"Centro de Altos Estudios Islámicos"

 

Conferencias

 

 

Manual del Islam

 

  CAPITULO PRIMERO: DOCTRINA Y TRADICIONES

  

Introducción al Islam

 

EL MENSAJE DEL SAGRADO CORÁN Y LOS PRINCIPIOS FUNDAMENTALES DEL ISLAM

 

1. Islam proviene de una raíz verbal árabe a la que se asocian otras palabras, tales como «salám» (paz), «sálim» (salvo, sano), «múslim» (musulmán-sometido). Islam literalmente significa «sometimiento a la Voluntad divina», que se expresa acatando a Dios, al Profeta Muhammad (BPDyC), y al Sagrado Corán, el Libro revelado al Profeta. En realidad, el sentido esencial de la palabra Islam es el de pacificación y tolerancia.

El Islam no es meramente una «religión», es decir, una parte más en el conjunto de la cultura humana, sino un modo de vida, llamado en árabe «Din», una cultura o civilización completa, que comprende tanto un sistema moral, como una cosmología, una metafísica, y también una concepción y sistema político, económico y social, con su pertinente legislación. Esta fue la característica de toda verdadera Revelación, como el judaísmo y el cristianismo, aunque de ello no perduren ejemplos en la actualidad, salvo el Islam.

2. Origen intemporal: Islam es el Mensaje que siempre fue revelado a todos los Profetas y Mensajeros (BP), y comunicado a todos los pueblos por una sucesión ininterrumpida de Enviados divinos, que transmitieron a la humanidad el mismo Mensaje esencial, desde que ella existe. Pero varían las devociones del culto, y algunas prescripciones normativas, que se adecuan a las condiciones cambiantes de cada pueblo y cada época. Históricamente el Islam surgió en el siglo sexto después de Cristo, en la península árabe, y la primera revelación del Sagrado Corán al Profeta (BPDyC) data del 611, hace casi 1400 años.

En un sentido más profundo todavía, el Islam sostiene que su enseñanza está presente en la naturaleza misma del hombre, en su esencia pura o primordial (llamada en árabe al-fitrah), por lo cual sólo debemos reconocer en nosotros mismo dicha enseñanza, en la condición espontánea y natural de nuestro intelecto y de nuestra alma. El Islam como Mensaje es, entonces, algo que permite al hombre conocerse a sí mismo, reencontrarse con su esencia.

Por último, el Islam es la forma final y completa de todos los Mensajes revelados. Todos ellos fueron esencialmente revelados para que el ser humano reconociera y se sometiera a su Señor, pero cada uno de esos Mensajes era especial para un pueblo, una cultura, una época determinada, y los Mensajeros respectivos fueron exclusivos de sus pueblos. Por el contrario, el Islam, como Mensaje final y perfecto, es para todo tiempo y lugar, todo pueblo y cultura, y el inmaculado Profeta (BPDyC) un Mensajero para toda la humanidad, sin diferencias de raza o de cultura.

El Islam es, especialmente, la doctrina adecuada a nuestro tiempo, una época de universalización, donde todas las culturas y civilizaciones anteriores se confunden en una sola. La historia no es lineal y siempre la misma en la concepción islámica, hay numerosos ciclos, y el nuestro es el llamado Fin de los Tiempos, porque con él se cierra un ciclo grande de la historia. (En esta misma obra hay un capítulo al respecto).

3. La universalización de la Revelación y sus etapas: La historia gira para el Islam alrededor de la Revelación, y de los maestros de la humanidad que la transmiten, es decir los Mensajeros y Profetas, con todos ellos sea la Paz. Incluso la ciencia y el arte, toda verdadera «cultura» humana, tiene un origen superior. Esto lo podemos comprobar en las auténticas tradiciones antiguas, y en las enseñanzas sagradas de todos los pueblos, las cuales hablan de un maestro primordial que en el origen les enseñó las artes (es decir las técnicas benéficas), la vida en común (las normas éticas y jurídicas), y la sabiduría.

Normalmente la Profecía tuvo un carácter restringido, porque el mundo se dividía en «sectores» culturales separados, cada cual con su propia tradición sagrada. China, India, las diversas culturas americanas, europeas y africanas, aparte del Cercano Oriente antiguo, eran como «mundos» aislados unos de otros.

En cierto momento se produce un cambio profundo: La Revelación se hace universal, anticipándose así al advenimiento de la época actual, en la que han caído todas las fronteras. Tal proceso es anunciado por Jesús, el Mesías hijo de María (P), el último Profeta de la Torá, que alude al Islam como el Reino de Dios esperado.

El cristianismo implica, también, una proyección universal, pues se dirige a todos los hombres, no a un solo pueblo, pero se extiende principalmente hacia occidente, demostrando así no ser tan englobante. El Islam, en cambio, es plenamente universal, se extiende a Oriente y Occidente, y aún lo sigue haciendo a grandes pasos.

4. ¿Cuáles son los Principios básicos que presenta el Islam?: Sostiene básicamente cinco principios, sin reconocer diferencias de raza, cultura o posición social para admitirlos. Ellos deben ser aceptados racionalmente, no como dogmas exclusivos de fe:

1) Creer en Dios (Allah), Uno y Único, no representable, Quien no se materializa o encarna, no procrea ni es procreado.

2) Creer en un mundo superior, de luz (angélico), pues nuestro plano espacio-temporal no es el único que existe, sino que hay numerosas dimensiones superiores, con su propia organización.

3) Creer en los Libros y Escrituras reveladas, particularmente el Sagrado Corán, única Revelación que permanece inalterada. También se deben aceptar la Torá o Pentateuco, los Salmos, y el Evangelio, con la precaución de que sufrieron alteraciones para adecuarlas en cada época a los intereses de la casta gobernante y del sacerdocio.

4) Creer en la Profecía, los 124.000 Profetas y Mensajeros enviados a los hombres, a todos los pueblos y culturas, razas y épocas, desde que existe la humanidad.

5) Creer, por último, en el retorno al Principio de todas las cosas, para el Juicio Final.

El Sagrado Corán anuncia de este modo los cinco principios: ¡Los que habéis creído!: ¡Creed en Allah y en Su Mensajero [Muhammad], y en Libro [el Sagrado Corán] que El hace descender paulatinamente a Su Mensajero, y en el Libro que El hizo descender anteriormente [la Torá y el Evangelio]! Porque el que sea impío a Allah, a Sus ángeles, a Sus Libros, a Sus Mensajeros y al Día Final [del Juicio] se habrá desviado en un error extremo. (4:136).

Los principios mencionados deben ser comprendidos y aceptados por el intelecto, no hay en ellos misterios que la razón no pueda alcanzar. En el Islam se privilegia el conocimiento antes que la obediencia ciega o cualquier dogmatismo. (Al final de esta parte trataremos con más detalle del significado particular de los principios expuestos).

Los cinco principios son complementados por la tradiciones confirmadas (textos externos al Sagrado Corán), provenientes del Profeta Muhammad (BPDyC) y de sus continuadores y compañeros, que tratan sobre temas diversos, éticos, devocionales, profecías, etc., y que son utilizados para de las diversas interpretaciones de las escuelas de pensamiento del Islam. Dichas escuelas no constituyen sectas religiosas propiamente dicho, sino orientaciones dentro de la misma doctrina, que no ponen en cuestión ninguno de los principios.

 

Las fuentes doctrinarias del Islam

Las fuentes o referentes básicos del Islam, de las cuales éste extrae sus principios y prácticas, interpretaciones, y todo tipo de enseñanzas posibles, son, antes que nada, el Sagrado Corán, la Revelación del Señor de los seres, y el Profeta Muhammad (BPDyC), Mensajero de Allah y modelo perfecto a imitar. De ambas fuentes se extraen todos los conocimientos, mandatos o disposiciones, que permiten al Islam existir como comunidad organizada, y sirven de guía al individuo en su vida social, familiar, y espiritual o íntima.

1. El Sagrado Corán es la palabra revelada por el Señor de los seres a Muhammad (BPDyC), por intermedio del Ángel de la Revelación, el Espíritu Santo, llamado Gabriel. Esto es aceptado por todos los musulmanes sin discusión. El Libro no es la palabra misma del Profeta (BPDyC), aunque él lo recibió, lo repitió, y fue escrito inmediatamente por sus amanuenses.

2. En un nivel inferior está lo que se conoce como «Sunnah»: costumbre, práctica, enseñanza del Profeta (BPDyC), transmitida por la tradición llamada «hadiz», es decir «narración» o «relato», que posteriormente a la desaparición del Profeta (BPDyC) se puso por escrito. Existen numerosas colecciones de «hadices» o tradiciones, es decir, dichos, consejos, interpretaciones del Sagrado Corán, dictámenes jurídicos, profecías, etc., expresados por el inmaculado Profeta (BPDyC), todo lo cual constituye un cuerpo de doctrina paralelo al Sagrado Corán, pero imprescindible para interpretarlo y aplicarlo. Esto es similar a la relación que hay entre una constitución y un código de leyes, o entre un código y su reglamentación.

Dichas colecciones de tradiciones fueron analizadas concienzudamente por sus autores, para que no se infiltraran en ellas narraciones falsas o tergiversadas, y aún hoy siguen siendo estudiadas y discutidas por los sabios.2

El hecho de que el Profeta (BPDyC) concite tanto estudio en el Islam, se debe a que él constituye el modelo a imitar por todos los musulmanes de todas las épocas. Es el hombre perfecto, base y centro de su comunidad en todos los aspectos. Su conducta y enseñanza no sólo complementa y amplía la del Sagrado Corán, sino que también es guía e inspiración para la vida interior, para la conducta familiar y matrimonial, la educación de los hijos, la convivencia social, la amistad, la vecindad, el proceder de los gobernantes, y en general toda la vida ética.

3. Accesoriamente, existen otras dos fuentes del Islam: el Iyma’ o consenso de los sabios de la comunidad, sobre un punto determinado en discusión, y el ‘Aql o intelecto individual. El consenso tiene aplicación, por ejemplo, en las cuestiones que actualmente se debaten acerca de la inseminación artificial, la donación de órganos corporales, la fecundación «in-vitro», la eutanasia, los viajes espaciales, la clonación, etc., todo lo cual preocupa a los sabios del Islam, y los obliga a definir soluciones.

Cada una de las cuatro fuentes mencionadas responden a un orden, como en un triángulo: el vértice es Allah (Dios), hablando en el Sagrado Corán, luego viene la conducta del Profeta (BPDyC), a continuación el nivel de la comunidad, y por último el nivel individual, base del triángulo, representado por el intelecto, que en el Islam es el fundamento de la comprensión racional de las cuestiones, y la puerta de la fe.

4. El campo doctrinario del Islam fue dividido en dos partes básicas, para facilitar el estudio de sus fuentes: Usúl (fundamentos), y Furú’ (prácticas derivadas). La primera incluye los principios ya expuestos anteriormente, más todo un cúmulo de principios accesorios, devocionales, éticos, jurídicos, sociales y familiares, a veces propios sólo de una escuela de interpretación. La segunda parte comprende todas las normas que rigen la vida social, económica, política, y familiar del individuo. Por ejemplo, en el primer sector, el de los fundamentos, se establece la forma y condiciones de la oración, del ayuno y la peregrinación a la Ka‘bah (el Templo situado en Meca, del cual luego hablaremos), además de los deberes debidos al nacimiento (circuncisión, etc.), y a la muerte, entre otras numerosas cosas. En el segundo sector, el de las prácticas derivadas, se establece la forma y condiciones de las transacciones comerciales, la herencia, las penas por delitos, etc., es decir todo lo que concierne a los actos jurídicos, al estado civil de los sujetos, y a sus derechos personales.

 

La sabiduría de los principios del Islam

Los cinco principios del Islam son guías certeras para que nos liberemos, y no caigamos en ninguna idolatría, nos conozcamos a nosotros mismos, y alcancemos a la felicidad. Ellos se pueden investigar confrontándolos con nuestras opiniones, consultando a los sabios, estudiándolos, todo lo cual no está prohibido en el Islam, sino que por el contrario es de lo más promovido. Pero una vez aceptados, esos principios deben ser asumidos en su integridad, de lo contrario caeríamos en la hipocresía.

El primer principio es que Dios es Uno y Único, no definible, no representable. No existen estatuas, ni seres que lo puedan representar, ni aun los Profetas son Dios «en persona», porque Dios no es un ser humano, o cualquiera otra entidad limitada. Su Realidad es superior a la realidad de cualquier cosa particular. Además, todo ser, o toda persona que nosotros podamos conocer, es algo limitado en su contextura física y mental, idea totalmente inadecuada para Allah (Dios).

La palabra Allah es la mejor para nombrarlo, y es la que utilizaron los Profetas (P) del Cercano Oriente para ello, sea bajo una u otra variante (Eloh, Elohim, Elí, Il, etc.). Su antigüedad y características la privilegian sobre el resto de las denominaciones, porque no tiene plural ni género femenino, y su forma actual, Allah, constituye un símbolo y síntesis de la Realidad (la "A" como el Principio, las dos "l" como ambos planos, el de la Manifestación, metafísico puro, y el de la Creación, y la "h" final como la Meta o Fin de todas las cosas, es decir Allah Mismo).

El segundo de los principios es que existen mundos superiores a este plano, mundos de luz, a los que estamos invitados a ascender después de esta vida. La espacio-temporal no es la única realidad existente, hay numerosos universos superpuestos, en cantidad increíble, a los que el Sagrado Corán menciona como «ángeles». Se trata de los mundos o ámbitos donde residen esos seres.

El tercer principio, el de la Revelación, significa que Dios no es mudo, habla con los hombres, les envía los Libros sagrados, les otorga Sabiduría. Los Libros sagrados o Revelaciones fueron comunicados a nosotros por los Profetas, con ellos sean la Bendición y la Paz, todos los cuales trajeron el mismo Mensaje esencial, la enseñanza de la Unidad Divina (Al-Tauhíd) -tema sobre el cual incluimos un capítulo en esta obra-. La Revelación es un hecho universal, se dirige a toda la humanidad. Cuando Allah envía un Profeta a un pueblo determinado, es la Palabra divina la que se dirige a ese pueblo, así como ella se dirige en el Sagrado Corán a toda la humanidad, sin distinciones.

Prueba de que existe Revelación divina, es que también cada uno de nosotros recibe particularmente inspiración de Dios, al menos una vez en la vida. Aún más, cuando alguien abre el Sagrado Corán, Dios nos habla por intermedio del Libro, como dijo Alí: «Cuando quiero hablar con Allah, hago una súplica, cuando quiero que El me hable, leo el Corán». Allah (Dios) platica con nosotros continuamente, a través de los sueños, de las inspiraciones, de los buenos sentimientos, del amor a la humanidad.

El cuarto principio es la creencia en los Profetas, que fueron 124.000. Esta creencia se basa en la necesidad de un Mensaje general, a todas las personas, que sirva de guía a la vida social y familiar, y de ejemplo concreto de cómo ese Mensaje se interpreta y se aplica. El primero de los Profetas fue Adán (P), el padre de la humanidad, y el último y cierre de la Profecía, Muhammad (BPDyC).

Entre los Profetas los cinco más importantes para nuestro ciclo son Noé, Abraham, Moisés y Jesús, además de Muhammad, gracias a los cuales se universalizó paulatinamente el Mensaje divino, culminando en el Islam, la más universal y englobante de todas las doctrinas reveladas. Antes del Islam cada pueblo en particular recibía su Mensaje, pero desde ahora toda la humanidad será como una sola familia o pueblo, y tendrá un mismo Mensaje universal y englobante, esencial y sintético.

Para el Islam la humanidad es el pueblo elegido, ya no lo son los pueblos particulares. Y la corona de la Profecía es Muhammad, con él sean la Bendición y la Paz, su Descendencia y compañeros fieles, pues él es el último de los Profeta Mensajeros, y el portador de la Revelación más cumplida.

El quinto y último principio es creer que hay un Día Final, que así como cada cosa tiene un principio y un fin, todas en su totalidad también lo tienen, y tal es el Día del Juicio, en que todo retornará a Dios. Ese Día no subsistirá más que Su Rostro, como dice el Sagrado Corán: Todo cuanto hay en ella [la existencia] perecerá, y sólo perdurará el Rostro de tu Señor. (55:27).

La característica de estos cinco principios es su racionalidad, es decir que es posible analizarlos, y fundar sobre ellos nuestra certidumbre. Nadie está obligado a aceptarlos a la fuerza, sino que debe preguntar al respecto, con respeto y afán de conocerlos, como se hace cuando se estudia una ciencia. El Sagrado Corán nos invita a que confrontemos con él, y que de ese modo nos convenzamos, pues si no podemos persuadirnos por nuestra cuenta, venciendo nuestras dudas y objeciones, nunca podríamos de verdad creer en nada. Cada musulmán es invitado a ser ejemplo del Islam, con su convicción y con su conducta, y a no caer en la actitud del hipócrita calculador.

 

Las cinco prácticas

Aparte de los cinco principios, existen cinco prácticas, que abarcan los aspectos espiritual y corporal, y se desarrollan de día o de noche, diariamente, en el mes, o en el año, que exigen ya sea actuar o abstenerse, y comprenden tanto la palabra, como la acción, y el alimento. Conciernen al hombre y a la mujer por igual, y no sólo a la conducta sino también a los bienes. Para abreviar, las mencionaremos meramente, sin desarrollarlas en su amplitud: La oración, la contribución obligatoria de bienes y la caridad, el ayuno, la peregrinación a la Ka`bah (el Templo situado en Meca). La declaración de fe islámica, que dice "testimonio que no hay Divino más que Allah (Dios), y testimonio que Muhammad es Mensajero de Allah" se cuenta como una práctica, a pesar de ser meramente oral e intencional, porque constituye el fundamento del resto de las creencias y prácticas. Por fin, algunas escuelas cuentan a la aceptación de la Uilaiah, la primacía del conductor o Imam del Islam, tanto en lo espiritual como en lo político, como la práctica de fe más importante.

Complementariamente, la ética islámica impone un conjunto de reglas morales, de conducta, y de cortesía que son parte esencial de la vida cotidiana del musulmán.

 

El universalismo del Islam

El Mensaje del Islam es de paz, de convivencia, de plenitud del ser humano. Es un mensaje universal, y en ese sentido permite hoy que todas las razas, todas las culturas, los pueblos de diversas idiosincrasias y tipos humanos, estén integrados al Islam, negro, amarillo y blanco. Es una única doctrina universal, de un universalismo verdadero (porque hay muchos universalismos falsos), que ha podido a través de cerca de mil cuatrocientos años reunir a los hombres de los más diferentes orígenes raciales, culturales y sociales, en un ámbito común, no solamente teórico sino también práctico. Así, cada vez que se realiza la Peregrinación a Meca se encuentran todas las razas y todas las lenguas, hermanados los seres en un enorme congreso de paz. Lamentablemente, de lo único que se ocupa la prensa occidental respecto de la Peregrinación es de publicar algún accidente o disturbio. Pero que tres millones de personas realizan la mayor asamblea popular de la paz actualmente conocida, que reúne a negros, blancos y amarillos, eso nunca se publica.

Creemos que el Islam es necesario para la humanidad, porque constituye un camino probado hacia la paz y la justicia. El número de los musulmanes tiende a crecer día tras día, como evidencia de la vitalidad y de la proyección futura de esta creencia. Sus seguidores son cientos de millones, y cada día aumentan, en Europa, en Asia, en África y América.

 

DIOS EN EL ISLAM, Y LAS VÍAS DE SU CONOCIMIENTO

Como ya sabemos, lo que hoy se llama «Islam» nace con el primer hombre, Adán. Es una doctrina que atraviesa los siglos, de una civilización a otra, enseñada por los maestros de la humanidad, llamados Profetas o Mensajeros, de los cuales hubo 124.000, entre ellos los que se mencionan en la Biblia. Claro que los que ésta nombra constituyen la tradición céntrica y más importante, la de Abraham (P), tradición universal que se ha impuesto en el Fin de los Tiempos, nuestra época.

En el Islam todo tiene que ver con Dios, pero a éste no se lo concibe tal como en occidente. Con esto no aludimos a ninguna teología en particular, sino sólo a la idea vulgar de «Dios» como «persona» que tiene la mayoría de la gente. Dios en el Islam no es nunca mencionado al igual que una persona, sino que se presenta universal, el Principio absoluto, el Poder absoluto. Inclusive, cuando el Sagrado Corán dice «el oído de Dios», o «la vista de Dios», o «la palabra de Dios», o «la Mano de Dios», o «el Rostro de Dios», o que El es «Oyentísimo», «Videntísimo», etc., ello se comprende metafóricamente, según lo explican los sabios. De aquí partimos ya de una bifurcación tan grande sobre la idea de Dios, que no hay más parangón entre esa idea en el Islam, y la misma en occidente.

Por ejemplo, para el Islam no existe la trinidad, y ningún Profeta, ni Jesús ni otros, afirmó ser Dios en persona. Los Profetas son seres humanos, ejemplos de la sabiduría máxima, que se han distinguido del resto por sus virtudes, no por ser divinos. Por otra parte, de Dios sólo se puede conocer lo que El dice en la Revelación, en el Sagrado Corán, por ejemplo, mientras que en occidente se ha intentado conocer teológicamente la «esencia divina», o la «naturaleza de Dios», lo cual está más allá de la capacidad racional humana.

 

Realidad divina, autoconocimiento e idolatría

A pesar de lo dicho, Dios es para los musulmanes algo real, constante, presente, e inclusive creemos que racionalmente es imposible discutir Su Realidad, como lo ha intentado la filosofía moderna.

El Islam parte del fundamento de un Principio universal y absoluto, Allah, que da sentido a todas las cosas. Si yo Le conozco, puedo conocer todo gracias a El. Si no Le conozco, es imposible incluso que a mí mismo me conozca, aunque sepa muchas cosas. Pero ¿cómo Le conozco?: En primer lugar, El revela acerca de Sí Mismo aquello que conviene conocer; en segundo lugar, Su Creación da testimonio de El; y en tercer lugar, Le conozco conociéndome a mí mismo. Uno de los principios de la sabiduría islámica dice: «El que se conoce a sí mismo, a su Señor conoce». No existe nada externo que en última instancia represente a Dios, sino que lo más importante es el camino interno, en el que cuando intento conocer a Dios me conozco a mí mismo, con una realidad mucho mayor a la que acerca de mí me puede transmitir cualquier ciencia externa.

Se dice en el Islam La Ilaha illa Allah, no hay Divino sino Dios, El es la única Divinidad Real. Todas las demás cosas que el hombre toma como divinas son ficticias, todo lo que piensa, lo que puede definir, lo que puede percibir por sus sentidos, captar con el pensamiento, imaginar, no es Dios. Tal es en su pureza la doctrina islámica sobre la Unidad divina, llamada al-Tauhíd.

La frase La Ilaha illa Allah, constituye la afirmación central del Islam, cuya primera parte es contraria a toda adoración: Como dijo uno de los grandes sabios del Islam, si nos detenemos en La Ilaha, no hay Dios, somos ateos, y cuando afirmamos illa Allah, sino Dios, somos creyentes. La Ilaha suprime todos los falsos dioses, los ídolos de toda laya que el insensato forja. Cuando el Profeta (BPDyC) entró en Meca, derribó las estatuas paganas del Templo de la Ka‘bah, que eran adoradas como dioses. Pero el insensato no sólo forja estatuas materiales, sino que inventa ideas totalmente fantasiosas, o se somete a vicios y tendencias bajas, adoptándolas como divinas, y de este modo se desvía de la Realidad-real, Dios.

Necesitamos de La Ilaha, para cortar con todos los ídolos, porque el hombre contamina su pensamiento acerca de Dios idolatrando cosas inferiores a sí mismo. Entonces debemos «des-idolatrar» nuestro corazón, nuestro pensamiento.

Dijo el Profeta (BPDyC): «Dios está en la opinión que Su siervo tiene de El». Es decir, si el siervo tiene una opinión elevada de su Señor, él mismo se eleva, si tiene una opinión pequeña o degradada, él mismo se degrada. Dice el Sagrado Corán: Hacia donde os volváis he aquí el Rostro de Dios (2:115). Por eso es imposible no tener alguna idea acerca Suyo, pues El predomina en todo. Pero esa idea debe ser única, extraordinaria, singular, no semejante a ninguna otra, ni que asemeje a Dios a nada, porque El no es algo común, ordinario, sino que es Extraordinario, Singular y Único. "El es una Cosa distinta al resto de las cosas", como dijo un sabio, por lo cual no se Le aplican las mismas condiciones que definen a las cosas, y en realidad de El no existe definición racional alguna.

¿Quién es Allah?

Allah en Sí Mismo es indescriptible, indefinible, inexpresable. Dijo el Profeta (BPDyC): «No habléis sobre Dios en Sí Mismo, hablad sobre su Creación», en el sentido de que nadie puede definir a Dios, como se ha pretendido.

Dios no es una cosa cuya naturaleza podemos captar, tal como solemos captar al resto de las cosas. Si fuera una naturaleza entre otras, sería un ser limitado, y si fuera limitado, no sería Dios, pues lo limitado es imperfecto, perecedero, indigente, dependiente de otro, que lo crea y lo sostiene. Dios debe ser real, pleno, perfecto, infinito, superior, amable e imitable (acatado), pues de lo contrario se igualaría al resto de los seres, y por lo tanto, no sería Dios. Debe ser, en definitiva, heterogéneo a Sus criaturas, pues de lo contrario sería como ellas, imperfecto y perecedero.

Creer que mediante un acto meramente intelectual, teórico, es posible definir a Dios, equivale a concebirlo como una cosa captable por los sentidos, manipulable por nosotros, uno más entre otros seres limitados, y por lo tanto imperfecto. Se degrada de este modo la propia concepción de uno mismo, y sobre todo, la vida práctica del hombre, porque deja de tener un referente perfecto, pleno, superior, amable e imitable (acatado), como debe ser Dios.

Dios es lo Superior, lo Amable por Sí Mismo (pues debe ser amado de todo corazón para elevarnos hacia El), e Imitable, pues sus Atributos Bellísimos deben ser anhelados. Si por el contrario, tenemos como superior, amable e imitable a algo que no es Dios, a una ficción, un ídolo de cualquier tipo (el dinero, la fama, el poder, el juego, un vicio degradante, o cualquier otra cosa inferior), y nos hacemos devotos de eso, entonces trataremos de armonizar nuestra existencia con ello. Por eso, a partir de lo que uno tome por «dios», se deduce de allí el resto de la vida.

 

ISLAM COMO «CULTURA»

En Occidente «cultura» es un término bastante específico, que indica la convivencia civilizada como máxima expresión de la vida en comunidad, la búsqueda de objetivos superiores, el mantenimiento de un nivel ético elevado, la expresión de ideas estéticas, y la distinción de cada pueblo con alguna modalidad de tales expresiones de vida comunitaria. Así, pues, lo que se llama «cultura» presenta diversas facetas, una faceta ética, otra estética, otra social, etc. Aunque pareciera que a partir del Renacimiento la cultura occidental ha adoptado al arte, especialmente, como máxima expresión de la cultura, sobre todo a partir del racionalismo y del humanismo ateo o sin Dios.

Y una de las principales expresiones de la cultura occidental es, actualmente, la ciencia, como también la técnica, que se presentan como dos adquisiciones relevantes de la historia de occidente. Por último, esta cultura se ha contaminado de un afán de predominio y monopolio total de la vida civilizada, sobre todo en los siglos diecinueve y veinte, paralelo a su pretensión de dominar completamente la naturaleza, de modo que el resto de los pueblos deberían someterse e imitar a occidente, o bien perecer. De esta manera se ha convertido en una cultura totalitaria, o como se dice últimamente, «globalizadora».

En realidad, para el ser humano normal, sea o no occidental, la cultura debe expresar la búsqueda de la convivencia pacífica, de objetivos elevados, el predominio de las cualidades éticas, sin desechar el progreso y el bienestar, ni la producción artística, etc. Pero más importante, todavía, es que debe existir un núcleo interior, un propósito, una motivación espiritual profunda que movilice al ser humano dentro de su medio cultural.

Primero y antes que nada -como dijo Aristóteles- el hombre se agrupa en comunidad porque es un animal social, parlante, racional, que busca la vida de convivencia porque en solitario no puede desplegarse plenamente, y concretar su humanidad. Pero, además, debe existir un fundamento profundo en el corazón humano, en la conciencia o el pensamiento, para que el hombre procure tal convivencia en común, y elevados objetivos de vida. Y en realidad, nos parece que la motivación interior es que el hombre siempre está buscando el sentido de su existencia. Es decir, bajo todas las expresiones de su vida trata de encontrar su felicidad, su completitud, la satisfacción plena de su ser. El intuye en el fondo que su oportunidad actual es única...

El Islam se dirige a esa motivación, no se conforma con la mera expresión externa de la cultura, sino que quiere descubrir, y también promover, el principio del cual ella surge, el fundamento por el cual el hombre busca la vida civilizada en común.

 

Din y cultura

En definitiva, el Islam atiende principalmente al fundamento interior de la cultura y de la vida en comunidad, y lo hace a través de lo que se llama Din (modo de vida, forma de ser, camino mojonado, método para alcanzar la vida buena, todo lo cual significa esta palabra en árabe). El Islam hace del Din el eje de la vida social y personal.

Pero, ¿cuál es el contenido del Din?: Su centro es la Realidad divina. Las sociedades islámicas se distinguen del resto de las sociedades, y su cultura del resto de las culturas, porque en ellas predomina la idea de Dios, y todo gira alrededor de esa idea. El occidental que viaja por los países islámicos percibe que el modo de ser de los musulmanes es muy diferente al modo de ser de los occidentales, y que la inserción del musulmán en la vida tiene que ver íntimamente con Dios.

El Din es una concepción total de la vida personal, familiar y social, con determinadas normas muy claras y precisas. Constituye un sistema, una organización de la vida en todos los niveles. Pero es independiente de las tendencias de moda, de las variadas ideologías políticas, sociológicas y filosóficas que plagan el siglo veinte. Es cierto que el Islam desearía que no solamente fuera islámica la población de un lugar, cualquiera sea, sino que lo fuera la organización política y social en su integridad. Ello se debe a que el Islam, como vimos en la parte anterior, se presenta como el proyecto del Reino de Dios entre los hombres, y no solamente como una religión más, sino la culminación de la Revelación divina y de la historia humana. Pero también es cierto que está muy por encima del ideologismo y la politiquería que abundan por todos lados, y que su proyecto y sus objetivos son cualitativamente distintos al resto de las propuestas políticas o ideológicas, pues no sólo conciernen a la vida material, sino también a la espiritual, y no sólo a este mundo, sino también al otro.

 

La esencia de cada cultura

La expresión máxima de la cultura occidental son las artes, por ejemplo las seis artes mayores y las seis menores, como se las clasifica, entre ellas la música, la danza, la pintura, la escultura, etc. Pero nos encontramos con la sorpresa de que en el Islam ello no es así, que hay expresiones cultas occidentales a las que la cultura islámica no les otorga gran peso, como la danza, la música y la escultura, consideradas más bien expresiones folklóricas de los pueblos, que no concretan la esencia del hombre. Esta esencia se expresa en el Islam principalmente por lo metafísico, y no por aquellas artes, lo cual no quiere decir que la música y la danza no subsistan en los pueblos musulmanes como manifestaciones folklóricas, y familiares.

Lo dicho puede resultar chocante para un occidental medio, que está acostumbrado a otorgar gran relevancia a la música y a la danza, mientras que en el pensamiento islámico ambas quedan marginadas del autoconocimiento, que constituye la meta del ser humano en este mundo. Es el mismo caso de la pintura artística, que siendo una gran expresión de la cultura occidental, dentro del Islam no tiene tal importancia.

Por el contrario, la arquitectura es considerada un verdadero arte, en coincidencia con la cultura occidental, y hay otras vías de la cultura, que en occidente han perdido el prestigio que tenían, como la poesía, que constituye un arte principal para los musulmanes. En la cultura islámica la poesía mística, por ejemplo, juega un rol fundamental para el descubrimiento interior, y el resto del arte poético constituye la expresión máxima de la lengua y de la belleza, amén de contener sabiduría, siendo el poeta, por lo tanto, el artista completo por excelencia.

En conclusión, cuando hablamos de "la cultura islámica" es importante saber que no estamos introduciéndonos a cualquier cultura, ni podemos en ella proceder con las definiciones que existen en occidente sobre el tema. Pero de todos modos, su objetivo no deja de ser, como en cualquier otra cultura, la vida en común civilizada, regida por normas éticas, y orientada a la plenificación humana.

El primer concepto y fundamental es que la cultura islámica gira alrededor de un eje que es la afirmación de la Realidad divina, y a partir de allí concibe todo otro tipo de realidades. Tal es la principal distinción, entonces, entre ambas culturas: Dios es el Principio y la explicación de todas las cosas. El occidente actual, en lugar de esto, ha tenido regularmente otra concepción suprema, por ejemplo el arte, también la ciencia o la técnica, lo cual es evidente hoy en día.

La importancia excepcional de lo que estamos expresando es que al tiempo de definir el concepto supremo sobre el que gira una cultura, definimos también el tipo de hombre que ella forja, y qué objetivos propone al resto de la humanidad. Por ejemplo, la civilización técnica y materialista actual presenta un tipo característico de persona, y unos objetivos que engloban al resto de los seres, pero que han generado un destino incierto para todos.

 

La amoralidad de la ciencia actual

 Uno de los modelos del mundo materialista y técnico es el de la inteligencia aplicada a producir un "Frankestein", y el otro es el del doctor Hyde. Actualmente existen científicos totalmente a-éticos, que parecen no tener nada que ver con los objetivos reales de la humanidad, como el doctor Hyde, que utilizaba su laboratorio para una tarea aparentemente científica, pero nociva. Hay científicos que ahora se venden a cualquier potencia para producir bombas atómicas (no son todos ellos ciertamente, pero sí bastantes).

Con su actual tecnología occidente parece imitar la magia de los antiguos, porque cree que le es posible todas las cosas. La magia consistía en el manejo de ciertas fuerzas sutiles aplicadas a la naturaleza, para transformarla en algo extraordinario, descomunal, y satisfacer de este modo el deseo humano. Y occidente procede de la misma manera, aplica la técnica a transformar la naturaleza, y cree que la ciencia puede conseguir cualquier cosa. Hoy mismo mediante la ingeniería biológica realiza experimentos con animales, invirtiendo millones de dólares, y transmutando la naturaleza en algo abominable.

El Islam, pone por encima de todas las cosas al intelecto y al conocimiento. Pero, ¿qué tipo de conocimiento?: Un conocimiento para el bien y la paz, para la prosperidad, no para fabricar armas que ya han matado a miles y miles de seres, y que destruyen la naturaleza. Entre Rusia y Estados Unidos, por no decir Francia, Inglaterra, e Israel inclusive, tienen almacenadas tantas bombas como para aniquilar a doscientos planetas como la tierra. ¿No es esto absurdo?. ¿Quién pone en su casa tanques de gasolina cerca del fuego?... Y por más que a veces nos consolemos diciendo «hay bombas, pero nunca las van a usar», ¿quién puede asegurar esto?, ¿quién de nosotros puede afirmar sin duda que nunca se van usar bombas atómicas en un conflicto bélico?, ¿quién puede garantizar que las centrales atómicas de energía no produzcan un cataclismo ecológico que transforme a la tierra en un lugar inhabitable? Y esas centrales están diseminadas por todo el mundo, inclusive las hay en la Argentina. Los deshechos atómicos, la polución del aire, la corrupción de las aguas, la desertización, la matanza de animales, la desaparición de cientos de especies diariamente... Si fuera un ecólogo seguramente recordaría un cúmulo de cosas más, ...esto es lo que está sucediendo.

 

El Din no es meramente político

En síntesis, el Din o modo de vida islámico es una visión total de la realidad, cuyo eje es Dios, que además tiende a establecer un sistema político acorde a su concepción. Pero, sin embargo, hoy por hoy no implica necesariamente un tipo de régimen político en especial, desde que ha desaparecido el califato (el sistema de gobierno presidido por alguien al que se reconoce como sucesor del Profeta -BPDyC-). Es decir, no consagra necesariamente a determinados gobernantes, como sucedía en el pasado. Tal es la situación en tanto no se manifieste en la comunidad de los creyentes su conductor prometido, Al-Mahdí (P), sobre cuya aparición no discrepa ninguna escuela importante del Islam, «quien llenará la tierra de Paz y de Justicia como antes estuvo llena de iniquidad y opresión», según dijo el Profeta (BPDyC). El Din solamente quiere implantar entre los hombres las bases generales de una determinada concepción de la vida, para que surja de ese modo espontáneamente la sociedad islámica. De manera tal que si el individuo cumple, tanto como puede, lo fundamental del sistema de vida islámico, ello permitirá, por generalización, que surja la sociedad política islámica, cualquiera fuera el pueblo de que se trate.

Por otra parte, el modo de vida islámico no es simplemente "político", como se entiende esto hoy en occidente, ya que se ocupa, por ejemplo, de asuntos como el casamiento de las personas, la vida matrimonial, la educación de los hijos, el sepelio del muerto, el respeto debido a los semejantes, etc. Es decir, contiene disposiciones para cada uno de los momentos de la existencia, acompaña al hombre desde que nace hasta que entra en la tumba, inclusive trata sobre la ética y el pensamiento filosófico y científico, así como influye en la poesía y las expresiones artísticas y técnicas, como en el caso de la notable arquitectura que produjeron los musulmanes.

El Din determina que la ciencia no debe ser dañina, y ello basado sobre dichos específicos del Profeta (BPDyC), quien expresó: «¡Dios mío!, ¡líbrame de una ciencia inútil!». En realidad, y pensándolo bien, la inutilidad es lo contrario a la ciencia. No debería haber «ciencia inútil», es decir una ciencia que no tiene ni la mínima iniciativa por conocer la verdad, ni al menos la curiosidad, sino la ostentación de un conocimiento que para nada sirve, como por ejemplo investigar «la historia de la filatelia en la Edad Media». Menos aún debería existir un conocimiento dañino, como el de construir armas terribles que son capaces de destruir el planeta entero.

El Din se introduce también en las prácticas alimentarías, y nos ordena no ingerir ningún tipo de embriagantes, ni alcohol, ni drogas, o cualquier otra cosa que altere la mente, ni olerlo, ni beberlo, ni inyectárselo, ni comerlo, si por esas vías tiene su efecto. El Din nos veda comer cerdo, o animal no sacrificado, o muerto por accidente (si antes no podemos sacrificarlo), etc. Se introduce en el matrimonio, en el tema de la mujer y la familia, en la higiene y en la salubridad de las personas, en la salud física y mental, etc. Así, de manera concreta, establece diversos medios no directamente «políticos», por los cuales funda la comunidad de los creyentes.

Entonces, ¿qué desea realizar lo que se llama «Din»?: Desea instaurar una civilización, no simplemente un gobierno político. Pero sucede que el gobierno político es uno de los requisitos para que tenga vigencia la civilización. El Islam es una civilización, una cultura en marcha, por eso hoy está vivo, no es simplemente una religión, una creencia entre otras. Inclusive pueden vivir en él, como si fueran musulmanes, gente judía, cristiana, budista, hindú, o cualquiera otra, siempre que respeten a la sociedad islámica.

 

El Islam cultura viva

El Islam, como ya dijimos, es un modo de vida, una cultura enteramente dentro de un contexto sagrado, una civilización viva en la actualidad tanto como ayer, lo cual constituye un punto muy importante a tener en cuenta. Muchas culturas, como la china o la india, son enormemente prestigiosas en el mundo debido a su antigüedad y riqueza, pero hoy su presencia ya no influye tanto en el mundo como la cultura islámica. Esto llega a tal punto que la cultura china, con su sabiduría milenaria, a la que los musulmanes consideraron siempre como una de las fuentes de la civilización humana, y al arte de los chinos superior a cualquier otro, se ha transformado primero al marxismo en su vida política, y ahora intenta con éxito una conversión hacia las fuentes financieras del capitalismo. Ellos son muy prácticos y pueden unir los contrarios si les conviene. La China fue desde siempre una cultura asentada en tradiciones ancestrales, que prestigiaba a los antepasados y al modo de vida que ellos habían forjado a través de los siglos. Sin embargo, hoy esa cultura recibe el impacto directo de la sociedad técnica y capitalista de occidente, y quiere asimilarse a ésta. Japón es un caso distinto, porque en realidad llegó a un nivel de civilización aceptable hace muy pocos siglos. La India, sin dejar de tener una gran profundidad en su pensamiento tradicional, muy respetable por otra parte, también en la actualidad está en proceso de asimilación a occidente.

El historiador inglés Arnold J. Toynbee, autor de Estudio de la historia, su obra cumbre, y de muchos otros libros, al estudiar en general la historia de la humanidad llega a la conclusión que hay dos civilizaciones o "sociedades universales", como él las llama, todavía vivas, a saber, el occidente técnico y el Islam, este último, según dice, como expresión de la sociedad arábiga, a la que precedió la sociedad siríaca tradicional, que dio origen a aquélla, y que procede del fondo de la historia.

Pero aparte de lo dicho, los mismos diarios afirman que el Islam es una cultura viva, que ofrece hoy oposición al humanismo ateo, materialista y tecnocrático. Este mismo humanismo, que bajo la denominación de "globalización" intenta ahora imponerse sobre el mundo, ve en el Islam una barrera, cada vez más importante en el futuro. La prensa preanuncia una contienda entre Islam y el materialismo ateo, presentado lamentablemente al Islam en una forma dramática, patética y tendenciosa, como si fuera el mundo salvaje al que el mundo civilizado debe eliminar. Rechazamos esto: El Islam constituye una civilización universal, con gran profundidad y significado cultural, que se erige en favor del hombre, y no en su contra, y que intenta llevarlo hacia el bien en todos los asuntos, hacia la paz y la justicia.

 

El sentido de la historia para el Islam

 El Islam concibe a la historia como un despliegue sagrado. El musulmán conciente de su doctrina, cree que la actual es una etapa universal, llamada Fin de los Tiempos (en esta obra hay un capítulo sobre el tema), en la que existe una confrontación entre lo sagrado y lo mundano, pero que finalmente se impondrá lo sagrado. Tal musulmán alcanza una percepción muy diferente de la historia, del futuro, de las metas a lograr por la humanidad, del destino del mundo.

Algunos han llamado a esta época «la era atómica», ¡bello nombre!, porque del átomo sobre todo sufrimos hasta ahora la experiencia de las bombas y centrales atómicas, una de las cuales causó no hace mucho un gran desastre en Chernobyl (Rusia). Entonces, ¿por qué «era atómica»?, esto no define la realidad humana profunda, el corazón del hombre, la naturaleza humana, sino que nos caracteriza por algo externo, en base únicamente al progreso material y técnico, como si fuéramos seres desespiritualizados.

Por el contrario, el Islam llama a nuestra época el Fin de los Tiempos, y posee conocimientos al respecto, que ofrecen algunas características de este tiempo, y de cómo se van a desarrollar ciertos hechos futuros. Entonces toma una posición ideológica, aunque hoy tener una ideología y trabajar por ella no sea del gusto de los dueños del mundo. (Respecto de los anuncios mencionados, consultarlos en esta misma obra).

El Islam es ideológico, lo cual significa que hace predominar el pensamiento humano sobre los condicionamientos y las determinantes externas al hombre. Es ideológico, no en el sentido pestilente de la bajeza política actual, sino en el sentido profundo del desarrollo del pensamiento humano, y su predominio sobre el resto de los aspectos del hombre.

Para el Islam el conocimiento es sin duda superior a todas las otras posibilidades humanas. Esto determina que la religión islámica no constituya un sentimentalismo, ni destaque exclusivamente el padecimiento, el sufrimiento, el sacrificio. Pueden existir en el creyente todos esos aspectos, pero no son lo principal. El Islam se propone que el hombre llegue a la sabiduría, y el camino que le ofrece es el camino del conocimiento, siendo tal su principal concepción del ser humano.

 

ASPECTOS DEL ISLAM HOY

Vamos a tratar de visualizar, aunque sea en forma somera, los aspectos geográficos, demográficos, históricos y políticos de la actualidad islámica.

Para ello es necesario destacar el significado de algunas palabras de uso frecuente relativas al tema que abordamos, por ejemplo, el adjetivo «islámico» que se debe usar para cosas que no tienen conciencia ni voluntad, como «libro islámico», «arte islámico», etc.; en cambio para lo que tiene conciencia, o que posiblemente podría concretar un acto de voluntad libre, como las personas o los pueblos, se los debe adjetivar como «musulmán». Se dirá «pueblo musulmán» y no «pueblo islámico».

Por otro lado distinguiremos entre tres conceptos, de «país islámico», «nación islámica» y «pueblo musulmán». Llamaremos «país islámico» al que tiene una población musulmana mayoritaria, pero con un régimen de gobierno que no está en manos de esa mayoría, o bien, que aunque fueran musulmanes sus gobernantes no aplican un régimen político islámico, como Nigeria, por ejemplo, gobernada por cristianos, y con una población en que los musulmanes superan el 50%, o muchos países árabes, que con un 90% de musulmanes no tienen un régimen político islámico, a pesar de que sus gobernantes son musulmanes. «Nación islámica» es aquella que declara como base y fundamento de su legislación la ley islámica, y se rige por las ideas políticas del Islam. Hay finalmente «pueblos musulmanes», en regiones como Bosnia y Kosovo de la desintegrada Yugoslavia; o Palestina, gobernada por sionistas, pero con un número de musulmanes equivalente al de sus ocupantes y en pleno crecimiento.

 

Número y distribución de los musulmanes

Los países islámicos pasan de los sesenta, entre los que tienen mayoría musulmana o incluso minorías fuertes. Las razas que integran el mundo islámico son de todos los tipos, hay entre ellos blancos, negros y amarillos, de distintas extracciones: Indios, indochinos, chinos, semitas, beréberes, europeos, estos últimos últimamente en forma creciente, etc. Las regiones con minorías musulmanas son diversas, las hay en África, en el Cercano Oriente, en la India, en China, etc.

El conjunto de musulmanes en el mundo suman mil doscientos millones y, contrariamente a lo que se cree, los árabes están en una notoria minoría pues representan el 16% de ese total. Esto constituye una prueba de la universalidad del Islam, que habiendo sido recibido como Revelación divina por los árabes, se difundió por doquier sin distinción de razas o color, debido a su adecuación a todas las mentalidades humanas. Naciones muy pobladas como Indonesia (190 millones de habitantes), Pakistán (120 millones) y Bangla Desch (90 millones), son casi enteramente islámicas, existiendo allí los árabes como una muy pequeña minoría.

El Islam se encuentra en notoria expansión, sobre todo en África y en Europa. El número de nuevos musulmanes que adhieren en España es el más alto de Europa, en Francia constituyen la primera minoría religiosa, en Alemania son 3.000.000, y un número cercano a este en Inglaterra.

En China hay 120 millones de musulmanes, a pesar de la persecución del estado comunista, y en Xing Kiang, provincia occidental de China, constituyen mayoría. Actualmente se les ha concedido ciertas libertades en virtud de cambios en la estrategia de los gobernantes, como son la reapertura de 5.000 mezquitas, el permiso a varios miles de personas para realizar la Peregrinación a La Meca, e inclusive se ha permitido la instalación de una planta de comida lícita (Halal) según las normas islámicas.

En la India y Filipinas hay minorías musulmanas perseguidas y a menudo diezmadas. En la India llegan a más de 80 millones de personas de gran cohesión, y sobresalen de la mayoría hinduista por su ilustración y actividad económica.

La desintegración de la Unión Soviética ha dejado en libertad a 80 millones de musulmanes, y determinó la aparición de naciones como Uzbekistán con el 93% de musulmanes; Tayikistán con 90%; Kirghizia con el 78%; Azerbaiján 60%; Turkmenistán 50%; y otras regiones más pequeñas de Rusia, como Chechenia, poblada por rusos de fe islámica. El Islam ha sobrevivido a la dura represión del comunismo gracias a que no tiene clero ni el templo resulta imprescindible, y cualquier casa puede servir de lugar de oración y enseñanza.

En los EE.UU. la población musulmana crece con vigor, registrándose seis millones de adherentes especialmente de personas de color que encuentran en el Islam el reconocimiento de la igualdad y dignidad que la cultura occidental les niega. Nuestro país, la Argentina, tiene alrededor de quinientos mil musulmanes.

Por otra parte, hay organizaciones nacionales, regionales, e internacionales de los países islámicos, la más importante de las cuales es la Organización del Congreso Islámico, que reúne a todos esos países; y existen además organizaciones regionales como la Liga Árabe y otras, amén de los pactos y alianzas entre países islámicos.

Asimismo, existen actualmente ciertas naciones que se identifican entre sí, y procuran una especie de alianza regional para sobrellevar este momento de gran cambio en la política mundial. Por ejemplo, se está constituyendo en el centro de Asia, entre ciertos países que antes formaban parte de la ex-Unión Soviética, un conjunto de naciones islámicas que tratan de colaborar entre sí. No tienen un proyecto de futuro todavía claro, ni se identifican por ahora (1994) abierta y directamente con el Islam político, pero sí con la identidad islámica, lo cual es muy importante.

 

Divisiones en el Islam

En el Islam no hay sectas, hay corrientes de opinión, y así como cualquier otra religión, el Islam tiene su prueba interna entre dos criterios, o tres, o cuatro. El judaísmo la ha tenido, el cristianismo también, y ello es inevitable en cualquier doctrina. Un partido político por minoritario que sea, y cuanto más minoritario peor, se divide en grupos. Toda comunidad debe tener una prueba interna, que consiste en decidir lo mejor, lo que es inevitable tanto dentro de las religiones como fuera de ellas. Siempre el hombre debe elegir lo mejor, pues la elección le fue impuesta por Dios, y constituye una condición de la existencia humana. Entonces, naturalmente deben surgir escuelas, orientaciones.

¿Pero esos musulmanes de diversas orientaciones, dejan por eso de reconocer el Sagrado Corán y la Sunnah o práctica del Profeta (BPDyC)? No, se llama musulmán solamente el que reconoce el Sagrado Corán y la práctica del Profeta (BPDyC), los dos fundamentos del Islam. Si alguien no los acepta, queda fuera del Islam. Y además de reconocer aquellas dos fuentes, el musulmán debe tener la misma orientación ritual en las cinco oraciones.

Es lógico que cualquier persona desee tener la mejor postura u opinión, pero es imposible que todos sean perfectamente unánimes entre sí. Y como ninguna religión mostró antes una unanimidad perfecta, tampoco la muestra el Islam. El mismo Profeta (BPDyC) dijo: «Os dividiréis en 73 sectas, una más que los cristianos». Y dijo: «La discrepancia dentro de mi comunidad es una Misericordia divina». Ello significa que la discrepancia sirve de prueba a los hombres, y les permite desarrollarse intelectualmente.

«Sunnitas» y «shiitas» constituyen una bifurcación que se produjo tempranamente en el Islam, en base a dos sistemas de decisión sobre la sucesión del Profeta (BPDyC). El poder político desde ese momento, y especialmente a partir de la posterior desaparición de Alí, se dividió entre el poder espiritual y el poder temporal. Este último fue ejercido por otros, como Mu‘auiah, el primer gobernante de la dinastía omeya, quien estableció, como tercer sistema de acceso al poder, el de la dinastía hereditaria, el gobierno político como propiedad privada. Luego la dinastía abbasida sucedió a la anterior bajo el mismo sistema.

Esta no es hoy cuestión de debate entre los musulmanes, que tienen por delante un proyecto todavía más grande, que concierne a toda la humanidad, el de transmitir el Islam de la forma más clara y accesible, para la felicidad de toda la gente, su futuro luminoso.

Nosotros sostenemos que la prédica islámica es unitaria, que no se debe parcializar en sectarismos, que se debe presentar el Islam tal cual es: El Sagrado Corán y la Sunnah o práctica del Profeta (BPDyC). La disensión fanática en el Islam ha causado demasiado mal hasta el presente, no sólo a los musulmanes sino a toda la humanidad, porque el Islam es para toda ella sin distinciones.

 

La situación política del Islam: nuevas soluciones

No siempre el mundo islámico estuvo fragmentado en naciones y pueblos como aparece hoy. En el principio era una sola entidad regida por un Califa que suplantaba al Profeta (BPDyC)1, aunque sólo fuera nominalmente. Siempre hubo una autoridad política que unificaba a todos los musulmanes de grandes regiones del planeta. Pero ello desapareció a principios de este siglo dando lugar a los países árabes e islámicos, la mayoría de cuyos gobiernos no son propiamente «islámicos», en el sentido político del término.

La fragmentación mencionada se debe principalmente al dominio colonial europeo de los últimos siglos, y a la influencia del modernismo, que determinaron el surgimiento de gran número de países islámicos. Estos están formulando sus propias definiciones y formas de organizarse políticamente, tal como vemos en Arabia Saudita, Libia, Argelia, Irán, Pakistán, etc., aunque todas reconocen en el fondo al Islam como ley. Sus organizaciones políticas son innovadoras respecto de lo que fue la organización política tradicional, aunque en algunos casos siguen las pautas antiguas de la organización tribal anterior al Islam. Al innovar, uno ha constituido un reino, otro una autarquía, otro un gobierno parlamentario, otro una alianza de sectores, etc. Esto es un índice de la dispersión actual que reina en el panorama de la organización política del Islam, aunque no en el aspecto doctrinario de la fe, que se presenta como un bloque único y altamente cohesionado.

En la actualidad estamos en la etapa final de un proceso de modernización no-religiosa dentro del mundo árabe, con la adopción de apariencias democráticas, y del sistema capitalista. Durante esta etapa que ahora finaliza, como ya sucedió en Turquía a principio de siglo, la religión quiso ser relegada, por lo cual surgen cada tanto reacciones contra dicha tendencia a la «desislamización» y el materialismo. Y es la juventud la que asume mayormente el rol reivindicador del Islam, como una cultura completa que no necesita renunciar a ella misma para adoptar la técnica o la democracia.

Uno de los mayores desafíos del Islam en la actualidad es lograr reglas de convivencia democrática, deponiendo a los tiranos de turno, y esto lo asumen los movimientos islámicos. Los tiranos lamentablemente existen allí como en cualquier otro lado. Muchos de los regímenes políticos que dominan a los países islámicos, aunque son muy diferentes entre sí, son regímenes de fuerza, y es el ejército el último referente del sistema, lo cual es contradictorio con el Islam. Pero esto se debe a lo que ya hemos mencionado sobre que el Islam, por primera vez en la historia, se encuentra en este siglo sin una estructura centralizada, como lo era el Califato, su forma política tradicional, por lo cual se produce una dispersión de los países islámicos, y cada cual realiza su propia experiencia.

Aunque también debemos reconocer que este fenómeno se produce en el contexto de un desorden político generalizado en todo el mundo, inclusive en occidente. El desorden que actualmente predomina (con disoluciones tan importantes como la de la Unión Soviética, que desestabilizó toda la estructura política internacional, y de la que no conocemos las consecuencias últimas) no sólo afecta al Islam. Vemos en el siglo 20 que regímenes tradicionales terminaron su existencia definitivamente, como el de la China, con un muy dramático colapso del régimen imperial y su casta dominante, después de siglos y siglos de gobierno normalmente estable. Y también el caso de la Unión Soviética, que después de todo no es tan antigua, pero cuyo origen debemos remontarlo al imperio ruso de los zares anterior al comunismo. Este último lo único que hizo es heredarlo y proseguirlo, y ampliar su extensión y dominio, tanto como pudo.

Comprendemos de todo lo expuesto que hay muchos cambios, no solamente dentro del Islam, sino también fuera de él, y que él mismo se mueve en un contexto de cambios. Está pasando algo muy profundo que afecta a todos, algo respecto de lo cual tenemos nosotros ciertas explicaciones, algunas de las cuales exponemos bajo el concepto de «el Fin de los Tiempos». A eso se debe que sea imposible que un número tan grande de países, con tantas poblaciones, razas y modos culturales, como lo es el Islam, no puedan en nuestro tiempo dejar de sufrir también ciertas convulsiones. (Respecto del Fin de los Tiempos, ver el capítulo atinente).

 

La concepción política islámica

La civilización islámica tiene una profundidad colosal, y posee un fundamento metafísico del que otras carecen, todo ello gracias a su conocimiento sagrado. Lejos estamos de plantear la política en el mal sentido que hoy predomina en el mundo, como el arte de la mentira y del engaño. Por ello vamos a aclarar qué entiende por política un musulmán: Dios tiene una política, como nos enseña el Sagrado Corán, pues El quiere una forma, un orden de desarrollarse las cosas, en el que se armonicen las necesidades materiales y espirituales del hombre. El Islam nos induce a la crítica social, a no aceptar una sociedad corrupta cuando alguien pretende realizar allí mismo su vida espiritual.

El Islam propicia la organización política de la sociedad a partir de una visión sagrada de la humanidad. La persona como ser social no puede desgajarse de su ser espiritual, ni como ser espiritual puede separarse de su ser social. Hay una imbricación de todas las cosas en el hombre, excepto que se debe conocer con mucha sabiduría cómo organizarlas y armonizarlas, de manera que la jerarquía se mantenga y no se confundan entre sí.

El Islam ennoblece la política y se preocupa de que esté al servicio de una realidad superior. Cree que ella tiene un sentido metafísico implícito. Evidentemente esto no tiene ningún parecido con el sentido que se da a la política actualmente en el mundo técnico, o a su uso para alcanzar fines egoístas, y menos aún con su empleo al servicio de la corrupción.

Todos esto nos evidencia que el Islam no es meramente una religión sino un modo de vida, una cultura enteramente dentro de un contexto sagrado. El Mensaje del Islam es de Paz, de convivencia y de plenitud del ser humano, por lo cual rechaza y combate la injusticia y la desacralización de la vida.

 

Política y signos de los tiempos

En realidad, el desorden que actualmente reina en el mundo islámico es para los musulmanes creyentes un claro signo del Fin de los Tiempos, según lo preanunció el Profeta (BPDyC), que expresó que los musulmanes se dividirían en tantos sectores como el resto de los pueblos, que habría mucha confusión, y que no se conocería quién es el verdadero gobernante. También sabemos por el Profeta (BPDyC) que el triunfo del Islam es indefectible, y que se producirá con la aparición (según los sunnitas) o la reaparición (según los shiitas) de Al-Mahdí (P), no sólo como gobernante del Islam, sino como gobernante universal con autoridad sagrada, lo cual es reconocido por todas las escuelas islámicas sin excepción. Esta aparición está anunciada en otras religiones aparte del Islam, aunque le atribuyen diferentes nombres.

Es evidente que la situación del mundo actual es insostenible y ciertamente aberrante. Ya citamos algunos hechos muy conocidos, como que existe un arsenal atómico capaz de aniquilar doscientos planetas como el nuestro, y la contaminación ambiental capaz también de destruir, lentamente y sin la espectacularidad de un bombardeo atómico, toda la vida sobre la tierra. Recientemente se ha informado sobre desechos radiactivos que se arrojan en los ríos de la ex-Unión Soviética, y también en los mares adyacentes, como resultado de la anarquía y el desorden surgido de la desintegración política de ese país. El genocidio es a su vez condenado y practicado al mismo tiempo, como en el caso de los musulmanes en Bosnia (1995), pues a la vez que se condena desde las organizaciones internacionales ese crimen, se les veda a los bosnios la adquisición de armas para defenderse. Algo similar sucede en Palestina.

Toda esta dispersión, desorden y anarquía que crecen, y los males, injusticias y sufrimientos que se abaten sobre la humanidad, son el resultado de una civilización sin Dios, a la cual se enfrenta el Islam con su concepto sagrado de la vida humana. De allí nace la confrontación entre la forma de vida islámica y su fundamento en lo sagrado, y la forma materialista de vida sin Dios.

Por otra parte, ahora resulta que la ideología como expresión política también es cuestionada. El arte de la política se identifica hoy con el comercio, porque pareciera que el determinante último de las cuestiones políticas es la economía, que los mejores políticos son los más capaces para hacer negocios, no los mejores conductores de sus pueblos, y a los gobernantes se los llama «administradores». Ello sin mencionar la corrupción generalizada de lo que, hoy por hoy, se conoce como «política».

Quienquiera ver la confrontación entre el Islam y el mundo materialista exclusivamente bajo el signo de la política fáctica caerá en una profunda equivocación, pues se trata por el contrario de dos modos de interpretar la realidad, de organizarse como civilización, de proponerse un modelo de persona a lograr. Ello sin perjuicio de que el modelo materialista se encuentre a punto de fracasar, por haber conducido a la humanidad a un atolladero sin salida, expuesta como está a la destrucción, a menos que suceda un milagro.

 

El Islam y la organización económica

 El Islam no es capitalista aunque no rechaza el capital. El capitalismo significa poner como eje de la existencia social a la economía, y considerar al capital, en última instancia, como determinante de todos los asuntos. Todo, en definitiva, según el capitalismo, incluso las libertades personales que preconiza el liberalismo, se remiten por último a la libertad económica, lo cual determinó el materialismo y hedonismo del mundo actual.

El Islam acepta el capital, y la prueba de ello es que el mismo Profeta (BPDyC) fue comerciante. Rechazamos el comunismo, no creemos en la propiedad colectiva de los bienes, ni tampoco en la socialización de la mayor parte de la actividad económica, inclusive de los servicios. Concretamente, al Islam no le interesa una sociedad donde todo lo maneje el estado, cree por principio en la iniciativa privada, así cómo cree en ella el liberalismo. Pero el Islam está muy lejos del capitalismo.

Una de las sociedades más avanzadas en el desarrollo de la técnica y del comercio fue sin duda la sociedad islámica, y ella expandió a todo el mundo tal concepción entre los siglos VII y XV, desde la China hasta España. Sin embargo, no fue una sociedad capitalista. Una de las grandes incógnitas que se le presentan a Engel en el estudio del feudalismo, es que la sociedad islámica no fue feudal, porque eliminó la esclavitud como base del sistema productivo, esclavitud que constituyó la base económica de la sociedad romana. Y todo ello fue gracias al comercio y la iniciativa privada de la pequeña empresa. De tal manera que los musulmanes son grandes orfebres, marroquineros de gran calidad, fabrican determinados tipos de telas muy preciosas por medio de técnicas milenarias, etc. Esto es muy parecido a lo que ocurrió en occidente con las corporaciones durante el medioevo, cuando había muchos productores pequeños que se organizaban en asociaciones por ramos. En el Islam a eso se llamó «zoco» (en árabe «súq»), mercado organizado por ramo.

Creemos en la pequeña unidad económica no en las grandes unidades que surgieron con el capitalismo, el cual se caracteriza por la monopolización de una actividad en grandes entes económicos. El Islam sostiene que esto quita libertad al hombre, y que por el contrario las pequeñas unidades económicas son las que le aseguran la libertad y el bienestar, y tiempo libre para alcanzar los objetivos espirituales. Y si hoy mismo comparamos una pequeña unidad económica con una grande, veremos que el obrero de la grande es un esclavo moderno.

Pero, por otra parte, con las pequeñas unidades económicas se plantearía la cuestión de cómo producir un avión, o cómo levantar una represa. Estos son problemas nuevos para el Islam, que él intentará resolver en su momento.

La sociedad islámica se desarrolló económicamente para un mundo que no es este, eso es verdad, y actualmente tiene el desafío de organizarse en forma eficiente, tanto en el plano económico como en el plano político. Pero estoy seguro que vamos a descubrir los métodos que aseguren la libertad del hombre, porque lo que el liberalismo propone como «libertad» algo cuyas características de esclavitud no es necesario mencionar: Al hombre se le compra el tiempo por poco dinero, porque el tiempo vale mucho, por más que le paguen. El ser humano no tiene espacio para la meditación y la oración, etc. Entonces sucede que se ha eliminado los espacios de la vida espiritual, se ha colectivizado o socializado al hombre en forma capitalista, y se le han quitado sus objetivos superiores. Y aunque la persona no lo perciba, eliminaron sus posibilidades y sus anhelos de objetivos supremos.

 

Las clases sociales

Las clases sociales se abolen naturalmente cuando la sociedad no está organizada en forma capitalista. El capitalismo asienta, afirma y consagra las clases sociales. Es de destacar que el Islam no las tuvo porque nunca fue capitalista, a pesar de no ser tampoco socialista. En la época clásica había una clase gobernante, es verdad, integrada también por muchos sabios, poetas y demás. Pero en cuanto al resto del pueblo, por más riqueza que tuviera uno, y más pobre que fuera el otro, todos eran amalgamados armónicamente por un mismo sistema de vida, el Din, como hasta hoy. Hay mucho menos diferencia entre un rico musulmán y un pobre musulmán, que entre un rico occidental y un pobre occidental, tanto psicológicamente como prácticamente. El Islam fue la primera sociedad abierta en la que las clases sociales, como se dice en occidente (aunque yo preferiría decir los diferentes niveles de riquezas) podían movilizarse hacia arriba y hacia abajo, y alguien de un nivel menor podría acceder a un nivel superior. Lo único que se pone como condición es la capacidad y el conocimiento de la persona. Por ejemplo, una persona sabia es honrada en el Islam por el resto de la sociedad, sean pobres o ricos.

Por otra parte, la pobreza, en tanto no sea producto de la injusticia, no es un drama en el Islam, el musulmán está preparado para soportarla. Además el modo de vida islámico, cuanto más uno lo aplique, más austero lo vuelve, es decir, menos apetencias anhela satisfacer, aunque sea rico.

En general, cuanto más se quiera cumplir con la práctica del Profeta (BPDyC) la persona deberá ser sumamente austera. Porque el Profeta (BPDyC), por ejemplo, comía dos o tres dátiles por día y un poco de leche, su ropa estaba remendada, en su casa nunca se tuvo pan blanco, sino pan negro, y no dejó ni un centavo constante y sonante en herencia. Así el musulmán tiene un ejemplo perfecto de austeridad y pobreza, y está preparado para ello.

La pobreza no le cae como un drama, sino que es una prueba. Aunque tampoco cree que ella sea un objetivo espiritual, no la ama. Está preparado para la pobreza como la persona está preparada para enfermarse, porque es posible que cualquier ser humano se enferme, pero nadie ama la enfermedad, ni desea estar enfermo. Dijo Alí: «Si la miseria fuera un hombre le cortaría la cabeza».

 

TEMAS POLÍTICOS VARIOS

Una imagen estereotipada del Islam

En el Islam la riqueza se obtiene por la adquisición de los bienes gracias al trabajo, como en cualquier lado. Pero, por un lado, se tiene una imagen estereotipada de los musulmanes, como la del camellero pobre que vive en la miseria, y por otro lado, por el contrario, se los ve como potentados petroleros opresores del mundo. Así es que se culpa al resto de los musulmanes por la situación de ese camellero, al que en definitiva no se conoce, ni se ama, sino que a sus mismos «reivindicadores» les causa repulsión.

Pero se procede de ese modo para achacar al Islam una situación injusta, cuando los mismos que lo acusan desbordan de injusticia hasta las narices. Ellos nunca le preguntaron al «camellero» si desea otro tipo de vida, si la pasa mal como descendiente de «camelleros» desde hace 10.000 años... Y tampoco estudiar cuál es la situación económica de ese país, si allí todos son «camelleros» míseros, o si se trata, como en cualquier lado, que parte de la población es pobre, y parte rica, y que a muchos de los pobres no les interesa el tipo de vida que se ve obligado a llevar un rico para mantener su fortuna. Aunque otros sí lo aceptarían, y algún día serán seguramente ricos. ¡Mira el leño en tu ojo, y no la paja en el ojo ajeno!

 

Los musulmanes que actualmente emigran a Europa

Hay un fenómeno universal que es el de las migraciones. No sucede solamente con los musulmanes sino con los mismos europeos dentro de Europa, como antes lo hacían hacia América. Hoy los asiáticos emigran a esta última, por lo cual este fenómeno no caracteriza especialmente a las poblaciones musulmanas.

Por otro lado, cuando un musulmán emigra hacia Europa va con el mismo interés de cualquier ser humano: Quiere el progreso material y mejorar su situación. No tiene como meta de su emigración practicar su religión libremente, porque ello ya lo hacía en su propio país, sino fundamentalmente el bienestar material. El hecho es que a los musulmanes que hoy emigran a naciones en apariencia «más civilizadas» se los maltrata, y en muchos casos son perseguidos y asesinados.

Fijarse exclusivamente en la riqueza de los países islámicos, y creer que los países ricos, por ejemplo los petroleros, no cuidan de la dignidad de los musulmanes del mundo, y por eso éstos deben emigrar en busca de mejores condiciones de vida, es parcializar el asunto. Se trata de algo humano, que no tiene que ver exclusivamente con los gobiernos, sino con el fenómeno universal de las migraciones. Toda la humanidad en este momento está en un trasvasamiento continuo de poblaciones.

Además, nosotros consideramos que la emigración de los musulmanes a Europa es un bien que se le hace a esta. Pero, lamentablemente, la persecución que existe en Alemania contra los turcos, en Francia contra los nor-africanos, lo mismo que en España en menor medida, etc., demuestra que no son bien recibidos como deberían serlo, en tanto seres humanos en busca de un mejor destino material. Cuando les permitieron emigrar a esos países quedaba implícito que estaban protegidos por las mismas leyes que rigen para los demás ciudadanos, como la seguridad de sus personas, bienes y familias, etc., pero lamentablemente esto no se cumplen. En ese momento necesitaban mano de obra barata y aceptaron a los musulmanes, pero ahora que ellos no les convienen los persiguen. Y esto sucede con otros grupos humanos, no sólo con los musulmanes, sino también con los africanos que emigraron a Europa.

Por otro lado, hay causas que justifican dicha migración. En primer término, partir de la segunda guerra mundial los países islámicos no fueron respetados por los países occidentales a los que quedaron sujetos. Esto no les permitió dignificar y cuidar de su población tanto como para que no emigraran. En segundo término, la migración es ordenada por el Sagrado Corán, que dice que los musulmanes deben recorrer la tierra y observar los Signos divinos en ella, y que la tierra es bastante extensa para aquellos que procuran los bienes de Dios. En tercer término, como el Islam es una sociedad universal, la emigración sirve para su expansión, con independencia de que los musulmanes intenten otra cosa al emigrar.

En el sentido opuesto, entre las naciones islámicas hay muchas que son ricas, y sus habitantes tienen un alto nivel de vida, no necesitando emigrar, lo cual no quita que puedan hacerlo libremente si así lo quieren. Ahora bien, resulta absurdo pensar que las naciones ricas del Islam deban concentrar a todos los musulmanes dentro de su territorio. Pero sin duda esas naciones ayudan, como sucede con el resto de las naciones del mundo, cuando hay hambruna, penalidades y desastres en las otras naciones islámicas, e inclusive en las que no lo son.

Por otra parte, existe un fondo de ayuda sin interés, de largo aliento, que permite a las naciones islámicas adquirir cierta ayuda monetaria de organizaciones internacionales islámicas (como el Banco para el Desarrollo Islámico).

Creer que hay grandes potencias económicas dentro del mundo islámico que oprimen al resto de los musulmanes es erróneo. En todo caso esa opresión es de orden internacional y no funciona por regiones, como equivocadamente se supone, sino que funciona como todo un sistema mundial capitalista. Indudablemente dentro de ese sistema hay algunos países islámicos que intervienen, pero lo hacen porque el sistema es anterior a ellos, y todas las riquezas de esos países está forzosamente dentro del mecanismo financiero internacional. Si hiciéramos una crítica deberíamos hacerla en forma general a todo el sistema capitalista y financiero internacional, y no solamente a una parte, sobre el supuesto de que porque los países son islámicos deberían eliminar dentro de su región la pobreza. Esto, lamentablemente, no funciona de esa manera.

 

Los movimientos de liberación nacional y el Islam

En primer término, debemos referirnos a una época en la que los movimientos nacionalistas no solamente surgían en los países islámicos, sino en toda África. Los libros de Fanon, por ejemplo, entre los intelectuales, y la reivindicación que Lumumba hacía de su país y de su africanidad, etc., son conocidos por todos. Los movimientos nacionalistas de los países árabes de esa época combatían contra los franceses, o los ingleses, como ahora contra los sionistas, pero no en base a una religión. Se combatía por la liberación nacional, y esta frase, «liberación nacional», estaba más en boga por entonces.

Pero desde mediados de los años 60, y más aún del 70 en adelante, se fueron fortaleciendo las raíces religiosas de los países árabes e islámicos, porque los movimientos nacionalistas resultaron frustrantes. Entonces la juventud, en vez de volcarse por el nacionalismo, se volcó por el Islam. Eso sucedió muy característicamente en Irán, donde el Shah era un «nacionalista colonizado» que pregonaba el fascismo (el nacionalismo persa). El se llamaba «rey de los persas», e imponía «la revolución blanca», y proclamaba que Persia o Irán (como él llamó al país), era la nación más adelantada en el Cercano Oriente, etc. Todo ese nacionalismo, en dependencia biológica de los Estados Unidos, se vino abajo, no solamente en los países árabes, sino en todo el mundo islámico, porque fueron frustrantes, no llegaron a los objetivos que se habían propuesto.

En definitiva, hoy la juventud se vuelca por la lucha reivindicatoria del Islam, el cual es opuesto al nacionalismo. El Islam rechaza toda diferencia que surja de un accidente, de algo no esencial al hombre, a la dignidad humana, y la nacionalidad es un accidente no esencial al hombre.

 

Convergencia de cristianos y musulmanes

En Argelia el colonialista francés dominaba el país. Cuando los argelinos se quisieron liberar, esos extranjeros, cuyos hijos y nietos nunca se nacionalizaban sino que se registraban como franceses, que hablaban el francés y mantenían esa cultura, formaron un ejército paralelo al de Francia para aplastar al pueblo, y entre los dos ejércitos mataron a más de un millón de musulmanes. Por el contrario, en Siria, como en otros países árabes, hubo movimientos nacionalistas integrados tanto por musulmanes como por cristianos, árabes ambos. Algunos desean confundir las cosas suponiendo que los cristianos de los países árabes, que tienen allí una antigüedad inmemorial, crearon movimientos políticos para reivindicar sus derechos. Eso es falso, lo que reivindicaban era la libertad contra el ocupante, lo cual permitió que convergieran con los musulmanes en una misma tendencia que priorizaba la idea nacional y no la religiosa.

 

Palestina

Se llama Al-Qúds no solamente a Jerusalén sino a todo el territorio de Palestina. Al-Qúds significa «la Sacra (o Sagrada)», es decir el territorio donde debe ser eliminada la idolatría. Al-Qúds, la Tierra Santa, le fue prometida a todos los Profetas de la descendencia de Abraham (P). Cuando Dios hizo pacto con Abraham, lo hizo también con Ismael, su primogénito y el ancestro de los árabes, y el pacto abarcó también a todos los descendientes de Abraham. Este tuvo cuatro esposas, entre ellas Háyar la cual le dió a Ismael, y otras esposas como Cetura (Génesis, 25:1-6) de las que descendieron Madián, Medán y otras tribus árabes.

Dios cumplió su pacto, no fue necesario que nadie venga a reclamarlo, porque ya se concretó en el Islam, y antes del Islam. Este dominó el territorio prometido, y antes lo hicieron otros pueblos de origen arábigo, descendientes de Abraham, tal cual Dios lo había prometido.

El pacto de Dios se plenifica con el Islam, cuando éste pacifica todo ese territorio y lo une. Para nosotros la pretensión exclusivista de que el pacto fue sólo en favor de los judíos, tanto en términos racionales como teológicos, no sentimentales ni excluyentes, nos parece totalmente errada, porque el pacto fue con Abraham y su descendencia (Génesis, 17:1-14), y los musulmanes somos sus descendientes, a los cuales se nos dió la tierra. Dice el Sagrado Corán: Los dilectos de Abraham en la humanidad son sin duda quienes le siguen y este Profeta [Muhammad] y los creyentes [que están con él]. (3:68) Somos herederos y por eso heredamos la tierra, y no tiene sentido que los judíos pretendan la exclusión de los musulmanes de la Tierra santa, ni que los musulmanes los excluyan a ellos, porque a los musulmanes les está ordenado amparar tanto a judíos como a cristianos.

La Biblia se refiere a toda la descendencia de Abraham (P), entre ellos a los jefes de las tribus árabes a los que menciona diciendo «doce príncipes» descendientes de Ismael. Y el primer pacto fue con Abraham y el mismo Ismael, quedando sellado cuando ambos se circuncidaron. Abraham (P) se circuncidó a sí mismo y lo hizo con su hijo, como concertación del pacto con Dios (Génesis, 17:23-25), y así todos los árabes antes del Islam, aunque fueran idólatras, cumplían con ello, como prueba y señal del pacto, por el que se les había concedido la tierra. Asimismo lo hicieron los hebreos, que en definitiva eran un pueblo arábigo. (Llamo a los semitas «arábigos», incluso a los hebreos y los israelitas, porque todos ellos están íntimamente vinculados a las emigraciones semíticas, que a través de milenios salieron de la península árabe y se instalaron en Siria-Palestina y el Irak, además de Egipto).

Los intentos de paz con la gente del Libro tienen fundados antecedentes en los inicios del Islam, y a través de toda su historia. Y por otra parte, deben servir para rectificar la ideología sionista en sus formas más extremas. Algún día todo el mundo tiene que hacer un examen de conciencia, y el sionismo necesita renunciar al fundamentalismo del «gran Israel desde el Eufrates al Nilo». En términos de paz, no hay ningún problema que Palestina sea una sola nación donde vivan cristianos, judíos y musulmanes. Los musulmanes estamos acostumbrados desde siempre a vivir junto a ellos, y nunca el Islam persiguió a los judíos. Hoy, después de cuarenta años del estado de Israel, en Damasco hay numerosos negocios judíos. Y las mejores joyerías de esa ciudad están en manos de los armenios y de los judíos, integrados éstos a los árabes, porque son tan árabes como cualquiera. Se es árabe por el hecho de hablar esa lengua no por otra cosa.

Además se ha demostrado que la paz le conviene a los árabes y a los musulmanes, y que sus adversarios no puede subsistir sin guerra. El hecho de que haya iniciativas para la paz, y que se avance en ese camino, sin interesar inclusive en este momento los frutos materiales inmediatos, sino la proyección futura que tiene esa paz, como integración de judíos, musulmanes y cristianos en un mismo suelo, con libertad, con partidos políticos si quieren tenerlos, con fronteras abiertas que no los obliguen a encerrarse allí sin libertad de emigrar, coincide con la forma de vida a la que los musulmanes estamos acostumbrados.

 

La subversión del sistema islámico de vida

La subversión en el Islam consiste, por ejemplo, en difundir la corrupción, en levantarse en armas contra el gobierno constituido (cuando se trata de una minoría subversiva que quiere imponer un régimen fanático, sectario), en destruir los lugares sagrados, o los bienes de las personas, impedir la circulación cortando los caminos, y cometer asesinatos. Todo ello es considerado subversión, como en todas las leyes del mundo.

El Islam tiene leyes políticas que combaten los delitos políticos, que tratan de eliminar la justicia y la paz dentro de la sociedad. Y cuando eso se hace en grupo, se trate de una secta, o de un partido político que alienta el uso de las armas para imponer una ideología fanática dentro de la Ummah, todo el resto de los musulmanes deben unirse contra ese grupo. Esto está ordenado así en el Sagrado Corán. Una parte no debe imponer la resto su opinión por la fuerza, ello constituye una subversión contra el Islam. Si existe un régimen político hay que respetarlo, mientras ese régimen no elimine la religión, las normas de vida islámica, o difunda la corrupción.

Uno de los delitos mayores en el Islam es la difusión de la corrupción y la obediencia a los opresores. En cuanto a la difusión de la corrupción significa que una persona publique, manifieste o enseñe lo que destruye el Islam y la dignidad humana, porque el Islam asume la defensa de esta dignidad. Entonces a dicha persona se la exhorta a abandonar su actitud destructiva del sistema islámico, de la paz, de la convivencia respetuosa, de la tolerancia y las normas éticas. Seguramente una autoridad espiritual respetable dentro del país islámico que se trate lo citará y le dirá: «Hijo mío, ¿qué te pasa?, ¿necesitas dinero?, ¿tienes algún problema con tu esposa?, ¿por qué haces esto?, ¿eres ignorante del Islam?, ¿qué es lo que quieres saber?». Entonces dicha persona debería explicar por qué actúa en contradicción con las normas islámicas difundiendo la corrupción, y el guía espiritual debería reconducirlo por la persuasión hacia el bien.

 

 

 

Capitulo Dos

 

El fin de los tiempos

 

PROLOGO

 

Sobre el tema del fin de los tiempos hay una perspectiva histórica, por la cual nosotros acumulamos datos, observamos y analizamos el decurso de los hechos humanos, y establecemos, más o menos como lo hacen algunos eruditos, si éste es un tiempo de decadencia y destrucción de una civilización (lo cual podría ocasionar grandes desastres de tipo social, como sucedió a la caída del imperio romano), o bien si no lo es.

Otra perspectiva es la especulativa, por llamarla así, que consiste en el análisis que realizan algunos esoteristas y filósofos, que hablan del «fin de los tiempos» en base a la tradición antigua de los pueblos. Dicen que esta es la «época de la oscuridad», del «Kali Yuga» (predominio de la oscuridad y de la diosa Kali), sobre todo basados en la tradición hindú. Es un análisis especulativo por la generalidad con que se plantea, pues no contiene profecías directas, que detallen los hechos.

Y por último, existe un análisis sapiencial del fin de los tiempos, que se basa en las profecías, las cuales hasta ahora en su gran mayoría no han fallado. Por ejemplo, entre las profecías de la tradición islámica se anuncia la humareda final que cubrirá todo el planeta, se anuncia el genocidio, la proliferación de los altos edificios, de la carestía y de la inflación, la multiplicación de los hijos naturales y abandonados, que hoy llegan a millones. La tradición sapiencial o profética contiene numerosos aciertos que la convierten en un método sumamente fidedigno, superior a la interpretación histórica y a la especulativa antes mencionadas.

A esta tradición sapiencial hemos de referirnos en lo siguiente.

 

 

INTRODUCCIÓN

 

¿Qué es el fin de los tiempos?

El fin o final de los tiempos (en plural) es diferente al fin del tiempo (en singular), también llamada Hora Final o Día del Juicio. El primero se refiere al cierre de este período de la humanidad, y el otro se refiere al Juicio universal. Son dos momentos distintos, por una parte, un cierre de ciclo («el fin de los tiempos»), y por otra parte un final totalizador de todos los ciclos, que es aquel a que aludimos con los términos «Fin del tiempo», «la Hora», «el Día del Juicio universal», etc.

Lógicamente, todos los tiempos corren hacia el Fin final de todos los tiempos, y por lo tanto el cierre de nuestro ciclo tiene que ver con el fin definitivo, el de todos los tiempos, y está a su servicio. Por eso casi todos los signos que nosotros vamos a citar en nuestro escrito están dirigidos hacia una culminación final de todos los tiempos, hacia el Ultimo Día.

Pero además, los dos momentos se distinguen entre sí por el tipo de signos que presenta cada uno. El fin de los tiempos, o cierre de nuestro ciclo, presenta signos de tipo histórico, de naturaleza mundana, que puede percibir el hombre siglo tras siglo. En cambio, el Fin del tiempo u Día Final presenta signos de tipo sobrenatural y cósmico, que sobrevendrán en un lapso muy corto.

 

Las características de nuestro tiempo

 Nuestro tiempo se caracteriza por ser el de la mayor prueba, como culminación de la historia. Es un periodo que llamaremos el Fin de los Tiempos, y cuyo antecedente más remoto lo constituye Abraham (P), su inicio virtual está en Jesús (P), y su concreción en Muhammad (BPDyC). Al respecto dice el Sagrado Corán sobre Jesús (P): El es en verdad una señal de la Hora [final] (43:61), es decir que su aparición indica la época final de la historia. Y sobre Muhammad (BPDyC) coincidentemente dice: El es solamente un advertidor de vosotros, antecedente de un castigo intensísimo (34:46), es decir que el Profeta (BPDyC) viene antes del castigo final de la humanidad con que se cierra el presente ciclo.

Las características del Fin de los Tiempos son: La unidad aparente de la humanidad en una sola civilización o cultura, bajo una forma falsa y artificial que todos conocemos, que en realidad esconde los conflictos más grandes de la humanidad. Esta falsa unidad universal es la de la actual civilización materialista técnica. La verdadera unidad de la humanidad en el Fin de los Tiempos es indudablemente la del Islam, que constituye la única doctrina universal que de hecho ha podido lograr eso. Dice el Sagrado Corán sobre el rol del Islam en tal sentido: Y así es cómo Nosotros os establecimos como comunidad media para que seáis testigos de la humanidad y que el Mensajero sea testigo vuestro (2:143); y dice: Sois la mejor comunidad hecha surgir en la humanidad: Ordenáis el bien, vedáis el mal y la rebeldía, y creéis en Allah (3:110). Y sobre el Profeta (BPDyC) expresa: Dí: «¡Humanidad!, soy el Mensajero de Allah para todos vosotros» (7:158).

La segunda característica del Fin de los Tiempos es que la humanidad adquiere la mayor libertad posible, y así se independiza de Allah en ideas, convivencia, conocimientos, gobierno, arte y ciencias. Esto se produce con mayor fuerza a partir del predominio de la civilización occidental, a partir del siglo quince aproximadamente, y su expansión imperialista por todo el mundo. En la actualidad la libertad humana irrestricta ha conducido a los mayores desastres de la historia, a pesar de ser un don divino inapreciable.

Coherentemente con lo anterior, el Fin de los Tiempos se caracteriza por el poder incomparable que ha adquirido la humanidad sobre la naturaleza y sobre los medios de existencia en general, asunto que normalmente sirvió para su propia destrucción.

Por último, se ha logrado una expansión del conocimiento que no tiene parangón con el pasado, pero exclusivamente en el orden mundano y material.

En conclusión, la falsa unidad universal de la humanidad, la libertad más amplia, el poder enorme que posee, y el conocimiento de lo material y mundano, caracterizan al Fin de los Tiempos, en el cual se destruyen las antiguas culturas y se eliminan a los pueblos que no se adaptan a la época. Los signos del Fin de los Tiempos

En este trabajo nos referiremos a algunos signos generales del Fin de los Tiempos, en base a la tradición islámica. Y para alcanzar alguna comprensión del tema se deberá tener una idea lo más amplia posible sobre el significado de los signos, porque los hadices o tradiciones que citaremos se basan bastante en ellos.

Los problemas principales que presentan los signos residen en lo siguiente: 1) Es necesario reconocerlos con exactitud; 2) se debe conocer su jerarquía o la importancia relativa entre ellos; 3) si se concretaron o están pendientes en el tiempo; 4) si la interpretación que se les dió en el pasado todavía es válida, o bien si actualmente deben interpretarse de modo distinto. Se deben distinguir, por otra parte, entre los signos concretos, como acontecimientos históricos, personas, fenómenos particulares de la naturaleza, etc., respecto de otros signos que representan estados generales en los que regularmente se encuentra la humanidad, como los crímenes, la corrupción, las injusticias, la ignorancia, etc.

La importancia de los signos en la vida del Profeta (BPDyC) se evidenció, por ejemplo, cuando hacían el foso para la defensa de Medina y a él (BPDyC) se le cayó una herramienta sobre una piedra produciéndose chispas. Entonces el Profeta (BPDyC) sonrió y expresó: «Por cierto que veo desplomarse los palacios de Cosroes [emperador de Persia] y del César [emperador de Bizancio]». O bien cuando en cierta ocasión, estando en marcha hacia la batalla de Ohod, el Profeta (BPDyC) observó que una yegua golpeó con su cola una espada y ésta se inclinó hacia abajo. Entonces aconsejó el Mensajero de Allah (BPDyC) al que le había sucedido eso: «Desenvaina pues creo que las espadas deber ser desenvainadas hoy», anunciando así que ese día se decidiría la batalla.

Como vemos no es fácil interpretar los signos, lo cual requiere de mucha sabiduría, porque nos podríamos preguntar en qué se basó el Profeta (BPDyC) para deducir lo que dice sobre los dos hechos citados, totalmente heterogéneos a la interpretación que él les da.

 

Características de los signos de índole sagrada

Los signos son del Poder exclusivo de Allah y sólo El puede concretarlos. Nunca Satanás el maldito lo podría porque: 1) Lo que éste promete es engaño y artificio, por lo cual es imposible que lo cumpla. 2) No domina el futuro y por lo tanto no puede establecer condiciones futuras para que se cumplan, siendo dichas condiciones los signos en sí mismos. 3) No tiene poder sobre los creyentes y no puede engañar a éstos ni prometerles nada. Por último, 4) le es imposible a Satanás anunciar castigos. Por el contrario, el maldito ilusiona, promete goces falsos, pero no le compete y está fuera de su poder el anuncio de castigos. Lo único que puede hacer es amenazar al hombre con la miseria, como dice el Sagrado Corán, para alejarlo del bien.

Acerca de los tres primeros puntos, debemos saber que Allah Exaltado promete y cumple, y utiliza los signos como indicios, mojones para la realización de Su promesa, condiciones de futuro que cuando se cumplen indican la realización de algún acontecimiento o la aparición de algo que aquellos signos anunciaban. Son como señales en el camino, igual a lo que cuenta el Sagrado Corán en el relato sobre Musa y Al-Jadr (P) en el que hay signos, como el del pez que retorna al agua. (Sura 18:60-82)

Allah no equipara a Satanás el maldito ni aún con el creyente, quien si lo es de verdad tiene más poder que aquél. Pero el mismo creyente por más fe que tenga nunca puede comunicarle a nadie signos inventados por él, sino que sólo aquellos que Allah le permita anunciar, si es que se lo permite. Mucho menos Satanás el maldito puede realizar anuncios en base a signos, porque como dijimos le es imposible determinar el futuro. El actúa y aprovecha para dañar sólo en presente, tanto como lo hace el hombre impío. Puede inducir el mal actual, puede engañar, pero no conocer lo oculto.

 

El desconocimiento del momento de un acontecimiento

El hecho de que un acontecimiento futuro no pueda ser determinado con precisión en el tiempo, como por ejemplo el surgimiento de Al-Mahdí, o la funesta aparición del falso mesías, etc., se debe a que la Voluntad de Allah todavía puede adelantarlo o atrasarlo, según cuál sea la actuación del hombre. Si este último actúa negativamente se aceleran los acontecimientos por venir que fueran para su castigo, y si actúa benignamente se retardan. Esto surge del Sagrado Corán que dice: Y tu Señor es el Indulgente, el de la Misericordia. Si los castigara por lo que realizaron [los hombres] seguramente apresuraría el castigo de ellos. Pero sin embargo tienen un término final contra el cual no encontrarán amparo alguno (18:58); y dice: Si Allah apresurara el mal de la humanidad tanto como ellos se precipitan hacia el beneficio, sin duda hubiese determinado el fin de ellos (10:11); y dice: Ha venido el Mandato de Allah [el castigo del Fin de los Tiempos] ¡no lo apresuréis pues! (16:1), es decir que el hombre puede acelerarlo con sus maldades.

En el mismo sentido debe interpretarse la expresión del Sagrado Corán sobre que la Hora Final gravita entre el cielo y la tierra: Te preguntarán [Profeta] acerca de la Hora [Final]: «¿Cuándo arribará?» Responde: «Su conocimiento solamente está en lo de mi Señor, sólo El la manifestará en su momento: Gravita en los cielos y en la tierra, no os vendrá sino sorpresivamente» (7:187). Cuando dice que sólo El la puede manifestar, esto significa que solamente Allah puede fijar su momento exacto, y que cuando ello se produzca la mayoría de la gente lo recibirá de golpe. Antes de que Allah fije su momento es imposible a través de la interpretación de los signos descubrirlo, cualquiera sea el recurso a que se apele para ello, aunque los signos están en realidad sólo para indicar ese momento. Pero después de decretado el acontecimiento prometido algunos lo podrán saber, pero sólo aquellos a quienes Allah quiera revelárselo. Si antes de que Allah decretara un acontecimiento prometido pudiera alguien descubrirlo, esta persona sería más sabio que Allah y su voluntad superior a la divina, lo cual es imposible.

Por otro lado, el conocimiento por parte de toda la humanidad de que un acontecimiento final está cercano anularía la prueba del mundo, el premio y el castigo, la libertad humana. Por ejemplo, si alguien conociera el día de su muerte sólo se ocuparía de eso y no de las cosas que lo ponen a prueba en el mundo, como trabajar, realizar proyectos para el futuro, casarse, tener hijos, estudiar, adquirir propiedades, acumular dinero o valores, empeñarse en mejorar la sociedad humana, etc. Es decir, abandonaría todo lo que se vincula con la sociedad y se dedicaría, por el contrario, sólo a su interés personal, inclusive apartado del mundo si ello fuera necesario. Al respecto dice el Sagrado Corán: Si yo conociera lo oculto seguramente sólo aumentaría en lo que beneficia y no me afectaría el mal (7:188), en el sentido de que se retiraría de la sociedad humana y se dedicaría sólo a lo que lo beneficia espiritualmente, sin que la prueba del mundo lo afecte en nada.

En conclusión, los signos indican la cercanía o la lejanía de un acontecimiento que está oculto en el Conocimiento divino, como las señales de una ruta indican la proximidad o la distancia de un lugar. Pero debemos saber que esos signos son sólo conocidos de verdad por los que más profundizan en el conocimiento, por lo cual la mayoría no se percatará de la proximidad del acontecimiento anunciado, y por eso este último les caerá de golpe.

Y es muy importante tener en cuenta que cuando el acontecimiento es decretado por la Voluntad divina ya no hay adelanto ni retraso. Tal es el Ta’uil, el cumplimiento, y desde entonces el hecho ya existe virtualmente, aunque no se haya concretado materialmente. Además de ello, puede también estar desde entonces en el conocimiento de unos pocos, como sucedió con los Profetas (P). (Ver también más adelante lo que se explica sobre el conocimiento de lo oculto).

 

Nuestra selección de tradiciones

Si quisiéramos exponer lo que dicen todas las tradiciones que se conocen en el Islam sobre el Fin de los Tiempos, esto ya no tendría interés como información general, que es lo que deseamos dar. Primero, porque constituiría una tarea muy larga y erudita, lo que extendería demasiado este trabajo en lugar de la brevedad que queremos darle. Por otra parte, ello no nos permitiría una visión sintética de nuestro tema, de no detenernos a comparar entre sí las diversas tradiciones, y realizar una tarea agotadora que está lejos de nuestra intención inmediata.

Y en cuanto a nuestra presentación de sólo tradiciones del Islam, ello se debe a que es la que mejor conocemos, y, en definitiva, la menos conocida por el público de habla castellana.

Nos concentraremos sobre tres temas, uno acerca de los signos generales tanto del Fin de los Tiempos como del Día Final; segundo, sobre la aparición del peor de la humanidad, conocido en el Islam como Al-Dayyal o falso mesías y en occidente como «anticristo» es decir el adversario y contrapuesto al Mesías verdadero; y por fin, mencionaremos tradiciones referentes a Al-Mahdí, con él sea la excelsa Paz, apelativo que significa «el bienguiante y bienguiado», pero que podríamos traducir como el Restaurador, porque su apodo tiene ese sentido. (Se dice que se le apela «Al-Mahdí» porque él restablecerá las Tablas de la Ley reveladas a Moisés -P- y las Escrituras sagradas que se guardaban en el arca de la alianza, que él extraerá de donde se encuentra oculta, así como el verdadero Evangelio de Jesús -P-, todo lo cual está hoy perdido).

Esperamos contribuir a la iluminación de los corazones, y en Allah solamente esperamos toda recompensa.

 

TRADICIONES PROFÉTICAS

Presentaremos primero una serie de tradiciones, pocas en número, que dan una idea general del fin de los tiempos. Estas tradiciones son las enseñanzas del Profeta Muhammad (BPDyC).1

Sobre los signos generales del fin de los tiempos o cierre de nuestro ciclo, dijo el Profeta (nosotros agregamos la numeración):

1º) «No vendrá la Hora Final hasta que dos grandes facciones (o sectores) se enfrenten en lucha, que producirá en ambos una gran matanza, cuya motivación o pretensión es una sola (la misma)».

Como dijimos en la parte anterior, todos los signos del cierre de nuestro ciclo están dirigidos hacia el Fin universal, como se evidencia en el hadiz (tradición profética)2 antes citado, cuando dice «no vendrá la Hora Final». En este caso, el signo es la lucha de dos grandes facciones de la humanidad (como las dos guerras mundiales), signo que pertenece al cierre de nuestro ciclo, pero que, en definitiva, está al servicio de la Hora final. La motivación de la lucha no está representada por una causa superior, debido a que ambas facciones tienen la misma intención, eliminar una a la otra, como dos perros que se disputan el mismo hueso.

2º) «No vendrá la Hora Final hasta que surjan falsos profetas, embusteros, cerca de treinta, todos los cuales pretenderán ser enviados de Dios».

Después de la época del Profeta (BPDyC), que vivió del 570 al 632 d.C., él afirma que aparecerán treinta impostores de gran calibre, cada uno pretendiendo ser enviado de Dios. Estudiando la historia podríamos ubicar a estos impostores, representados por diversos personajes, que aunque no hayan dicho explícitamente que eran «enviados de Dios», se presentaban como «salvadores» de sus pueblos. Algunos lo hicieron directamente como «enviados divinos», creando falsas religiones.

Recordemos que también Jesús (P), anunció que «vendrán después de mí falsos profetas y mesías, que engañarán a muchos». Esto incluye el período que va desde su desaparición del mundo, en el año 36 o 37 de la era occidental, y la aparición del Profeta Muhammad (BPDyC). Y recordemos que los falsos profetas y mesías son condenados a la muerte por el Antiguo Testamento. Es decir, todo aquel que pretenda tener esa categoría espiritual tan elevada y no lo sea, tal embustero tendrá «muerte». Esta «muerte» presenta dos aspectos, uno literal, y es que se lo matará o asesinará, y otro metafórico, y es que su doctrina no perdurará.

3º) «No vendrá la Hora Final hasta que desaparezca la ciencia (o el conocimiento)».

Se refiere aquí principalmente al conocimiento metafísico, que nos responde sobre el sentido de la existencia, sobre el destino de la humanidad, y que nos otorga sabiduría. Por el contrario, hoy prevalece el conocimiento de los fenómenos, como luego veremos.

4º) «No vendrá la Hora Final hasta que se multipliquen los movimientos sísmicos.»

Esto todavía no lo hemos visto en toda su intensidad, pero sabemos que existen varios lugares en el planeta donde pueden producirse grandes cataclismos, como la falla de San Andrés existente en EE.UU. y México.

5º) «No vendrá la Hora Final hasta que el tiempo se reduzca (o apremie)».

Es decir se acorte y aparezca «la urgencia», «el tiempo es oro», el «no puedo perder el tiempo», etc. En tal caso, muy evidente en nuestra época, el tiempo nos parece más rápido, aunque en sí mismo no es más rápido ni más lento. Esto depende mucho de la vivencia que se tenga del tiempo, de nuestra experiencia personal a su respecto. Sin embargo, el tiempo en su relación con la materia siempre es igual a sí mismo, los átomos cumplen su ciclo dentro de una misma dimensión temporal, igual que los planetas. En todo caso, si variara para todas las cosas en conjunto, no lo podríamos percibir como más lento o más rápido, por no poder comparar su velocidad con otra cosa.

Pero lo que ha cambiado es la conciencia humana, para la que el tiempo parece más acelerado, porque los hechos se precipitan. El tiempo no es más que una relación entre cosas o entre hechos, y depende esencialmente del movimiento. Al haberse complicado e intensificado la vida humana, pareciera que el tiempo se ha acelerado.

¿A qué se debe este hecho? Es el resultado de la multiplicación de cosas, en todos los órdenes. Hay así, para dar un mero ejemplo, un «congestionamiento» en la vida humana, un número demasiado grande de cosas que se deben satisfacer, un aumento desmesurado en cantidad de relaciones, una multiplicidad de medios externos, fantasías, diversiones, dispersión de la fuerza espiritual en ilusiones, etc. Esto produce la apariencia de que el tiempo es corto, y de que los sucesos se precipitan con demasiada rapidez. La vida humana está atada al frenesí de la velocidad, no se puede detener. Todo está organizado de manera tal que la persona no tenga reposo, y hasta el ocio da trabajo.

En una sociedad sin ocio no hay interés por el trabajo espiritual, no hay autoconocimiento ni verdadera felicidad. De allí que la organización técnica actual, los sistemas de producción que se basan en la cantidad de cosas producidas, la economía en permanente inflación, la competencia por la posesión de bienes de parte de todo el mundo, no dejan margen para el ocio espiritual y la vida verdadera cae en la decadencia.

Otra comprensión, más profunda aún, es la que dice que a medida que se acerca la Hora Final, la Misericordia divina va acortando el tiempo de la prueba de la humanidad, sin que por ello se quiebre la Justicia divina. Es decir, desde la manifestación del Profeta Muhammad (BPDyC), que representa la Misericordia, Allah ha cerrado el tiempo de la prueba, o sea de la existencia humana en este mundo, y lo que todavía sigue pasando es sólo un tiempo complementario, con el que Allah quiere que la humanidad se reivindique y alcance Su Perdón. Por eso en este tiempo Allah no apresura Su Castigo, y lo demorará tanto como El quiera, hasta que quede satisfecha Su Misericordia.

Este tiempo «complementario» pasa más rápidamente que lo normal, debido a la Misericordia divina.

6º) «No vendrá la Hora Final hasta que surja el cisma y la tentaci