiten sean fiel reflejo de lo
que predican.
Esto último se debe poder reconocer
primero en el conocimiento, segundo en la práctica, tercero en lo que respecta
al nivel moral y ético. Más allá no podrá juzgar el novato, pues el grado
espiritual que alcanzó el maestro y sus discípulos no se muestra de otro modo
que a través de aquellas tres cosas, no por un certificado de capacitación o de
habilitación para la "profesión" espiritual, ni de nada exterior, excepto lo
mencionado.
Es esencial no juzgar al maestro
sino, sobre todo, a los discípulos, por varias razones. La primera es de índole
lógica, pues alguien que necesita enseñanza y que la ha venido a buscar de otro
que la puede impartir, es imposible que pueda juzgar a este otro en base al
conocimiento del que él carece. Tampoco es posible que juzgue al maestro en base
a las prácticas espirituales que también el desconoce, y que están ligadas al
grado de conocimiento que el maestro haya alcanzado. Por último no podrá
evaluarlo en lo que se refiere a la ética, observarlo objetivamente en ese
aspecto, pues el estado ético de alguien también depende del conocimiento y de
la práctica espiritual, que el novato desconoce. Es necesario, sin embargo, que
el maestro a los ojos del novato parezca lo que deber ser, tanto por lo que
expresa de conocimiento, cuanto por su práctica y su ética.
Como ya hemos, dicho más útil será
juzgar a los miembros de la comunidad, por aquello de que "por los frutos
conocerás el árbol". También aquí hay razones lógicas, como que el novato está
más cerca de la experiencia del resto de los discípulos que de la experiencia
del maestro. Otra razón es que la variedad de individuos, permite una mejor
apreciación, para alguien que todavía poco conoce, de lo que puede permitirlo un
solo individuo. También, esta variedad resulta ser una demostración contundente,
pues la mayoría de los casos permite una apreciación más justa, mientras que los
casos individuales pueden confundir. Por otro lado, ningún maestro podrá engañar
a nadie por interpósita persona sin que sea evidente el engaño, y sobre todo
cuando esas personas son numerosas.
Por último, debemos tener en
cuenta, especialmente, que en cualquier grupo las personas son muy diferentes
entre sí, y solo los más antiguaos miembros del grupo, que han pasado más tiempo
recibiendo la virtud del maestro, como la obra de arte lograda lo es de la
maestría del artista. De lo contrario, podría tratarse de un veleidoso, de un
curioso pasajero, o de alguien sin posibilidades de éxito, los cuales no sirven
como prueba en absoluto.
El alimento espiritual: multiplicidad de las tradiciones
En cuanto
al "tipo de alimento" que necesitamos nosotros, hay varias cuestiones ligadas al
asunto. En primer lugar, existen muchas tradiciones diferentes, todas ellas con
un origen común y único. Pero siempre habrá una sola que sea la más apta para
nosotros, pues no podemos experimentar a la vez a todas como tampoco podemos
negar que al menos necesitamos una. Que no podemos realizar varios caminos a la
vez es muy evidente, y sólo lo niega quien no desea en realidad realizar ningún
camino, sino perder el tiempo y divagar en ilusiones. Tales personas adolecen de
alguna falla muy grave con lo más sagrado, con el destino de sus almas. Son
veleidosas, ignorantes, infatuados en su ego, no tienen firmeza y creen
conocerlo todo. En realidad, este tipo de personas es seguidora del demonio.
Hay otro
tipo que ya hemos mencionado antes, los "intelectualistas" que se justifican con
la variedad de tradiciones diferentes, todas ellas con un origen común y único,
para no adoptar ninguna en particular. Creen que sus mezquinas personas pueden
realizar en sí mismas la síntesis de todas las tradiciones, sin faltarle a
ninguna. Alegan al respecto ciertos "conocimientos" que los "eleva" sobre el
resto de la gente. Tal tipo de ser resulta muy necio y negativo, su ego lo
engaña con la soberbia, y en esta época, entre nosotros, lo más habitual es
encontrar la actitud que adoptan ante el conocimiento, pero en el fondo
responden al mismo engaño de su ego fatuo y de cierta ilusión sobre lo sagrado
sin ningún saber divino verdadero.
En
consecuencia, el verdadero buscador deseará encontrar aquella única tradición o
enseñanza que más convenga a su condición y a sus inclinaciones espirituales.
Rechazará por igual el sincretismo del "todo es lo mismo", que confunde a todas
las tradiciones indistintamente en una misma olla, y que termina en la nada (o
peor aún en el satanismo), como también rechazará el intelectualismo abstracto y
vacío de pretender sintetizar en uno mismo las distintas tradiciones, porque
aunque todas tengan un origen común y un fin supremo idéntico, todas ellas son
distintas. El verdadero buscador saldrá al encuentro de la mejor tradición,
porque su búsqueda es la búsqueda de sí mismo. Cuando más distinga entre ellas
más se conocerá a sí mismo. También, cuando más respete las diferencias, más
respetará al otro que adopta una tradición diferente, sin desear encajarlo en un
molde que él cree el mejor.
El hombre
occidental ha ido en esta cuestión, como en otras más comunes, de un extremo a
otro; primero proclama poseer la enseñanza exclusiva y única, absolutamente
verdadera, y que aquel que no estaba en esa tradición se encontraba en el error.
Hoy, habiéndose disuelto la creencia de que todas las tradiciones son
indistintas entre sí, completamente adecuadas cualquiera de ellas para la vida
espiritual de cualquier persona, y que en definitiva es el individuo quien puede
elegir a su gusto cualquier tradición, o mejor aún, no elegir ninguna en
particular sino realizar él mismo la síntesis magistral de todas ellas. Esto es
el sumun del individualismo, la soberbia y la ignorancia.
Necesidad de seguir una tradición espiritual
Existen
sólo dos medios generales para le desarrollo espiritual, el intelecto y la
tradición. El intelecto deber reunir ciertas condiciones previas: salud,
preparación preliminar, objetividad (desapasionamiento, prudencia). Pero es
insuficiente por sí mismo para lograr el desarrollo espiritual.
La
tradición está compuesta en primer lugar por la Revelación; en segundo lugar por
la sabiduría de los maestros. La Revelación procede de un nivel superior a este
mundo; la sabiduría es la riqueza que en este mundo adquieren los maestros.
Además,
existen dos medios especiales para el desarrollo espiritual, la comunidad y el
maestro. La Revelación y la sabiduría no llegan a fructificar en el corazón del
discípulo sin no es a través de la comunidad y del maestro. La luz y las nubes
del cielo no llegan a fertilizar la tierra sin no es a través del aire y de la
lluvia.
El
intelecto necesita ser educado porque en la generalidad de los casos no nace
desarrollado espiritualmente, como no nace conociendo. La educación del
intelecto produce el desarrollo espiritual y aquello que estaba oculto en
nosotros se manifiesta plenamente.
En la
segunda parte trataremos especialmente la cuestión de la tradición bajo sus
diversos aspectos, en forma sintética y esencial.
SEGUNDA PARTE
Identidad y diferencia en las tradiciones
Todas las
cosas que existen presentan por igual dos aspectos opuestos y a la vez
complementarios, identidad y diferencia. El mundo humano no es la excepción, el
hombre es "ser humano" debido a su identidad que lo distingue del resto de los
animales, y es por otra parte un individuo particular dentro de su género,
debido a su diferencia del resto de los seres humanos. A pesar de la gran
cantidad de hombres que existen –o quizás precisamente por ello- no hay dos
ejemplares absolutamente idéntico, ni aún cuando fueran gemelos. Lo
extraordinario de la realidad manifestada por el Señor es la variedad, que para
la compresión humana casi resulta infinita, aunque no hay Infinito excepto El.
A causa
de su identidad las cosas se unen entre sí, formado una categoría determinada de
seres, como los hombres, los planetas, lo ángeles, los genios, etc., y a causa
de su diferencia las cosas se distinguen entre sí y cumplen determinadas
funciones, cada cual en su esfera de acción. Esto es muy compresible para
cualquier ser pensante, porque corresponde a la experiencia nuestra de cada día.
Del mimo
modo que el resto de las cosas, las tradiciones sagradas, las enseñanzas de los
grandes maestros, a las que nosotros solemos llamar "religiones", son idénticas
en un sentido y distintas en otro. Su identidad, cuando se trata de tradiciones
auténticas, se funda tanto en su origen como en su fin. En cuanto a su origen,
todas ellas derivan de una Fuente única, trascendente, y esto queda demostrado
por la sabiduría que todas ellas transmiten, cuyos principios son comunes, y
también por la modalidad de vida que cada una exige, tanto en el orden
devocional como ético. Podrán diferenciarse en los ritos, y en algunas prácticas
de la vida personal y de la vida social, pero el modo de vida que resulta de las
tradiciones sagradas coincide en general tanto en la concepción que tienen de la
vida humana en este mundo como en la preeminencia que otorgan al otro mundo,
imponiendo en consecuencia una vida ética y en superación constante.
En cuanto
al fin que perciben delante de sí todas las tradiciones sagradas, es el de
alcanzar la perfección del ser humano, o en otras palabras la santidad. En esto
coinciden también todas ellas, y consideran que en dicha perfección consiste la
felicidad humana en este mundo, y un seguro feliz tránsito al otro. En última
instancia, el Fin propuesto es conseguir la gracia, o la complacencia, o el amor
divinos.
Ahora
bien, esa visión que alcanzamos de las tradiciones sagradas la obtenemos desde
un punto de vista universal, o para aclarar mejor desde el punto de vista del
Señor, no del siervo. El ser humano tiene esa rara capacidad de trascender su
condición es este mundo, encerrado como está en la dimensión espacio-temporal,
para observar las cosas con su propia condición humana, espacio-temporal y
cambiante.
Por el
contrario, desde el punto de vista del servo cada tradición sagrada es un camino
diferente y excluyente de las otras. Y esto es necesario porque cada una de
ellas viene a satisfacer determinadas necesidades de acuerdo al lugar, al
tiempo, a la idiosincrasia y a la cultura de los individuos. Podemos, inclusive,
al adoptar una tradición, considerar a todas ellas como una y la misma, pero
esto lo haremos intencionalmente, si poder llevarlo a la práctica, debiendo
reconocer que en la práctica sólo necesitamos de una sola tradición, la cual
resultará suficiente para toda una vida.
Existen
otro motivos muy importantes para seguir una sola tradición. Entre las razones
más lógicas y evidentes está la siguiente: solemos reconocer que en cualquiera
de las tradiciones verdaderas existen una esencia fundamental y maravillosa, que
debemos alcanzar para nuestra perfección y felicidad. Además, siendo esa esencia
común a todas ellas, lo mismo da que la alcancemos a través de una que de otra
tradición. Pero sería absurdo que pretendamos hacerlo a través de varias de
ellas al mismo tiempo, pues implicaría un esfuerzo innecesario e infructuoso.
Aunque mucho camino en la tierra lleguen al mimo lugar a nadie se le ocurrirá
toma todos a la vez, pues ello resultaría prácticamente imposible, y lógicamente
innecesario. En el plano del espíritu la cuestión es idéntica, ya que existen
numerosos caminos, aún cuando su destino final sea el mismo. Sin embargo, es
absurdo seguir varios a la vez, pues en tal caso nos sería imposible ahondar
suficientemente en cualquiera de ellos para llegar a la esencia maravillosa que
tenemos por meta. Segundo, si nuestro interés real es el destino final y no el
camino, nos bastará lógicamente uno solo. El camino es un medio y el destino
final es, realmente, lo que nosotros deseamos conseguir.
Si
alguien alegara que es bueno conocer "todos" los caminos y seguirlos hasta su
final para tener así una experiencia universal, completa, abarcadora de todos
ellos, responderíamos que el que sigue un camino con sinceridad desea alcanzar
su destino; si lo alcanzara, ¿qué sentido tendría abandonarlo y volver por otro
lado al mismo punto?. Sería como jugar, entretenerse, y no tener un real anhelo
por el Fin. Pero quien no tenga ese anhelo, que es una fuerza espiritual
extraordinaria, no emprenderá ningún camino, y lejos está de conseguir cualquier
meta. Finalmente, ¿quién
puede alegar, con sinceridad, que es capaz de tener una experiencia universal,
omniabarcante, de todos los senderos espirituales?. Tal persona es sin duda un
perfecto embustero.
En
conclusión, lo afirmado anteriormente nos indica que debemos dedicar a una sola
tradición todos los actos de nuestra vida, vivir en ellas una experiencia
entera, no escapar la compromiso con el modo de vida que dicha tradición exige
de nosotros. Ello requerirá, sin duda, todos nuestro días, y nos será imposible
practicar cualquier otra enseñanza espiritual paralela.
Práctica y esencia de las tradiciones
Otro de
los aspectos indispensable que presenta cualquier tradición verdadera es el de
una práctica que resulta coherente con sus principios, y que constituye de hecho
la escalera ascendente hacia una mayor purificación. La práctica posee un
sentido profundo, y sólo en el mundo actual se ha llegado a considerar cualquier
práctica espiritual como signo de atraso, superstición o cosa inútil.
No es
suficiente un conocimiento teórico sin una práctica consecuente porque el ser
humano presente dos aspectos diferentes y complementarios, uno es el
pensamiento, y otro la acción. Cuando lo que se piensa se ejecuta recién
entonces logra el ser humano la plenitud de su ser. Cuando lo que se cree se
verifica con actos concretos, recién entonces se realiza la unidad o conjunción
del ser como un todo integrado, que ha vencido el cisma entre un alma que piensa
y un cuerpo que actúa.
La crisis
del alma se presenta cuando no damos salida a nuestra necesidad de devoción, es
decir de realizar una práctica de origen sagrado, o también cuando no
concretamos esa devoción por una vía correcta. Entonces caemos en la disolución
de nuestro ser que nos lleva al escepticismo extremo y a la infelicidad, o peor
aún, a la esquizofrenia.
Por el
contrario, un alma que realice una vida práctica coherente con su creencia, que
de salida a su necesidad de devoción, que mantenga el equilibrio entre lo que se
piensa y lo que se actúa, es un alma equilibrada que puede logra la felicidad.
En este caso sólo hay un peligro, tan malo o más que el anterior, y es que
caigamos en la hipocresía. Pero para llegar a ser hipócritas deberemos pasar
todavía por varios puntos de degradación.
El
sentido profundo de la práctica es que nos acondiciona psíquica y éticamente
para logra el desarrolló espiritual. Asimismo, como cada tradición presente un
tipo de práctica diferente (aunque bien estudiadas todas ellas resultan
similares, en última instancia) es conveniente seguir el tipo de práctica
establecido para alcanzar la esencia de la tradición que hemos elegido. No nos
será posible con un tipo de práctica budista alcanzar las aperturas espirituales
del sufismo, por ejemplo, aunque pongamos las mejores intenciones en el intento.
Se podría decir que aún los mundo espirituales a que dan acceso las prácticas
son diferentes, por cuanto la dimensión espiritual no es un todo homogéneo, como
suponen algunos, sino algo cualitativamente distinto, según sean los planos de
la luz a los que se tenga acceso . Por tal motivo, prácticas distintas son
irreductibles entre sí, es decir no pueden intercambiarse.
En
consecuencia, siendo indispensable para el desarrollo espiritual adoptar una
tradición sagrada y alcanzar su esencia maravillosa, que obra como la piedra
filosofal sobre nuestro ser, es además ineludible aplicar la práctica respectiva
de dicha tradición, como método concreto de realización espiritual, y antes que
nada, de purificación psíquica y ética.
Al
respecto observamos también que muchas personas confundidas "prueban" diferentes
prácticas, como si tal proceder produjera su desarrollo espiritual. Estos iluso,
in comprometidos, son similares a lo que hemos mencionado como
"intelectualistas", pues piensan que la cuestión es puramente individual, y que
en sus egos todavía impurificados se produce la conjunción de la realidad
verdadera en el ser individual. En principio, este error se basa en creer en el
"efecto mágico" de una práctica, lo cual es falso, segundo en creer que no
existen diferencias entre las diversas prácticas de las distintas tradiciones,
lo que tampoco es cierto. No es necesario refutar estas ilusiones con mucho
argumentos, sólo invitamos a observar las disparatadas opiniones de estos seres
confusos y su inconsistente búsqueda de la Verdad.
Que es una tradición
Es un
conjunto de conocimientos y de símbolos que dan acceso, a través de una práctica
determinada, a la perfección del ser humano, es decir a su desarrollo espiritual
y a su felicidad. Cada tradición sagrada tiene un aspecto externo y otro
interno, SINDO el primero su aspecto público y social, y el segundo su aspecto
personal e íntimo. No todos sus seguidores conocen dicha distinción de las
tradiciones sagradas, sólo lo más avanzados en el trabajo espiritual reconocen
un aspecto más profundo de la enseñanza y tratan de alcanzarlo.
Una
tradición sagrada que no haya sido distorsionada a través del tiempo por
intereses externos, anti espirituales, mantiene siempre en armonía a ambos
aspectos, el interior y el exterior. Cualquier tradición de origen sagrado que
pierda uno de los dos aspectos (y el que se pierde siempre es el interior por
ser el más difícil de mantener) cae consecuentemente en la decadencia, cuya
extrema expresión es además la corrupción de su aspecto externo. Para dar un
ejemplo, cuando se enferma el corazón decae todo el cuerpo, y se detiene, el
cuerpo muere. Toda tradición sagrada todavía viva mantiene, sin duda, la
conexión necesaria y vital entre ambos aspectos, el interno y el externo, pues
de ello depende su existencia como tal tradición.
En
consecuencia, las tradiciones, como el resto de las cosas, surgen y decaen, pues
están al servicio del hombre y no al revés. Pero debido a este mismo hecho, es
el propio hombre quien las corrompe con su accionar, como gasta y envilece el
resto de las cosas. Una tradición no es divina por sí misma, ni debe ser adorada
ella, sino Aquel que ella manifiesta, ni debe servirse a si misma con sí fuera
un "organismo autónomo", sino servir al desarrollo espiritual de los seres
humanos. Cuando, por el contrario, cae en todas aquellas fallas, cualquier
tradición se transforma en "devoradoras de hombres", y envilece la vida humana
personal y social.
El
aspecto exterior está caracterizado por una práctica, el interior por un
significado. Como ya sabemos, nos resulta imposible acceder al significado sino
es a través de la práctica, por lo tanto, cuando ésta última pasa a servir al
"organismo autónomo" en que se ha transformado la tradición corrupta, no será
imposible llegar al significado, cultivarlo, mantenerlo, y sólo subsistirá una
práctica degradada al servicio de ciertos intereses mundanos. Este es el "culto
de la abominación" a que se refirió el Profeta Daniel.
La
esencia de una tradición la constituye su significado, por lo tanto debe tender
a conseguirlo. Si una tradición nos presenta solamente una práctica sin
significado la rechazaremos por fraudulenta . Los verdaderos hipócritas son
aquellos que cumplen con el aspecto externo de la tradición y no creen que tenga
un aspecto interno profundo, rechazando a su vez toda evidencia que lo
demuestre. Quienes sostienen las prácticas externas solamente son en su casi
totalidad hipócritas, salvo que presenten una gran incapacidad para percibir el
significado de las tradiciones.
Como
contrapartida, lo que solamente se limitan al aspecto interno, rechazando las
formas exteriores, son "exagerado", "esoterístas" (no verdaderos esotéricos).
Ambos grupos están en el error.
La esencia de la tradición
¿
Qué cualidades debe tener el significado para ser considerados como "la esencia
de la tradición"? En primer lugar debe ser un conocimiento universal, abierto,
no exclusivista. "Universal" significa que se dirige a lo más amplio y
abarcante, sin detenerse en lo individual o particular. "Abierto" quiere decir
que dicho significado nunca se considera acabado, definitivo, ni se presenta a
sí mismo como que se ha agotado en una definición. Excepto que no será "abierto"
como el conocimiento científico actual, el que se considera verdadero mientras
no se demuestre lo contrario, pues este conocimiento parte de la duda, y el
conocimiento tradicional auténtico parte de la convicción. La duda subsiste aún
cuando se haya logrado una demostración, pues es posible que nuevas experiencias
varíen fundamentalmente lo demostrado; la convicción nos asegura de que el
conocimiento logrado es verdadero, y que nunca se modificará, aunque puede ser
profundizado. Profundizar no equivale a un nuevo conocimiento que anule el
anterior, sino que es lograr un nivel de claridad mayor que confirma lo que ya
conocíamos. Es como un área iluminada que va ampliándose y precisándose cada vez
más, sin desmentir lo que anteriormente veíamos en el área más pequeña.
Otra
condición es que el significado no esté al servicio de nadie sea una persona, un
ancestro, un pueblo, una raza o nación, una familia, una era histórica, un
símbolo, etc., es decir al servicio de algo relativo espacial y temporal. En
consecuencia, que no se haga de ese conocimiento una posesión de alguien en
particular, o de un grupo, o de una organización.
Es,
además, un conocimiento cualitativo, que transforma a quienes lo posee. Es
íntimo, personal, y en algunos aspectos, secreto.
Respecto
de esto último, suelen los "esoteristas" alardear del "conocimiento secreto" con
una ignorancia increíble. Ni lo poseen, ni se están preparando para poseerlo, ni
frecuentemente tiene las mínimas condiciones intelectuales o morales para
alcanzarlo. Se imaginan que es secreto como una fórmula química cuyo poseedor no
la transmite por razones que ni ellos mismos pueden explicar con claridad. Todo
esto es fantasía y verdadera ignorancia de los conocimientos secretos. El
"esoterista" tiene el prurito de considerarse a sí mismo elegido para poseer
dichos conocimientos secretos, y sobre tal base se sustentan sus fantasías.
El secreto
El
conocimiento interior, esencia de las tradiciones, es antes que nada íntimo y
personal, aunque no todo conocimiento interior es secreto, sino sólo algunos muy
específicos. En principio, es necesario que dicho conocimiento sea compartido y
transmitido dentro de la comunidad que lo anhela, lo contrario a esto corrompe
al mismo conocimiento. El conocimiento interior que no se comunica y del cual
nadie se beneficia, ni aún el que lo posee, es un conocimiento inútil, y ha sido
descartado por lo maestros espirituales de todas las épocas. En segundo lugar,
el conocimiento profundo por sí mismo rechaza a quienes no son dignos de él,
pues no lo pueden comprender y pasan junto a él sin apreciarlo. En tercer lugar,
todo conocimiento interior verdadero tendrá ciertos ropajes que sólo podrán
reconocer los que son dignos de poseerlo, y esos mismos ropajes lo ocultarán de
los ignorantes.
Una
cuestión especial es la que plantea nuestra época, singularmente inepta, no sólo
para conocer algo profundo, sino apenas para reconocer su ropaje externo. Pasa
junto al conocimiento secreto como pasa el ganado, y aunque se le señale con el
dedo donde buscarlo creerá que es pura superchería. Esta época oculta por sí
misma el conocimiento secreto.
Por otra
parte, lejos están los "esoteristas" de poder percibir el conocimiento secreto,
al que se imaginan dentro de una nebulosa. Secreto es, antes que nada, lo que se
contempla en virtud del grado espiritual alcanzado, es decir de la iniciación
real. Secreto es el grado de iniciación. Secreto son los conocimientos derivados
del tal grado, en tanto y en cuanto estos conocimientos no puedan ser soportados
por todos los seres sin distinción. Y nada más. En el nivel humano solo estas
cosas son secretas, y todas las demás dependen de la aptitud del que las
procura: Si posee la aptitud necesaria podrá captar tal conocimiento, y sabrá
apreciarlo y resguardarlo de los ignorantes; si no la posee permanecerá
ignorante y podrá pasar junto al conocimiento secreto sin darse cuenta de él.
Para que
los "esoteristas" no crean que tienen las condiciones suficientes para
distinguir quienes son capaces de conocer "lo secreto" quienes no lo son,
debemos decir que nadie podrá guardar el secreto sino solamente aquellos que lo
conocen, es decir que han llegado a un grado espiritual de iniciación. Y los
"esoteristas" están lejos de ser iniciados.
Por
último, deseo distinguir entre lo esotérico y el "esoterismo" Esotérico es todo
lo secreto, tal cual lo hemos definido nosotros. En tal sentido, son esotéricos
u ocultos los Conocimientos divinos, no comunicados a los hombres. Dios es
Oculto tanto como Manifiesto, y su Conocimiento es del mismo tipo, tanto oculto
como revelado. Cuando el "esoterista" se ilusiona con el secreto, imagina que
existen ciertas definiciones, frases de poder mágico, ni aún en conceptos
racionales muy elaborados. Es un estado de apertura del alma que recibe esos
conocimientos en forma continúa desde un nivel superior. Son verdaderas
revelaciones personales, y cuando el amigo de Dios es iniciado, hasta sus sueños
son revelaciones.
El ciclo de cada tradición
Ya hemos
dicho que las tradiciones no son eternas, que surgen, cumplen su función y
desaparecen, porque cada una está destinada a satisfacer ciertas necesidades
humanas, según la época, la cultura y la idiosincrasia de la gente. Eso no se
contradice con el hecho de que su esencia sea universal y eterna, aunque su
aspecto exterior esté acomodado a las condiciones del mundo. Deseamos, sin
embargo, realizar ciertas precisiones respecto de estas últimas condiciones.
En primer
lugar, debemos destacar la importancia que tiene, más que la cultura y la raza o
pueblo, el tiempo en que surge una tradición. No se trata de nada "temporal" tal
como lo concebimos hoy, sino del tiempo cualitativo. El hombre actual está
acostumbrado a considerar el tiempo como una línea de puntos, todos idénticos e
indiferentes a las cualidades. Esto no es verdad, lo más maravilloso de la
existencia es la variación cualitativa del tiempo, en el cual se manifiesta
realidades sutiles que sólo los iniciados perciben.
Todas las
tradiciones sagradas han hablado del "cambio de los tiempos" no en un sentido
cuantitativo sino cualitativo. "Lo antiguo" es vinculado por ellas con el
Origen, y por lo tanto con el predominio de un estado superior de cosas. No me
refiero a "lo antiguo" como se lo entiende actualmente, es decir como una "época
superada" por la época actual, como si se tratara de una competencia deportiva.
Lo antiguo es aquello que manifiesta en forma más diáfana las cualidades del
Origen, y por ello sería absurdo que la existencia hubiese comenzado por un
punto bajo, animal, sino más bien por el punto más alto (2).
"Lo
actual" corresponde por lo general a una situación degradada, porque el sentido
del tiempo es ir de lo superior hacia lo inferior, y no al revés como supone el
hombre actual. La degradación se simboliza como una mayor oscuridad, y en la
ciencia espiritual el tempo en general es análogo a un día: amanecer, mañana,
mediodía, declinación, tarde, ocaso, noche.
En
consecuencia, el tiempo verdadero manifiesta aspectos de la Realidad divina, tal
como El quiere manifestarse encada época. Desde el punto de vista del hombre, el
tiempo es un continuo cambio, desde la Realidad divina, que no cambia, es sólo
un reflejo Suyo en el universo. Dijo el más sabio de los maestros: "no insultes
al acontecer (o al tiempo) porque, por cierto, el tempo es Dios".
Lo
paradójico es que El, que no cambia, manifieste el cambio, es decir que el
Principio absoluto parezca "variable" para el hombre. Esto se debe a que siendo
El infinito y el hombre un ser finito, limitado en sus posibilidades, solamente
es el hombre quien percibe el cambio, aunque éste último en realidad no exista.
Le preguntaron al más sabio de los maestros, "¿Cómo
era (o estaba) Dios antes de la Creación?", y respondió "El estaba solo" (es
decir, El no ha cambiado de situación en absoluto, o más bien, el cambio es una
apariencia). Todas las tradiciones han enseñado que el mundo es una apariencia,
que no constituye ninguna realidad por sí mismo.
Por lo
tanto, el ciclo que cumple cada tradición no es algo temporal, cuantitativo,
aparente, sino algo metafísico y real. Se trata de la manifestación de una
Potencia o Atributo divino, con más predominancia que el resto de las Potencias
o Atributos que nosotros podemos conocer. Para dar un ejemplo, el fenómeno de
refracción de la luz produce ciertas ilusiones ópticas, como por ejemplo la
coloración que toma el sol a la media tarde o al ocaso, cuando amarillea hasta
llegar al rojo. Sin embargo, no es el sol el que cambia de color, sino que es el
ojo el que percibe esto debido a la distorsión de la atmósfera. Asimismo, no es
El quien cambia, sino que permanece en Sí Mismo sin variación alguna, es el
hombre quien percibe el cambio, cuando puede ver, como una "coloración" del
tiempo, de acuerdo a las limitaciones del mundo, que obra como la atmósfera
distorsionando la luz. Y así como al mediodía no existe distorsión alguna, así
la época en general tiene un momento de manifestación de su máximo esplendor y
máxima pureza, y en ella aparece la tradición más abarcante y permanente.
En
síntesis, el Atributo o la Potencia divinos que se manifiestan y cualifican a
una época es algo real, no aparente, como es real la luz que emana del sol.
Luego, en su conjunción con el mundo, "colorea" al tiempo de un modo
característico, y es a esto que llamamos propiamente "época" o "era". La
cualidad del tiempo solamente es perceptible por los iniciados, como el color de
la difracción de la luz sólo se hace perceptible al vidente, no al ciego, ni al
desatento. Así como la luz no deja de ser luz a pesar de la coloración que toma
en determinados momentos, El no deja de ser El, aunque aparezca bajo una
coloración que no le corresponde en realidad, y es sólo Su Voluntad la que
determina en todo momento qué "coloración del tiempo", es decir qué era,
manifestara. Sin embargo, no hay cambios en El, pero sí aparecen cambios en el
tiempo.
La Cultura e idiosincrasia
La
tradición verdadera es siempre universal, no racial ni discriminatoria. Sin
embargo, a cada lugar y tipo racial o cultural se adecua mejor una comprensión
particular de las verdades tradicionales, e inclusive cada idioma contiene
ciertas particularidades propias para expresar esas verdades, que una vez así
expresadas, dan la impresión de ser muy diferentes entre sí, cuando en realidad
son en el fondo las mismas.
Es por
esto que cuando una tradición se presenta a sí misma solamente como "nacional" o
"racial", es sin duda una tradición corrupta, puesto que en ella el elemento
"cultural" o de la idiosincrasia ha predominado sobre el elemento universal de
la tradición. Esto se produce por el natural deterioro de todas las cosas
humanas, las cuales a partir de un origen puro y elevado son manipuladas por los
hombres a favor de las tendencias inferiores.
Otro
aspecto del asunto es que también, como ya hemos visto, la tradición tiene su
propio desarrollo, y llega a la plenitud en su mediodía. Ni aún comparando las
tradiciones "nacionales" o "culturales" entre sí, como el cristianismo, el
judaísmo, el hinduismo, el budismo, etc., de modo que de la comparación surja lo
que cada cual contiene como "verdadera tradicional pura", podremos en realidad
tener una imagen de la tradición en sí misma, sin los "aditamentos" que la hacen
más adecuadas a un tiempo y a un lugar determinados. Esto se debe a que dichos
"aditamentos" son necesarios, no secundarios, y que por algo se ha manifestado
la tradición revestida con ellos. Solamente buscando su mediodía, la plenitud de
su manifestación, podemos conocer una versión de la tradición lo más fiel
posible a sí misma, lo más pura, universal y abierta.
Una
tradición particular, de un lugar y de un pueblo determinados, es por cierto una
manifestación divina particular, es decir, una adecuación de la Verdad a ese
tiempo y a ese lugar, tal que sea comprendida por ciertos hombres. Sin embargo,
contiene en sí y se descubren en ella verdades universales, que rompen los
estrechos límites del tiempo y del lugar, y van más allá aún de la compresión
particular de una gente. A esto es a lo que llamamos propiamente "tradición",
mientras que la adecuación respectiva espacio-temporal es un trasunto, verdadero
o corrupto, de la tradición en sí misma.
A pesar
de ello, es imposible que la tradición en sí misma se revele tal cual es, porque
sería incomprensible a los seres humanos, por lo cual aquella adecuación es
necesaria, no secundaria. Y si nosotros queremos llegar a la médula de una
tradición particular cualquiera, no podremos menos que adoptar sus modos
exteriores, sus revestimientos, su idioma y sus claves de comprensión, pues no
existe otro camino. Lo universal se revela dentro de lo particular, así como la
Divinidad se manifiesta sólo a través de las cosas, no en Sí misma.
Por otra
parte, la tradición cumple un desarrollo de su manifestación que no está
sometido a ninguna adecuación externa de tiempo o de lugar. Es equivocado pensar
que la tradición permanece inmutable a través de todos los tiempos, ya que en
realidad, como las fases de la luna, crece, se plenifica y se oculta. El hecho
mismo de cumplir con un ciclo temporal nos obliga a reconocer que la tradición
aparece entre los hombres en diversas fases, y que además se adecua en cada faz
a las condiciones particulares de los seres humanos. Es decir, se produce un
doble acondicionamiento: el propio de la tradición y el propio del lugar y del
tiempo en que se manifiesta. A esto ya nos hemos referido aludiendo a los
momentos del día, sobreentendiendo que en el ejemplo siempre tenemos en cuenta
la relación de la tradición con el ser humano. Si quisiéramos imaginarla a ella
en sí misma, fuera de toda relación con los seres humanos, deberíamos reconocer
que no varía, como la luna nunca deja de estar plenamente iluminada por una de
sus caras a pesar de que nosotros no la podamos ver. Pero esta imagen de la
tradición es ideal, no concreta; y es imposible de hecho que ella tenga algún
sentido con exclusión de los seres humanos, a los cuales beneficia.
Paralelamente a la manifestación de la tradición aparecen ciertos seres que son
como la personificación de esa Verdad, su ejemplo vivo. Ello no contienen la
Verdad en su totalidad, al igual que la tradición no es "toda" la Verdad en sí
misma. Sin embargo, son superiores a sus contemporáneos y pueden captar un grado
de pureza y universalidad de la tradición que sus contemporáneos no alcanzan. En
esto consiste su sabiduría. La jerarquía de estos maestros es paralela a la
manifestación creciente de la tradición, y llega a su plenitud con el mediodía
de la tradición. En dicho momento, el maestro resulta ser la culminación o
síntesis del resto de los que lo han precedido, es el maestro máximo, así como
se encuentra en la plenitud de la iluminación.
Nuestra época
Cada
época considera que lo que le ha antecedido ha sido una preparación para su
momento, como sucede con el día. Y es correcto pensar que el período de mayor
iluminación es el presente, al menos mientras no decline el día. Sin embargo,
nuestra época es de declinación no de crecimiento. Estará de más para ella
considerarse a sí misma como la culminación de algo espiritual, sino que, por el
contrario, como ella misma lo sabe, representa un momento de creciente
oscuridad.
Paralelamente, lo que aparece con toda evidencia es el desarrollo de lo
material, que equivale a la oscuridad precisamente. Esto nos obliga a buscar en
el pasado el momento de mayor iluminación, tal como es posible ubicar el
mediodía cuando ya ha transcurrido. La época actual tiene una aspecto negativo,
representado por la creciente oscuridad, y un aspecto positivo, como es el de
que ya se ha manifestado el mediodía y el máximo maestro. Esto implica que
podemos conocer la tradición en su máxima pureza, universalidad y apertura.
Notas
"Apertura" significa entre los sufis el grado de iniciación a que se ha llegado
en el camino espiritual.
Es verdad
que los maestro de la humanidad también citan ejemplo de la maldad de los que
existieron antes que ellos, pero no se refieren a "lo antiguo" realmente, sino a
tiempos inmediatamente anteriores a su época.
Tercera Parte
La intención es la raíz de todo logro
Todos
percibimos, más o menos claramente, que necesitamos desarrollarnos
espiritualmente y alcanzar así nuestra completitud como seres humanos. Si
llegáramos a convencernos de esta necesidad, y llegáramos a anhelar verla
satisfecha, entonces nuestro viaje espiritual sería muy fácil. En este sentido
hay que tener en claro qué importancia tiene la purificación de la intención, la
cual constituye el trasfondo de todos nuestros actos, la raíz desde la cual
todos ellos brotan. La purificación de la intención es el principal motivo para
que surja en nosotros la necesidad del desarrollo espiritual. Podríamos decir
que todo el desarrollo espiritual está dirigido a ese solo logro.
¿Qué
es la intención?. Es un estado de conciencia o de conocimiento, anterior al acto
que vamos a realizar, o al dicho que vamos a proferir. El mejor ejemplo al
respecto es el de la raíz de un árbol; la raíz es el origen del árbol, sin la
cual es imposible que éste exista. Del mimo modo, sin la intención es imposible
que nuestra acción y nuestro dicho existan y se concreten. Por otra parte, si la
raíz no es fuerte y potente, y no se desarrolla en forma plena y saludable, será
imposible que el árbol llegue a crecer. También la intención es similar a una
raíz, si no es fuerte, y no posee potencia, no podrá concretar nada en absoluto,
y si la intención se asocia a cosas inferiores que las que debe lograr, semejará
a una raíz enferma, cuyo fruto, de poder existir, será un fracaso.
Otro
aspecto de la intención es que no surge como un acto de la voluntad, es decir no
es optativa como el comer o el irse a dormir; es, antes que nada, un acto
intelectual, como una idea o una intuición. La experimentamos en nosotros
existiendo sin que hayamos hecho ningún esfuerzo para producirla. De este modo
la intención pura es como el centro del ser humano, pues siendo la raíz o la
fuente de todos nuestro actos y pensamientos se parece a un centro emisor de
energía que alimenta todas las actividades del hombre.
Sin
embargo, a pesar de que la intención no es voluntaria, necesitamos mantenerla
pura por un esfuerzo de la voluntad, como mantenemos una raíz viva y potente con
nuestro cuidados. Antes que nada debemos saber que toda intención es pura en su
centro, y que toda primera intención es siempre pura (por coincidir con ese
punto de "emisión" de las intenciones que es el núcleo de nuestro ser) pero al
ser "emitidas", cada intención puede mantenerse tal cual era al principio, o
asociarse a algo inferior a ella. Por ejemplo, si imaginamos un rayo de luz en
su centro de emisión o foco, observaremos que allí tendrá la mayor potencia y la
mayor "pureza", en el sentido de que no sufrirá ni asomo de oscuridad. Por el
contrario, a medida que el rayo de luz se va alejando del foco, va "mezclándose"
con algunas sombras, y a la vez se va debilitando. La diferencia es que la
intención "emitida" desde su centro no es una sustancia como la luz material,
sino una cosa espiritual que no se debilita por sí misma, por lo cual, de
permanecer invariable, siempre será pura y fuerte. Puede esa intención, sin
embargo, como un haz de luz, asociarse a ciertas oscuridades y sólo así
debilitarse, y aún tornarse en lo contrario de lo que era en su origen.
La purificación de la intención
¿Cómo
es posible mantener pura nuestra intención?. En primer lugar, debemos realizar
un esfuerzo de la voluntad, alejar de ella toda "segunda intención" –como
se la conoce-, que consiste en asociar a la intención pura una cosa inferior a
ella y que la degrada. Este esfuerzo de la voluntad (dirigido a mantener puros
el pensamiento, el dicho y los actos que realizamos) adopta dos niveles u
operaciones, uno interno, por el cual rechazamos con firmeza y con fuerza toda
segunda intención, no acostumbrándonos a pensar las cosas de ese modo. En
segundo lugar, viene una operación interna, de limpieza de nuestra conducta oral
y práctica, por lo cual evitaremos caer en malas intenciones, sea de palabra,
sea de hecho, como por ejemplo las "malas palabras" en nuestro lenguaje diario,
el insulto, la difamación, las habladurías, el motejar a otros, el burlarse de
ellos, etc. Dicha conducta oral del ser humano es más importante, en principio,
que su conducta práctica, es decir que sus actos. En este primer paso para
evitar caer en pensamientos o de palabra en la corrupción de la intención pura,
el modelo máximo de la mala intención oral es la mala opinión que tenemos de la
Divinidad.
En
segundo lugar, evitaremos acciones que sean nocivas para otros, como mentir,
engañar, estafar, seducir de hecho o de palabra, inducir a la maldad, enseñar
las malas acciones, ejercer la violencia, oprimir al prójimo quitándole sus
derechos o sus bienes. En este segundo aspecto, el esfuerzo por mantener la
buena conducta para que nuestra intención no sea contaminada por la corrupción,
se centra en evitar la mala acción, principal que es la mentira, que representa
el modelo máximo de la mala intención práctica.
Un
capítulo aparte merecerían las malas acciones que provienen de los deseos
excesivos, como la pasión por la comida, por las riquezas , por el buen nombre,
la ostentación de conocimientos , las satisfacciones sexuales aberrantes, y
otras apetencias materiales desmedidas de todo tipo.
Hemos
dicho que la mala intención consiste en asocial la intención pura, que sale del
corazón, a fines inferiores, pero debemos saber que la intención pura la poseen
en un principio todas las personas, en el origen de cualquiera de sus actos, es
como la energía que ilumina la acción y el dicho de los seres humanos desde el
centro del corazón. Pero luego, al pasar al mundo, es posible que la intención
pura se confunda con cosas extrañas a ella, y se transformé en "mala intención",
aunque nunca lo fuera en su origen (Esta expresión "haceos como niños" no
equivale a anular el conocimiento, la meditación y la madurez del hombre, sino
que significa recuperar el estado original de ingenuidad, en el nivel en que el
hombre desarrolla sus conocimientos y su experiencia. Por otro lado, "ingenuo"
no significa "tonto" como hoy en día suponemos, sino "puro", espontáneo.
Equivale a recuperar la claridad y la intuición primeras, por las cuales nada
nos podrá engañar.). La intención es pura originalmente en todos los hombres,
pero luego se confunde con cosas subalternas, y normalmente cuanto más edad
tenga una persona más fácil sea que su intención se corrompa. Este es el sentido
de las palabras de Muhammad "quien llega a los cuarenta sin que sus obras buenas
superen a las malas, ¡que
se prepare para el Fuego (del infierno)."
Podríamos
seguir explicando algunos aspectos más de la intención, pero para el fin que nos
proponemos en este escrito es suficiente con lo dicho.
El tipo de alimento
La
purificación de la intención es el centro del trabajo espiritual, pero requiere
de diversas precauciones. En primer término, cada ser humano tiene una forma
diferente de vincularse con la Verdad. Este es el aspecto psicológico de la
persona, que no debe ser despreciado. También , cada uno pertenece a una
tradición diferente, sea que adhiera realmente a ella, sea que se haya
desapegado por diversas causas que más adelante mencionaremos. Hay pues, un
acondicionamiento personal y otro cultural.
Por otra
parte, cada cual tiene su propia capacidad intelectual. En este sentido habrá
grados de compresión y de realización espiritual, pues cuando mayor sea la
capacidad intelectual mayor será l apertura espiritual, el logro y el grado. En
definitiva, todo se reduce a dicho aspecto del ser humano, que constituye su
esencia, el cual si existiese en un grado menor al indispensable todo trabajo
espiritual resultaría ilusorio.
Sin
embargo, este aspecto intelectual tan importante tiene sus propias falencias.
Una de ellas es que no se libera con facilidad de las ataduras de origen
psíquico, emocional. Otra es que se ve limitado por la ignorancia, que obra como
un a verdadera enfermedad, similar a la enfermedad corporal.
Ya no
hemos referido a la relación intelecto-emotividad en un punto anterior, ahora
sólo deseamos aludir al "combate espiritual", en términos generales, sin entrar
en detalles. Es imposible cumplir la tarea espiritual, la purificación de la
intención, sin un verdadero combate espiritual que plantee las cosas como en una
batalla: enemigo, técnicas, tácticas, objetivos, estrategia. El enemigo
fundamentalmente son las dos falencias que atacan al intelecto, sus ataduras
psíquicas y su ignorancia. Las técnicas y las tácticas espirituales de combate
han sido formuladas por la tradición consecuente y continúa de los maestros
espirituales, en especial del Tasauuf. Al respecto, se deberá obedecer a un
maestro espiritual presente y vivo, nunca a un maestro ausente o muerto (Es una
norma dentro del Tasauuf o "sufismo", que la persona sólo siga a un maestro
vivo, al cual pueda tener acceso, un maestro al que comprenda en su lengua, y
conozca los problemas que se relacionan con la época (en el sentido cualitativo
del término). No se podrá seguir a un libro escrito por un sufi, porque no reúne
las condiciones expuestas. Sin embargo, podrán leerse libros de ese tipo, y
ampliar el conocimiento que ellos expresan con la consulta al maestro.). El
objetivo máximo del combate es pasar del "alma concupiscente" al "alma
pacificada". La estrategia general es mantener la paz, es decir lograr la
felicidad.
Hemos
aludido a dos falencias distintas que atacan al ser humano, una de origen
psíquico, las ataduras emocionales, y otra de origen intelectual más preciso, la
ignorancia. En todo fondo ambas actúan al unísono en contra del desarrollo
espiritual del ser, sin embargo, son bien diferentes. De hecho, las ataduras
psíquicas o emocionales son más fuertes, y la ignorancia más débil, aunque su
importancia es mayor para el desarrollo espiritual. El asunto es similar a lo
que sucede con una mancha penetrante que resulta muy tenaz a ser limpiada, es
preferible, en última instancia, cambiar de traje. Así son las emociones,
"marcas psíquicas" que impregna el ser y lo sujetan aunque no tenga ningún
fundamento para subsistir, solo que no podemos quitarlas. En cambio, la
ignorancia es parecida al cambio de traje, si alguien no posee uno lo
suficientemente bueno, podrá mediante su esfuerzo cambiarlo, y así como con el
cambio de traje se va la mancha, así es que la superación de la ignorancia
produce la desaparición de las falsas emociones, de los prejuicios. Por ello la
superación de la ignorancia es más importante que la existencia de las ataduras
psíquicas o emociones, aunque éstas sean más tenaces y fuertes.
Por
último, si deseamos acertar en el tipo de alimento deberemos renunciar a nuestra
mera elección y deseo. ¿Quién nos asegura que lo que elegimos no sea producto de
"la mancha" y no del intelecto?, ¿Quién nos puede asegurar que no sean nuestros
prejuicios los que determinan la elección, nuestra ignorancia, nuestras
emociones, cuando necesitamos de la mayor claridad y precisión?. El asunto es
vital, enormemente importante, es nuestro destino espiritual el que esta en
juego. Las oportunidades son escasas; el tiempo que dura cada apertura del
corazón hacia la Verdad, lo cual es verdaderamente excepcional en nuestras
vidas, es exiguo, rápido; nuestra preparación es mínima. ¿Qué haremos entonces?.
En primer lugar, sólo confiaremos en lo que conocemos, nunca en nuestras
emociones; segundo, si somos realmente sinceros y tenemos una intención fuerte,
habrá una intuición que nos confirme la correcta elección; tercero, debemos
confiar en un maestro probado, cuyos discípulos sean el fiel reflejo de lo que
nosotros deseamos (al respecto revisar lo afirmado en Págs. 11-12).
La clave
de la cuestión es en principio el maestro, él es quien sabrá mejor que nosotros
el tipo de alimento espiritual que mejor nos corresponde. El verdadero maestro
sólo admite al verdadero discípulo, y el resto de la gente no le interesa. El
asunto es como el del amor, uno desea amar y ser amado, pero no conoce todavía a
quien amar ni es conocido por su amado. Cuándo se realiza el encuentro se
percibe la afinidad o el rechazo, y a partir de allí crecerán el conocimiento y
el amor mutuos. En última instancia, el anhelo de amor como el de conocimiento
es anhelo de lo divino, y si alguien es sincero no hay causa alguna para que la
Efusión Generosa de la Divinidad lo desvíe, y sería absurdo que caiga en el
error.
La
obediencia al maestro y el amor a él son el seguro del éxito. Ambas cosas
comienzan por la confianza, que es signo de la sinceridad. Quien proceda con
hipocresía que se aleje de este camino, porque su búsqueda redundara en su
desgracia, y el maestro será el conducto del castigo en lugar de ser el conducto
de la felicidad.
En base a
la obediencia, se aceptará el tipo de alimento que el mismo maestro nos
suministrará, como el recién nacido acepta el alimento de su madre. No habrá
entonces lugar para cuestionar el alimento, ni motivo de que perturbarse.
El Lugar
El lugar
donde se recibirá el alimento adquiere vital importancia. Por "lugar" aludimos a
la comunidad y al modo de vida que es necesario adoptar. Así como todos deseamos
la mejor comida y para ello nos empeñamos en reconocer el mejor lugar de nuestra
alimentación, así como no desearíamos un chiquero o no desearíamos un chiquero o
no desearíamos un lugar de violencia para alimentarnos, del mismo modo debemos
ser prudentes acerca de dos cosas, la comunidad y el modo de vida que en ella
impera. Todos deseamos alimentarnos en un lugar confiable, limpio, sano deseamos
comer por lo general en nuestra casa con nuestros íntimos, deseamos, por último,
la comida del Paraíso en medio de su exuberante belleza. ¡Qué importancia
adquiere este asunto!.
El
maestro estará definido por su conocimiento, su sabiduría, su ética; la
comunidad por su modo de vida. A ambos debemos poder atribuirles la bondad, al
maestro por lo suyo, a la comunidad por su comportamiento.
Pero
debemos también poder reconocer una comunidad. Por lo general en nuestra época
ésta también suele ser falsa, y así como hay falsarios que pretenden ser
"maestros" hay seres que se mimetizan para simular una comunidad, sen serlo.
Reconocemos a la comunidad por su modo de vida, y este deberá ser el más
adecuado y apto a lo que se pretende llegar. ¿Se pretende la sabiduría, la
purificación, la felicidad ?, pues bien, nada más claro para nosotros que le
modo de vida que hacia ello conduce.... ¿Será
un modo vida artificial, infiltrado de vanidad, vendido a los poderes del
dinero, la competencia y la envidia, del odio... ? ¿Será un modo de vida o
conducta que necesita de las drogas para alcanzar la lucidez ? ¿Será una
conducta una conducta negligente, sin esfuerzo, sin empeño en meditar, estudiar
y dialogar sobre lo superior?. ¿Será una conducta sexual desviada, o
transgresora, o lujuriosa? Como vemos, la cosa es evidente, y no se le escapa
más que a los fantasiosos.
La
simbiosis que debe existir en la verdadera comunidad entre ella y el maestro es
otra clave. Donde no hay identificación y coincidencia entre ambos no existe
comunidad. Donde no se respeta y obedece al maestro no existe comunidad. Donde
se compite en su contra tampoco existe. El maestro está en el lugar de los
Profetas, y nosotros en el lugar de sus discípulos ; si deseamos recibir algo de
él debemos amarlo y respetar su criterio, de lo contrario debemos reconocer ante
él nuestro estado maligno, y él nos dará los mejores consejos la respecto. Quien
no respeta a su maestro no respeta la Señor, quien no lo obedece no obedece a
El. De su boca nosotros debemos esperar la Palabra divina, así como sucedía con
los Profetas. El sabrá conducirnos hacia la felicidad mediante el mejor
alimento.
A su vez,
la comunidad equivale a la humanidad, ella será buena en la medida de su
conducta, y se corromperá por la misma causa. Deberemos observar en ella los
mejores ejemplos, dirigir la vista hacia los principales, no hacia los bisoños o
los débiles. Sin comunidad no hay enseñanza, sin ella no hay Misericordia, como
ha dicho el máximo maestro. La Mano del Señor está con ella, y fuera de ella hay
desvió y hay castigo.
La asimilación
Si para
el desarrollo espiritual son imprescindible la comunidad y el maestro, deberemos
además tener ciertas precauciones respecto de la "asimilación" del alimento
espiritual. En primer lugar, no desesperar por lograr resultados inmediatos.
Segundo, renunciar a hacer aquello que todavía no nos haya sido permitido,
aunque lo hagan otros con menos experiencia que nosotros. Tercero, y muy
importante, alimentarse regularmente, es decir ser perseverantes y constantes en
la asistencia a la comunidad y en las practicas comunitarias e individuales,
pues quien no se alimenta regularmente nada tiene que asimilar, y el resultado
sea su inanición y su segura muerte espiritual. Cuarto, no confiar en
intermediarios no-vivientes, como los libros, aunque sea nutritivo, no es como
un alimento natural, y aún puede llegar a causar la muerte. Quinto, no
desconfiar del maestro en todo aquello que él crea necesario para nuestra
alimentación; esforzarse en tomarla, aún contra nuestro disgusto, ¡ Cuantos han
quedado exánimes por no obedecer lo que les recomendaba quien mejor conocía. No
atosigarse, ser paciente en la alimentación recomendada, no exagerar. Se la
tomará en la medida adecuada, según lo que se nos haya indicado, y si el maestro
nos vedara alimentarnos del algo que asta entonces nos era habitual, deberemos
obedecerlo. Muchos han muerto también de voracidad, de angurria.
El medio social
Otro de
los problemas del desarrollo espiritual, muy agudo, es el del medio social en el
que hemos nacido y nos hemos criado. Es una de las mayores dificultades en el
camino, y tiene que ver especialmente con la comunidad, el maestro y la
alimentación espiritual.
La
"sociedad" es un espeso velo delante de la luz del Conocimiento. Quien pueda
atravesarlo recién entonces estará en el camino del desarrollo espiritual, en el
camino de la Realidad. La "sociedad" es, en primer lugar, la propia familia,
luego los amigos. Este nexo es mencionado por el maestro máximo del siguiente
modo: "Todo recién nacido nace en la esencia primordial, son sus padres (es
decir la sociedad) quienes lo hacen judío, cristiano o mazdeo", lo cual
significa quienes lo desvían de su esencia primordial, porque cualquier religión
es parte de una estructura social, y por lo tanto veladora.
La
sociedad está constituida por las "instituciones", en el sentido anti-espiritual
que tiene toda institución, sea política o religiosa. Es la "tradición de los
padres", en el sentido distorsionado de la Verdad que toda "tradición" vaciada
de la médula significativa tiene para los seres humanos. La Sociedad es en tal
sentido una farsa de la realidad, no la Realidad verdadera.
Esto que
acabamos de afirmar no significa que nosotros detestemos la sociedad humana, que
no la creamos conveniente, y que por el contrario deseemos su destrucción y
reemplazo por la vida silvestre ¡No. Deseamos señalar que el peligro principal
está encerrado en el modo de vida de la sociedad humana, normalmente un modo de
vida corrupto. En este medio, en base a esta conducta, es imposible lograr el
desarrollo espiritual.
Se impone
la conciencia crítica de la sociedad, no su destrucción, sino la advertencia
acerca de ella, el estar prevenido y atento, el no aceptarla en forma espontánea
y complaciente. Si no surge esta conciencia crítica en el inicio del camino,
surgirá de verdad la fuerza suficiente para el desarrollo espiritual, y de
aparecer excepcionalmente esa fuerza sea sofocada por la sociedad circundante.
Debemos
distinguirnos de la sociedad por nuestra conducta, si adoptamos sus usos y
costumbres seremos asimilados por ella y nuestro fracaso espiritual estará
asegurado. Cualquier grupo humano, como una comunidad espiritual, o un grupo de
trabajo, o la misma sociedad, se distingue por su modo de vida. El modo de vida
puede ser elevado o bajo, y puede estar corrupto cuando en él no predominan las
ideas de bien, la justicia, la solidaridad, el amor entre los hombres. Un modo
de vida corrupto es opresor, y cualquier revestimiento con que quiera engañarnos
nos será fácil reconocerlo. Deberemos preguntarnos ¿existe un nivel de justicia
verdadera?, ¿predomina el bien común, la solidaridad social, la lealtad entre
los hombres?, ¿se busca la verdad, se lucha por la justicia?. Si la sociedad no
puede satisface algunos aspectos pero no todos, sepamos que su modo de vida está
viciado, y que nada bueno podrá darnos en procura de nuestra felicidad.
Hay
formas de mimetización de la sociedad corrupta que logran engañar a los mejores,
por ejemplo la forma "democrática". Hay inclusive periodos de su existencia que
resultan sumamente ambiguos, y pueden parecernos gloriosos y como la máxima
expresión del bien, como los periodos "revolucionarios" o de "cambios
profundos". Hay ideologías y lideres que ambicionan insuflar en nosotros la
seguridad de que representan el sumo bien, y pueden desviarnos de la Verdad, aun
a0provechando nuestros mejores sentimientos. En realidad, todo ello es vano,
engañoso, inconsistente; es el resultado de las mejores mimetizaciones de la
sociedad corrupta, que quiere atraernos hacia sí desviándonos de la Verdad.
¿Cómo
podremos identificarlo? En primer lugar, deberemos estar firmes en que no existe
posibilidad de bien ni de justicia verdaderos, duraderos, de no estar asentadas
en una idea trascendente, sagrada. Quien no reconoce gobierno divino es
imposible que nos haga justicia o bien. En segundo término, por lo general los
impostores tienen un modo de vida personal sumamente corrupto, pero se presentan
ante los ojos del público como salvadores. Tercero, por lo general se produce
meramente un cambio de guardia en la opresión, bajo el lema de los "cambios
profundos", la "revolución", la "democracia", etc. Cuarto, los seguidores de
estos movimientos y de estos lideres (la masa) sólo aumenta en ignorancia y en
idolatría, en lugar de aumentar en ella el conocimiento, la purificación, la fe
verdadera. Si los cambios no se producen para la felicidad humana y nosotros
observamos un retroceso del bien, e4notnces debemos concluir que la cuestión es
un puro engaño.
Otro
aspecto e el de las mismas ideologías en que se sostienen estas formas no
espirituales. Son ideologías exclusivamente humanistas, donde las ideas
metafísicas no tienen cabida, y resultarían ridículas a sus seguidores. Sin
embargo, sin ideas metafísicas y prácticas consecuentes es imposible implantar
la justicia y el bien común. La verdadera política es una actividad altamente
metafísica, y la farsa política, generalizada hoy en todo el mundo, es una
actividad engañosa al servicio de los grupos de poder.
Otro
aspecto es el del falso simbolismo de estas tendencias anti-espirituales. Han
desacralizado los símbolos y las ideas sagradas, como el juramento, la fidelidad
a riesgo de la muerte, el martirio, el sacrificio, los símbolos y la misma
divinidad, para aplicarlas a cosas del mundo que no pueden cargar con esas
significaciones. La ridiculez de las naciones modernas, su vanidad, su fatuidad,
su ignorancia, se evidencia en este "detalle" de sacralizar lo relativo y no
trascendente, y se plenifica en la "seriedad" de los "protocolos", las
"ceremonias", y los actos de devoción a cosas sin ningún valor verdadero por sí
mismas. Es la parodia y la profunda estupidez del militar o del gobernante
cuadrado devotamente ante la vanidad.
La
corrupción moral, el enriquecimiento ilícito, los actos de injusticia al más
débil, la opresión de un sistema de exacciones públicas, etc., son otros tantos
aspectos secundarios y derivados, que nos indican cuándo un sistema social es
corrupto y no puede servirnos en absoluto para nuestro desarrolló espiritual.
¿No debemos dejarnos engañar encausando nuestro anhelo de bien y justicia hacia
una cosa tan baja. Ni aún cuando pretendamos justificarnos pensando que nosotros
no participamos de la opresión, sino solamente deseamos apoyar una nueva
oportunidad de bien, no sea lícito alentar a los opresores, pues el que los
apoya es también opresor, aunque no cometa maldades concretas.
Fin
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