

"Centro de Altos Estudios Islámicos"
Artículos

El Arte Y La Belleza En El Islam
Fátimah Yuhainah Hesain
INTRODUCCIÓN
Enfocaremos el tema del arte islámico desde un punto de vista diferente al
comúnmente tratado, que solo apunta hacia el aspecto superficial de las formas
externas, sin interpretar el alma misma del arte islámico, el significado que
subyace en cada una de las expresiones artísticas, y esto no es más que la idea
de belleza que vive en el Islam como cultura.
Pero es esta una belleza no concebida de un modo relativo y cambiante, como
actualmente se afirma. Hoy se ve a la belleza con un valor totalmente subjetivo,
basándose en el argumento de que lo que es bello para un pueblo o una cultura,
una época, e inclusive un individuo, puede no serlo para otras culturas, épocas
e individuos. Cada uno pretende poseer una opinión diferente de lo que es la
belleza, habiendo así tantas bellezas como individuos existen. Es realmente este
un individualismo extremo que al querer derivar todo de la cortedad humana llega
al punto de relativizar toda manifestación cultural, por consideraciones
históricas, geográficas u otras.
Muy por el contrario, el Islam enaltece a la belleza y la concibe como un
atributo divino. “Allahu yamil iuhibbul yamal” dice en árabe, es decir, “Dios es
Bello y ama la belleza” como expresó el Profeta (BPDyC). La belleza divina se
manifiesta en la creación perfecta de Dios, y nosotros la percibimos al observar
por ejemplo una flor, un paisaje, el rostro de un niño y demás maravillas de esa
arquitectura perfecta que es el universo. En todo esto no existen diferencias
culturales, temporales, que limiten a la belleza en sí, la cual es universal.
¿Qué es lo que nos hace coincidir en la percepción de la belleza de lo creado?:
Es que al percibirla nos trae reminiscencia de lo que nuestro ser verdadero,
nuestra esencia primordial humana, llamada en árabe Fitrah, contempló
anteriormente en el mundo inteligible. Es como recordar, como algo que
“resuena”, por así decirlo, en nuestro espíritu. Esta es la verdadera belleza,
en oposición a la “belleza” aparente, la que depende de nuestro deseos y
costumbres, que son fluctuantes. Por lo tanto, la belleza así vista va a variar,
al tiempo que varían las pasiones y apetencias humanas.
La verdadera belleza se dirige al espíritu o intelecto, que recociendo ese
Atributo divino accede a la comprensión de principios a los que no se podría
acceder sino sólo con la comprensión. La verdadera obra de arte resiste el paso
de los siglos al tener un significado intelectual. En cambio la belleza formal
apunta a lo pasional, seduce y conmueve, es como un sabor dulce al principio que
no alimenta el espíritu y que tiene un efecto pasajero.
Por último, el ejemplo máximo de la belleza según el Islam es el Profeta
(BPDyC), la más perfecta criatura. El Sagrado Corán se refiere a él diciendo:
“Tenéis en el Profeta un bello y perfecto ejemplo, para quienes anhelan el
encuentro con su Señor y recuerdan mucho a Dios.” Y dice: “Eres por cierto
(Muhammad!) de una naturaleza extraordinaria.”
EL ARTISTA ISLÁMICO
El arte es en realidad una
forma de vida, que se dirige hacia la perfección no sólo de la obra sino del
propio ser del artista. El arte practicado no es un fin en sí mismo, sino un
medio para la purificación del alma. Esta visión es totalmente diferente a la
occidental, la cual otorga el nombre de “arte” a cualquier expresión de la
fantasía y del capricho. Por otro lado, en la cultura islámica las artes y
oficios principales se inspiran en lo superior, en las enseñanzas de los
Profetas (P) y de los grandes sabios del pasado transmitidas por tradición oral
o escrita.
El artista musulmán se basa en la doctrina del Tauhid o Unidad divina,
esforzándose en unificarse a sí mismo para alcanzar el conocimiento profundo de
la propia vida y el crecimiento del propio ser. Esto no es mera teología ni
constituye simple dialéctica racional, sino el trabajo de auto-crecimiento del
propio espíritu o intelecto, hasta alcanzar la comprensión de la Grandeza divina
y proyectarla antes que nada en sí mismo y luego en sus trabajos artísticos.
Entonces, el artista musulmán se da cuenta de la imposibilidad de limitar la
inmensidad de Dios a una figura hecha con sus manos, en pinturas o estatuas por
ejemplo, porque la Unidad Divina trasciende toda figuración, está más allá del
tiempo y de las contingencias espaciales propias de la imperfección humana, que
se encuentra sujeta a esas restricciones. Por lo tanto, la mejor manera que
encuentra el artista musulmán de sugerir la realidad metafísica es mostrar la
unidad que subyace en la multiplicidad de las cosas del mundo, retrotrayéndolas
a sus formas ideales.
Estas formas ideales pueden ser representadas por figuras de plantas, flores,
pájaros y animales fantásticos, que simbolizan ángeles o potencias del alma
humana. En algunos pueblos islámicos observamos como expresión artísticas la
pintura, esencialmente miniaturas humanas en la ilustración de libros, cuyos
rostros son estereotipados, o sea idénticos entre sí, los colores son intensos,
puros, no mezclados, contrastantes entre sí. Pero lo que en realidad importa en
estas pinturas no es el efecto emotivo sino que más allá del mensaje visual
existe un significado trascendente de lo que esta representado (generalmente un
relato épico o un pasaje de la historia sagrada).
Entre las expresiones artísticas islámicas más puras está la caligrafía, que
surgió sólo con el Islam y a su sombra, pues entre los árabes preislámicos, la
escritura estaba poco difundida. Con el Islam ella se difunde y se incentiva el
conocimiento y alfabetización de los musulmanes. La caligrafía alcanzó el grado
de un arte-ciencia, en donde las letras deben guardar estrictas proporciones
fijadas por la tradición desde antiguo, y que tienen como unidad de expresión al
punto (en árabe nuqtah). Este punto es la unidad de medida de los rasgos de las
letras, y se sustenta en la tradición que dice: “Todo el Corán está contenido en
la Fátihah, y ésta en la basmalah (es decir en la expresión que dice: “En el
Nombre de Dios, el Más Misericordioso, Misericordiosísimo”, con la cual empieza
el Sagrado Corán), y la basmallah está contenida en la Ba, y ésta en el punto
que está debajo”. El punto es a la figura lo que el uno es a los números, y
simboliza a la Unidad Divina. Esto significa que toda la Revelación se resume en
potencia en el punto originador, en el primer trazo del Sagrado Corán.
El calígrafo musulmán toma un versículo coránico o un dicho profético y compone
una figura. La escribe en un círculo, o en la forma de una flor, o de un pájaro,
etc., superponiendo a menudo las letras entre sí, cambiando y estilizando sus
formas, por lo que resulta difícil desentrañar lo escrito. Esto se extrema en
algunos arabescos, como los moldeados en estuco de las construcciones islámicas
andalusíes, en donde la caligrafía está totalmente oculta en una maraña de
zarcillos y flores. Es como si la palabra se ocultara a la mirada, para que
quien observe trate de descubrir el significado con un esfuerzo de su espíritu.
Esto sucede, aunque de otro modo, también con el Sagrado Corán, cuyos sentidos
ocultos deben desvelarse a nuestra visión interior.
La caligrafía es en realidad un camino hacia el conocimiento de uno mismo. Los
maestros calígrafos sólo llegan a ese grado luego de años de aprendizaje bajo la
tutela de un Sheij, es decir un maestro, experimentado, que lo instruye en una
profunda ciencia relativa a los significados de las letras, el origen de sus
proporciones en los diferentes estilos, la educación espiritual o corrección
(adab) en el tratamiento de los textos sagrados, etc.
El principal elemento del calígrafo es el cálamo, la lapicera, antiguamente de
fabricación artesanal, a la cual el Corán le adjudica un valor que excede al de
un mero elemento de escritura. Dice el Sagrado Corán: [Dios] Enseñó con el
cálamo, enseñó al hombre lo que éste no sabía (96:4/5), vinculando de esta forma
el cálamo con la Revelación, la Palabra divina y el Conocimiento. Los sabios del
sentido profundo y oculto del Libro divino dicen que el cálamo representa al
intelecto como primera criatura manifestada. A través de este el hombre
comprende la Revelación y alcanza el conocimiento verdadero, por eso Dios enseña
con el cálamo.
En cuanto a la música, no pertenece al número de las manifestaciones estéticas
puramente islámicas. Sin embargo, existen formas folclóricas en las que no se
mezclan hombres y mujeres. Persisten también, en algunos lugares, antiguas
danzas en las que los hombres bailan con espadas al son de instrumentos de
percusión.
La consideración despectiva de la música en el Islam se debe a su poderosa
influencia en el alma humana, que a menudo conduce a la corrupción y los vicios
éticos, como observamos en las sociedades modernas en donde se generaron
ambientes ligados a la degradación sexual. Sin embargo, sabios musulmanes como
Al-Farabi y Avicena escribieron profundos tratados sobre música, referente a
aquello que tiene de ciencia de la armonía vinculado a las matemáticas y al
simbolismo de números y formas. Existen además en algunos pueblos islámicos la
práctica de la música improvisada, especialmente con una especie de violín
rudimentario llamado rababah que tiene ciertas particularidades armónicas,
además la música como acompañamiento de la poesía o del recuerdo de Dios.
Entre las expresiones puramente islámicas, encontramos la recitación coránica,
en donde la música se da como voz humana, y por otra parte la poesía. En ambas
expresiones, Corán y poesía, se combina la belleza y elegancia expresiva con la
sabiduría del contenido. La recitación coránica requiere varios años de
entrenamiento, además de estar dotado de una excelente voz, y se remonta al
Profeta (BPDyC) quien dijo: “Embelleced la recitación del Corán con vuestras
voces”.
En relación a la poesía islámica, muchos occidentales le han adjudicado
erróneamente un valor sensual y de exaltación del vino y la embriaguez, sin
percatarse que el vino en la poesía mística no es el embriagante que obnubila la
razón, sino que es el vino edénico que no embriaga, como dice el Sagrado Corán:
“Delicia para los bebedores [que no embriaga]» (47:15). Los bebedores son los
aspirantes del amor divino que se reúnen para el Recuerdo de Dios.
En conclusión el tema principal de la poesía islámica es, o bien la ética, la
exaltación de los Profetas, los sabios, los episodios gloriosos en la historia
del Islam, o bien la vida espiritual y mística y no la mera exaltación de lo
sensual y de lo vano.

LA ARQUITECTURA ISLÁMICA
El motivo principal de la
arquitectura islámica es la mezquita y sus elementos constitutivos surgen en la
primera época del Islam luego de la Hégira del Profeta (BPDyC) de La Meca hacia
Medina, donde se construyeron las primeras mezquitas. En el Islam hay un único
templo, eje del mundo: La Ka'bah, en La Meca. El resto de las mezquitas
diseminadas en todo el mundo son como extensiones en el espacio de ese templo
único. Esto explica la profunda comprensión de la Unidad Divina que existe en el
Islam: El único templo, la Ka'bah, representa el Uno divino, y las diversas
mezquitas del mundo son como los corazones de los creyentes que se “tornan”
hacia el Uno. En cada una de las mezquitas está el llamado mihrab, que es como
un nicho construido en la pared que indica la orientación hacia La Meca, lugar
donde se ubica el imam (guía) que dirige la oración. Este nicho en algunas
mezquitas posee un efecto acústico de amplificación, que devuelve hacia atrás la
recitación del imam para que los orantes enfilados detrás suyo puedan escucharlo
y seguirlo.
El mihrab o nicho es a la mezquita lo que el corazón es la hombre. El corazón en
árabe se dice “qalb”, y proviene del verbo qallaba que significa “volver” o
“tornarse”. El corazón del hombre deja de fluctuar erráticamente y se vuelve
hacia su Señor orientándose hacia la dirección sagrada, y desde allí desciende
la Palabra divina y penetra en el corazón, en la concentración de la plegaria
islámica, y en esto se repite lo ocurrido con el Profeta (BPDyC): “Es (el
Sagrado Corán) en verdad la Revelación del Señor de los seres. Descendió con él
a tu corazón (Profeta) el Espíritu Fiel (Gabriel, el Espíritu Santo) para que
fueras uno de los advertidores, en una lengua árabe purísima” (26:192-195).
La mezquita cuenta además del Mihrab con una cúpula, que simboliza al cielo de
las realidades metafísicas permanentes, mientras que la base del edificio,
generalmente cuadrada o rectangular, representa la tierra y el mundo. Entre
ambos puede haber un capitel octogonal, que simboliza el mediador entre el cielo
y la tierra y al Trono divino, que en la interpretación mística islámica es el
mismo Profeta (BPDyC), evidencia y misericordia para los seres.
Los minaretes se elevan a gran altura de manera que se puedan distinguir desde
lejos. Son un faro de luz y sonido, desde el cual el muecín o convocador llama a
la oración a los hombres dispersos en el mundo exterior, para unirse en la
oración al Único. Los minaretes son como los sabios en la sociedad, que como
dijo el Imam Alí: “Son como las estrellas del cielo que permiten a los hombres
orientarse”. “Los sabios son los herederos de los Profetas” según un dicho
profético, porque convocan a los hombres hacia lo que los purifica y eleva.
Las columnas o pilares que caracterizan a las mezquitas se enfilan en dirección
a la Qiblah (que así se llama la orientación hacia La Meca), y representan los
“pilares” de la fe, como los creyentes verdaderos, de los cuales el Profeta
(BPDyC) dijo: “Son como los ladrillos de un edificio que se apoyan y refuerzan
unos a otros”. Los creyentes son el sostén de la sociedad islámica justa.
El minbar o púlpito es una escalera de madera que conduce a un estrado
generalmente coronado por una pequeña cúpula de madera labrada y decorada. En
este lugar se ubica los días viernes el disertante (al-jatíb) para realizar la
disertación de los viernes. El púlpito tiene su origen en la época del Profeta
(BPDyC) cuando un discípulo suyo que era carpintero construyó un estrado de
madera, a fin de que el Profeta pudiera ser visto y escuchado por todos los días
viernes.
Existe además en las mezquitas un patio central, generalmente con una fuente de
agua. El patio interior simboliza el alma humana purificada, abierta a las
mercedes de su Señor. El agua de la fuente simboliza la misericordia divina que
desciende del cielo, y fluye por los valles (almas humanas) según su medida
(Corán: 13:17) vivificando la tierra después de muerta (2:164). Los ingenieros
hidráulicos musulmanes han realizado trabajos sorprendentes en el manejo y
distribución del agua en mezquitas y jardines.
Por otra parte, artesanos musulmanes desde antiguo han competido en la
iluminación de las mezquitas, las mishkauat (singular mishkat) son las lámparas
de cristal fina y bellamente decoradas, cuyo nombre y simbolismo se inspira en
el famoso versículo de la luz que dice: Dios es la Luz de los Cielos y de la
tierra, el ejemplo Su Luz es como el de un nicho en el que hay un pabilo, el
pabilo está dentro de un cristal, y el cristal brilla como un astro reluciente.
Se enciende (esta lámpara) del aceite de un árbol bendito, un olivo, que no es
ni oriental ni occidental, y arde aunque no le roce el fuego, es Luz sobre
Luz... (24:35). Es la luz de la Presencia divina en todas las cosas y sobre todo
en el corazón humano.
En conclusión, todo verdadero musulmán creyente es, en definitiva, un artista.
Un artesano que moldea su propia alma como a un diamante en bruto, para hacer
surgir de ella sus mayores fulgores. Sigue naturalmente el curso del talento que
Dios le otorgó, y lega a sus semejantes bellas obras de arte, o de conocimiento,
o bien de meros ejemplo de su conducta.
Dice el Sagrado Corán sobre el Profeta (BPDyC) y sus verdaderos seguidores:
“Muhammad es el Mensajero de Dios, y quienes están con él son tenaces con los
impíos y misericordiosos entre sí. Los verás inclinados o prosternados
procurando la Gracia de Dios y Su Complacencia. Tienen la marca sobre sus
rostros como huella de la prosternación. Tal es su ejemplo en la Torá y en el
Evangelio, como el de una semilla que crece, se fortalece y se yergue firme
sobre su tallo, para maravilla de los sembradores y para envidia de los impíos.
Dios ha prometido a los creyentes, los que obran el bien de entre ellos, una
Indulgencia y recompensa extraordinaria.” (48:29).
Fin
Prohibida su reproducción total o parcial sin citar las fuentes: "Centro de Altos Estudios Islámicos" www.senderoislam.net