


Sección Libros

EDITORIAL NUR
BUENOS AIRES
EDITORIAL NUR Y FUNDACIÓN PARA LA PROMOCIÓN ISLÁMICA
Este libro fue financiado por la Fundación para la Promoción Islámica
Hecho el depósito que previene la Ley 11.723
I.S.B.N. 950-99146-5-7
IMPRESO EN ARGENTINA -- PRINTED IN ARGENTINA
ADVERTENCIA
Este es un libro que tiene como meta la razón de los seres racionales, si bien no el corazón. Por eso es menester que dirija la presente advertencia a sus posibles lectores, para que no anhelen nada más que lo que aquí presentamos. En otras obras hemos abordado o abordaremos, si Dios lo permite, el nivel más profundo de la ciencia espiritual, el nivel de lo que podemos llamar "sabiduría del corazón".
¿Por qué creemos necesario dirigirnos también a los racionalistas, que intelectualizan todas las cuestiones y no suelen ir más allá de la razón? Simplemente porque ese proceder constituye una enfermedad intelectual (el "racionalismo", el "intelectualismo") que tiene muchos ejemplos en la actualidad. Además, como repetimos en la obra, queremos cerrar el paso a los racionalistas por el lado de creer, o tener ya por supuesto, que la razón por si misma descarta toda cuestión metafísica, que con la mera razón no es posible ni siquiera hablar de "Dios". Este es un grueso error difundido profusamente por el materialismo en boga.
Pero, sobre todo, a pesar de lo dicho, queremos dejar aclarado en esta advertencia que no creemos suficiente la demostración racional de la Realidad divina, aunque si creemos que es necesaria, como no es suficiente comer para poder pensar, pero es necesario comer para sobrevivir y así poder pensar. Intentaremos abordar la cuestión racional de la Realidad divina como el que come para sobrevivir.
Sostenemos, pues, que las pruebas racionales, sean las cosmológicas (como la de la armonía cósmica), o sean las intelectuales puras, como las que exponemos en gran parte de esta obra, no están a la altura auto conocimiento, que es la vía de acceso real y única que tenemos nosotros, los seres humanos, hacia el conocimiento de la Realidad divina. Por otra parte, todo tipo de pruebas cosmológicas, que se refieran a perfección cósmica, pueden ser impugnadas o puestas en duda, parto de supuestos racionalistas; en cambio las pruebas del auto conocimiento son inimpugnables, pues se sostienen sobre‚ la propia experiencia. Esto no significa que sean pruebas meramente "subjetivas" sin valor para el resto de los seres, por el contrario son bien objetivas, pues existen en todos los seres de la misma manera.
¿A qué me refiero con las "pruebas del auto conocimiento? Entre otras, a la experiencia de nuestra esencia racional, que encierra ciertos principios para el conocimiento de las cosas (como las leyes lógicas), y ciertos conocimientos evidentes sobre los que se sostiene nuestro pensamiento. Este es un nivel ínfimo en nuestro auto conocimiento. Luego viene, en orden de importancia, la conciencia, con sus emociones, deseos, pensamientos, intenciones, etc. La alegría, el llanto, la felicidad, la angustia. Luego vendrán la constelación de las ideas superiores, sobre el bien, lo ético, la belleza, la justicia, etc. Por fin, las experiencias ineludibles de la muerte, del amor, del éxito, del fracaso, etc., que nos marcan el sentido de la vida.
La razón es un guía que puede llevarnos a la meta o hacernos errar desierto. A conocer este guía en su relación con las ideas de lo divino esta dedicado este libro, y a nada más que a eso.
Mahmud Husain
PROLOGO
Uno de los signos distintivos del mundo actual es haber proclamado y estar viviendo la experiencia de "la muerte de Dios", como algunos lo han llamado. No nos proponemos realizar una investigación filosófica sobre el asunto, según el occidente actual concibe estas cosas. No creemos en la concepción "filosófica" occidental por ser para nosotros una forma de pensar deformada, que ha llegado a alterar la fuente pura del conocimiento, abstrayendo y complicando cada vez más, y alejándose de la realidad y de la vida del hombre a medida que ha pasado el tiempo.
Nuestra respuesta a la mentada "Muerte de Dios" se basa en la Sabiduría, en el conocimiento profundo cuya raíz es sobrenatural, al cual no se atreve a desmentir la mera razón (siempre y cuando la razón sepa interpretar y la Sabiduría descender a su altura para dialogar con ella). Intentaremos captar en su pureza la "cuestión racional" de la Realidad del Principio, desde la perspectiva de la Sabiduría, lo cual nos permitirá refutar como absurda y vana la afirmación de "1a muerte de Dios"
Dijo el Profeta (BPDyC) * "me ha sido dada la síntesis de la palabra", lo cual significa el conocimiento en su esencia, sin velos que lo cubran ni recubran, alterando de tal modo su pureza hasta perderse en una maraña de palabras que ya no significan nada. Esto es caer en puro racionalismo y el conocimiento verdadero debe ser realidad. Su profundidad y claridad deben quedar manifiestas y, de este modo, el conocimiento mismo alcanzará su propia justificación.
*Siempre que se mencione al Profeta se trata de Muhámmad ("Mahoma mal se translitera al castellano). Las iniciales (BPDyC) significan la Bendición y la Paz sean con é1 su Descendencia ennoblecida y compañeros fieles, una expresión habitual de honra y exaltación del Profeta que realizan los musulmanes.
¿Qué busca el hombre al conocer?: ser más, desarrollar todas sus posibilidades, alcanzar el significado de si mismo y descubrir su destino. Fuera de esto, todo lo que nos muestra el modelo "intelectual" occidental es pura vanidad e ignorancia.
Un conocimiento desgajado del hombre, como subsistiendo por si es un monstruo que puede llegar a asesinar a su creador, este es el estado del conocimiento actual en occidente.
Un conocimiento basado en "1a muerte de Dios", como tétricamente se ha dicho, al margen de toda sujeción a la realidad, es un conocimiento que procura la muerte del hombre, porque El no depende de afirmación de Su Realidad por parte de la razón, es esta quien debe satisfacer su propio auto conocimiento por El y auto justificarse en El.
Creemos en la razón en la medida que ella no va más allá de sus posibilidades, y, en realidad, sus posibilidades están más allá de lo que piensa el racionalismo occidental, el cual ha llevado a la razón a un callejón sin salida. Dichas posibilidades son grandísimas, incalculables, siempre que la razón sea conciente de si misma y no se deje arrastrar por el absurdo y la vanidad.
La preeminencia de lo racional sobre lo emocional es evidente para nosotros. Nuestro método ubica el punto exacto en que la razón debe ser puesta: en el inicio de todas las cuestiones humanas, aunque no como el patrón único y definitivo con que se medirá todo. Existen otras vías en el hombre, como también existen realidades que no pueden ser captadas por la razón.
Para ejercer su razón el hombre debe alcanzar ciertas condiciones que van más allá de la mera razón y que son parte de la vida humana de todos los días. El racionalismo actual supone que cualquier hombre racionalmente apto, de cualquier modo que quiera expresar su racionalidad, en cualquier estado y condición, puede decir lo que quiera sin limitación. Este es el camino del absurdo.
Notros consideramos que existen condiciones existenciales para la racionalidad verdadera y no solo imaginarias condiciones "intelectuales". Para el hombre occidental el intelecto es una herramienta, una técnica que le permite conseguir sus designios personales, como el poder, la fama y la fortuna. Para nosotros es la culminación de la persona, su punto de máxima visión espiritual. Para el occidental el conocimiento es algo sobre todo práctico, que permite desarrollar un poder sobre las cosas, para nosotros es algo sobre todo espiritual que permite ir más allá de los límites del mundo. Para el occidental el intelecto es un signo propio del hombre, que no le impone a este ninguna limitación a sus potencialidades; para nosotros a través del intelecto el hombre debe conocer sus propias limitaciones y atenerse a ellas, no transgredirlas, pues en tal caso auto anula su racionalidad.
Podríamos agregar algunas consideraciones más al respecto, pero para abreviar solo diremos que nosotros consideramos al intelecto como parte del espíritu, en el sentido que este tiene de permanencia, espontaneidad, perfección, sutilidad, inmutabilidad, unidad y universalidad. Para el occidental actual el intelecto es idéntico a inteligencia, algo adquisitivo meramente, un poder de la mente humana, al igual que hay otro poder que pertenece al cuerpo.
Por otro lado, el occidental actual produce una escisión entre la vida y el conocimiento, una grieta que lleva a este último hacia su propia aniquilación. Opone vida e intelecto, conocimiento y práctica y como dijo gráficamente Goethe “verde es el árbol de la vida y gris el pensamiento" El conocimiento humano (la racionalidad, el intelecto) necesita del contacto permanente con la vida del hombre, con la práctica, puesto que de lo contrario crea fantasmas. Lo peor es que conduce al hombre hacía su autodestrucción, como es posible observar en gran parte de la ciencia actual.
El hecho de que en occidente el conocimiento científico, por ejemplo, se haya independizado de la vida cotidiana y encerrado en institutos especializados y en laboratorios, debe interpretarse como un desvío de la función original que cumple en el hombre. El conocimiento no es un mero ejercicio racional, ni aún cuando tenga una aplicación práctica, como es el caso de la ciencia actual, sino que es un medio para alcanzar algo superior al conocimiento mismo: la percepción de la realidad tal cual es. La realidad no depende del conocimiento, en cambio este si depende de ella.
Sin embargo, la razón puede fabricar un "conocimiento" ilusorio, inútil (en el sentido verdadero del término), nocivo, cuando atenta contra la realidad misma, como en el caso de un conocimiento aplicado a la destrucción de la naturaleza o de la vida espiritual humana. ¿Acaso es posible designar a tal "conocimiento" como “verdadero", “digno del intelecto”, “beneficioso" aún cuando sea muy elaborado, complicado y difícil? ¿A que debemos atenernos para no caer en este tipo de perversión? ¿Cuál es la realidad digna de ser conocida por la razón? ¿Qué límites debe esta observar para no caer en la perversidad del conocimiento?
Es evidente que la razón debe tener un fin superior al cual dirigirse y debe conocer su propia función cabalmente, antes aún de comenzar a actuar. Esto sólo es posible por la experiencia del pasado, por un lado, y la enseñanza de los sabios, por el otro. Si no tuviera una finalidad superior ¿Cuál sería en realidad su distinción respecto de los sentidos, o de las funciones físicas, o de cualquier otra cosa que no sea el conocimiento mismo? Y si por otra parte no conociera las mejores condiciones de su función, las que le impiden caer en el error, la mentira y la perversión ¿cómo impedir que caiga en esas cosas?
El fin superior de la razón es un solo conocimiento, en el cual se basa la totalidad del resto de los conocimientos, sea directa sea indirectamente, sea el resultado correcto o falso de la indagación, sea por influencia benéfica o maléfica de dicho resultado: el conocimiento de si mismo, que es uno y el mismo con el conocimiento del Principio de todas las cosas. Como no es posible acceder a la cumbre del conocimiento sino a través de uno mismo, porque no existe conocimiento en otro que en mi, el máximo de los conocimientos, el del Principio, es un conocimiento en mí, que equivale a la vez a lo máximo que puedo conocer de mi mismo. Esto es a lo que debo atenerme en toda función de la razón: si ella me conduce hacia el conocimiento de mi mismo es auténtica, de lo contrario es negativa.
En segundo lugar, cuando decimos que el conocimiento del Principio es el máximo de todos los posibles, y el mejor de ellos, es porque conocimiento de la realidad tal cual es. Siendo el Principio de todas las cosas, estando presente en todas ellas, otorgando realidad a cada una y al conjunto formado por todas, es imposible tener un acceso completo, verdadero y suficiente a cada una de ellas y a su conjunto, sin tener conocimiento del Principio, de cómo El actúa y está presente en ellas otorgándoles realidad. Si nos preguntamos entonces, “¿Qué realidad es digna de ser conocida por la razón?" debemos responder antes que nada, la realidad del Principio, y la realidad de las cosas en el Principio.
Por último, si deseamos respetar los límites dentro de los cuales la razón no cae en desvíos y perversiones, debemos sin duda conocer su función, la verdadera, y distinguirla de toda otra función falsa. Para ello sólo podemos apelar a dos medios seguros: la experiencia del pasado y la tradición de los sabios, de otro modo no nos atendríamos a un principio elemental del pensamiento, cual es que éste sólo puede constituirse realmente sobre esas dos bases, experiencia y educación, y en realidad no tiene otras. Por esta vía podremos superar toda posibilidad de perversión del conocimiento.
Pongamos por ejemplo que deseáramos ahorrarnos el trabajo de conocer la experiencia del pasado (a qué resultados condujo, cuán errónea fue, o cuán acertada, a qué intereses sirvió fuera del conocimiento, cómo perjudicó al género humano, o cuánto lo benefició, etc.) e intentamos conocer sin recurrir a estos antecedentes, ¿a qué resultados llegaríamos? Es evidente que deberíamos realizar innumerables intentos, continuos y diferentes, hasta llegara acertar con un resultado bueno, si es que lo logramos. ¿Cuánto tiempo nos llevaría esto?; también es evidente que desperdiciaríamos tiempo en lugar de ahorrarlo. ¿Qué seguridad tendríamos de alcanzar un buen resultado?; desde un punto de vista estrictamente racional, ninguna en realidad, porque hemos actuado sin partir de antecedente alguno, como un ciego en una habitación oscura. ¿Nuestra iniciativa estaría de acuerdo con lo que procuramos conseguir, es decir, sería lógica, racional, justa?: No.
Imaginemos que quisiéramos evitar la enseñanza de los sabios, tal como seguir sus consejos, adoptar sus opiniones, meditar según las reglas que ellos nos comunicaron, aceptar aquellos principios que ellos nos enseñaron, otorgarles credibilidad, respetarlos. ¿Qué‚ resultados alcanzaríamos?, ninguno, o mejor dicho el error y la perversión del conocimiento.
En primer lugar, la actitud rebelde que no acepta la enseñanza de la Sabiduría es soberbia y torpe. La rebeldía se basa en la soberbia, e implica necesariamente una torpeza interior evidente. En estas condiciones intelectuales es imposible alcanzar ninguna verdad. En segundo lugar, dicha actitud es la raíz del mal en el conocimiento, todo el mal, porque el conocimiento no solamente puede adolecer de imperfección, de error, sino también de malicia, de hipocresía, de maldad y perversión. Si aceptamos esto último, lo cual está ante nuestra vista todos los días, no podremos negar que existen dos tradiciones contrarias dentro del conocimiento, la tradición auténtica, verdadera, que hemos llamado “de los sabios”, y la tradición satánica, rebelde y maligna.
Sin duda que la tradición verdadera comienza y se basa en el conocimiento del Principio, y derivan de El todos los otros saberes. Por el contrario, la tradición negativa se basa en el rechazo del Principio y deriva de allí todo otro pensar. La tradición espiritual, real, intelectual, auténtica, y la tradición luciferina, que pone todo el peso en el dominio de las cosas, de la materia, de la psiquis: he aquí la oposición elemental en el campo del conocimiento.
En el curso de nuestro trabajo iremos considerando varías posibilidades respecto del “Principio de todas las cosas" Dicha expresión nos permitirá señalar racionalmente a Quien es incognoscible en Si Mismo, pero que se manifiesta a través de todos los seres. Debemos al respecto, sin embargo, realizar algunas distinciones.
Principio señala a lo primero, algo que en si misino no tiene antecedentes. Al igual que el número uno entre los números naturales, no es posible atribuir al Principio ningún origen, procedencia o genealogía. *
Por otra parte, existe la idea de “origen". Esta no es idéntica a la de “principio”, puesto que no implica necesariamente la ausencia de un antecedente. Por el contrario, el origen necesita de un principio que lo manifieste.
Por ejemplo, la vida es el Principio de los animales y vegetales, pero no su origen. Cada especie animal o vegetal tiene su propio “ancestro”, por decirlo así, el cual contiene las particularidades de esa especie y constituye su origen. La vida es algo universal y la especie animal o vegetal algo particular, una es el principio sin el cual la otra no sería posible.
Cuando nos refiramos a las pruebas racionales acerca del Principio de todas las cosas, no debe confundirse la cuestión con aspectos particulares del universo, como ser el origen de las estrellas, o del hombre, para dar un ejemplo. Se trata de algo mas allá de todo lo particular, algo universal, en Si Mismo incognoscible, pero que es posible conocer en cada uno de los seres que constituyen el universo.
Este tipo de conocimiento no es extraño a la mente humana, pues ella utiliza la analogía, la alegoría y el símbolo, cosas que son necesarias para el conocimiento del Principio. Podríamos decir que El es conocido eminentemente por dichos medios, y que estos existen, antes que nada, para Su conocimiento.
Exponemos nuestros argumentos basándonos en una distinción necesaria, la de razón, certidumbre y Sabiduría. Esta tripartición nos proviene del Islam, quien distingue el nivel racional respecto del nivel de la Fe y por último, respecto del conocimiento superior o Sabiduría, el cual constituye la culminación de todo nuestro ser. La Sabiduría es la ciencia de la Unidad, del Principio.
Por último, nos referiremos al conocimiento de si mismo (de uno mismo) como el único y el mismo conocimiento del Principio. Afirmamos ya que a El no podemos conocerle como el origen o el “ancestro” de las cosas, no podemos conocerle como a un objeto (material o histórico) ni aún podemos conocerle en Si Mismo. Pero habíamos mencionado también que es posible conocerle en los seres que constituyen el universo, antes que nada en nosotros mismos, no existiendo para el hombre un tipo más grande de conocimiento que aquél que realiza de El, en si mismo.
* El cero no debe ser concebido como el "origen" del uno pues no posee valor alguno. Es simplemente una función la que el cero cumple respecto del resto de los números naturales, no teniendo como estos un valor que permita utilizarlo con un significado extra matemático.
PRIMERA PARTE
La cuestión primordial que nos conduce a creer, es que nos resulta evidente la existencia de un Principio de todas las cosas.
En el Islam, lo primero en el camino de la afirmación de dicho Principio es la razón o conocimiento1. Una creencia sin conocimiento o pruebas racionales, es una creencia con una debilidad en sí misma, no desarrollada, lo cual puede llevar en cualquier momento a la duda y a la tribulación.
Luego viene la confirmación o convicción interior, que es superior a las pruebas racionales, porque conduce de la imperfección a la perfección. Esta convicción es como una fuerza y las pruebas racionales, comparadas a ella, son como un instrumento exterior.
Por último, existe la Sabiduría que es la etapa superior de conocimiento. A ella se la llama el Conocimiento de Allah2, de Principio, resultando así el conocimiento por excelencia.
En resumen, las tres etapas son las siguientes: evidencias racionales; convicción; Sabiduría. Estas tres etapas tienen su paralelo en: Islam (Sometimiento); Iman (Fe); Ihsán (Perfección).
Como el Islam, que corresponde al estado de sometimiento, las pruebas racionales nos conducen a someternos, a no rebelarnos contra a nuestra razón. Como el Iman, la convicción produce en fuerza, siendo que Iman significa aseguramiento, firmeza. Como el Ihsán, la Sabiduría equivale a alcanzar el máximo desarrollo de interior, siendo el Ihsán la perfección y el estado de contemplación del Señor del Universo3.
Existe una sura del Sagrado Corán que dice:
“¡que no!, si conocierais con certeza, veríais el Fuego eterno; le veríais con verdadera realidad..." (102: 5 a 7).
El conocimiento de certeza es el racional; la certeza misma es la Fe as como si viera aquello que está oculto; y la visión de realidad es la Sabiduría: afirmación, confirmación y verificación, son los pasos descriptos.
Cuando decimos "todas las cosas", al mencionar el Principio, nos referimos a todo lo que podemos conocer experimentar, vivir, etc., todo lo que para nosotros existe. Además, a todo aquello que no podemos experimentar, ni vivir todavía, porque no pertenece a nuestro plano de existencia, como son las realidades superiores o espirituales de las que habla la Sabiduría. Todo ello tiene un mismo Principio, Allah, quien Crea y Provee.
1 El intelecto o razón es el aspecto principal del hombre, lo cual destaca el Islam por sobre todas las cosas. La fe no precede al conocimiento sino que es como el resultado del mismo. Al respecto consultar la llamada 3.
2 Allah es el Nombre del Principio de todas las cosas, utilizado en el Corán y en la lengua árabe en general. No equivale exactamente a la palabra "Dios", por ser esta una expresión de los idiomas de origen latino, diferente en los de origen germánico o eslavo. Etimológicamente "Dios" esta vinculada a la idea de luz o día, según ciertas fuentes, en cambio Allah no tiene una etimología exactamente reconocible, aunque los estudiosos de la lengua le dan el significado de "Amado". También en el Sagrado Corán existe un Atributo de Allah equivalente a Luz, Nur.
3 Existen tres niveles en el desarrollo del espíritu humano aludidos por estas tres palabras, las cuales se encuentran mencionadas en el Sagrado Corán. El espíritu debe alcanzar primero el estado de apertura hacia la Verdad, de no contradicción de la realidad trascendente, estado similar al de la tierra preparada para la siembra. A esta se llama Islam, que implica el abandonar los prejuicios y la ignorancia de creerse absolutamente independiente del resto de las cosas. Una vez adquirida esta condición, vendrá un período de intenso trabajo espiritual, similar al de la siembra y las semillas, al cabo del cual aparecer el estado de Imán (Fe) equivalente al desarrollo del espíritu en sus diversas facetas. Por último, aparecerá el estado de Ihsan, similar al de los frutos que dan las plantas y a la reproducción de la semilla. Todo ello está mencionado en el Sagrado Corán de la siguiente manera “...como una siembra que ha brotado, se ha fortalecido, desarrollado, implantándose sobre sus narices, maravilla de los sembradores, para envidia de los impíos..." (48:29).
Significa tanto Primero como Ultimo, palabras que corresponden a dos Atributos de Allah que refiere el Corán.
"El es el Primero y el Ultimo; el Manifiesto y el Oculto, porque es Omnisapiente" (57:3).
Debemos aclarar que siempre nos referiremos a un principio universal, no a una cosa del mundo, como hemos anticipado en el prólogo. "Principio" significa para nosotros, entonces, primero, primordial, como el número uno respecto del resto de los números naturales. Dicho principio es "absoluto" lo cual indica que es en sí mismo, sin antecedentes (o "antecesores"). Es autónomo, independiente de toda relación, autosuficiente.
Siendo un principio absoluto, lo que se afirme de él nunca varía y le pertenece sin que podamos pensar que otra cosa se lo ha dado. Su categoría de principio consiste en esto precisamente, en que él no depende de nada pero otras cosas dependen de él. Si él dependiera de algo, no sería un principio universal y absoluto sino una cosa del mundo.
También, lo que del principio absoluto se afirme no puede dejar de afirmarse de él, porque toda vez que le conozcamos solamente podemos conocerlo gracias a esos atributos que nosotros afirmamos de él. Si afirmáramos otros atributos no podríamos conocerlo.
Por ejemplo, si nosotros deseamos conocer qué es la luz, sin que nunca la hubiésemos visto antes, solamente sería posible conocerla por su luminosidad, su difusión, sutilidad e intangibilidad, su distinción respecto de la oscuridad, el fenómeno de los colores que ella manifiesta, etc. Esos atributos pertenecen a la luz y gracias a ellos la conocemos, pero sería imposible conocerla sin afirmar de la luz que es luminosa, sutil, intangible, etc., o tratar de conocerla por otros atributos, como por ejemplo los de la materia, los cuales no le pertenecen.
A su vez, esto implica que dichos atributos no pueden pertenecer en su totalidad, y del mismo modo que pertenecen al principio, a otra cosa que a él. En consecuencia él no tiene semejanza con ninguna cosa.
Por otra parte, tampoco se trata en cuanto al principio de una causa que origina algo en particular, como cuando decimos que el principio del fuego es el calor, aunque su causa sea la combustión. Entre ambas cosas, principio y causa, hay claras diferencias como las que muestra la distinción entre "calor" y "combustión".
En conclusión, un principio universal no tiene antecedente o antecesor, no depende de nada, es absoluto en sí mismo. Solamente es posible conocerlo por sus propios atributos los cuales en su totalidad y del modo que a él pertenecen, no pertenecen a nada más que a él. Otras cosas dependen de él pero no como si él fuera la causa de esas cosas (como en el ejemplo del calor y la combustión). Dice el Sagrado Corán:
“Di: Él, Allah, es Único; Allah es Absoluto, no procrea ni fue procreado, ni es a Su Semejanza nadie" (sura 112)
Por otra parte, si el principio no existiera tampoco podría existir la cusa que produce algo particular (cualquier cosa que sea), como en de la energía, cuya existencia como principio justifica la existen muchas causas derivadas: la electricidad, el magnetismo, etc.4.
Sin embargo, no debemos identificar al Principio absoluto, a Allah, con cada una de las causas particulares, como si El fuera idéntico a la suma de los principios que actúan en la materia y en el mundo en general. Este es el error de los politeístas, y, en el sentido de destino personal constituye también el error de los fatalistas. El es el Principio absoluto de todas las cosas, pero no como una causa que actúa directamente para producir algo.
El Imam Al-Rida, con él sea la Paz, en respuesta a quien le solicitó: “¡Hazme ver cómo es El y donde se encuentra!" respondió, "... El es Quien ubicó el `dónde' sin tener `dónde', y estableció el `cómo', sin ser como'. No se conoce por el `cómo es' ni el `dónde está ', ni se comprende con los sentidos, ni se compara con nada”.5
4 Si alguien sostuviera que estas causas no dependen de ningún principio y existen gracias a la existencia de la materia, deberíamos replicarle que es absurdo distinguir entre la "materia" y el principio de energía, lo cual muestra que la distinción entre ambos es sólo mental.
5 Al-Kafi p. 101.
Existen tres posibilidades de conocimiento en el hombre. La primera es la de conocimiento natural y práctico; la segunda la de conocimiento racional, por la demostración y la prueba; y la tercera la del conocimiento metafísico o trascendente.
La primera vía depende principalmente de los sentidos, aunque se combina con el pensamiento racional. Por ejemplo, una experiencia física es necesariamente un hecho para los sentidos, de los cuales depende toda deducción por la vía racional.
La segunda vía, la de conocimiento racional, depende principalmente del pensar racional, de la lógica, de la inducción y deducción, de la prueba racional y de la demostración, de la hipótesis intelectual, etc. Es parecida a la primera vía en cuanto solo apela al conocimiento de cosas presentes en este mundo, sean sensibles, sean inteligibles.
La tercera vía, es la del conocimiento trascendente, pues trasciende o sobrepasa los medios de este mundo (los conocimientos por vía sensible o racional), para adquirir otros conocimientos por una vía sobrenatural (en el sentido etimológico del término). Esta vía justifica su existencia racionalmente debido a la imperfección y cortedad de los conocimientos sensibles y meramente racionales, y también por la imperfección y contingencia de todo lo que se puede adquirir de las cosas del mundo, sean conocimientos, datos sensibles, goces, etc.
La justificación supraracional de la vía trascendente es la existencia de un Poder universal dotado de una sabiduría absoluta, que está vinculado al hombre a través del conocimiento, y del cual el hombre adquiere este último por medios extramundanos.
Los medios de que se vale el conocimiento trascendente son de menor a mayor grado de importancia: la práctica de un determinado método de existencia; la práctica de un determinado sistema de pensamiento; la transmisión del conocimiento magistral; la purificación psíquica; la realización de los grados espirituales; la intuición espiritual, la cual finalmente lleva a la Sabiduría de los significados.
Frente a este conocimiento los otros dos aparecen como exiguos, carentes de verdadera realidad, exclusivos y parciales (por cuanto excluyen todo lo que por definición no entra en su reducido cuadro, a la vez de parcializar la realidad total a que tiene acceso el hombre).
El hombre puede: o bien afirmar al Principio, o bien negarlo. O bien cree en El o no cree, no existe tercera alternativa. Esto significa, o bien que la realidad tiene un Principio o bien no lo tiene, no existe una tercera opción.
Todo esto se produce racionalmente, es decir en la primera etapa que hemos descrito en “1as tres etapas de la afirmación". La negación del Principio, por ejemplo, no es algo que se pueda sostener con convicción, porque sólo se da a través de "pruebas racionales” (que en última instancia son en este asunto meros justificativos sin valor, como ya veremos). Ni la convicción, que es una fuerza interior y de la Fe, ni menos aún la Sabiduría, tienen nada que ver con la duda acerca del Principio, que conduce a su negación.
En realidad, la actitud de quien niega el Principio es insuficiente, defectuosa. Nace de un obstáculo interior por alcanzar el esclarecimiento necesario sobre el mundo. Esta incapacidad se reviste con muchos oropeles, puede apelar a “la ciencia”, “1os hechos injustos” (guerras, diferencias entre los seres humanos, sean físicas o de la fortuna, etc.), pero en última instancia se debe a la escasa meditación.
Respecto de ello el Sagrado Corán es muy explicito, afirmando que el hombre poco medita sobre si mismo, sobre el cosmos y sobre las lecciones del pasado humano. Citaremos, entonces, algunos párrafos:
Conocen lo aparente de la vida mundanal, pero están despreocupados acerca de la otra vida. ¿Por ventura no meditan sobre si mismos? Allah no creo los cielos y la tierra, y lo que existe entre ambos, sino en Verdad y por un lapso prefijado. Pero, ciertamente, muchos de los humanos niegan la comparencia ante su Señor. ¿Por ventura no discurrieron la tierra para observar cuál fue el destino de sus antecesores? Eran más vigorosos que ellos, cultivaron la tierra y la poblaron mejor que ellos. Sus Mensajeros les presentaron las evidencias, mas las negaron. Es inconcebible que Allah les perjudicara; sino que ellos mismos se condenaron (3:7 y 9).
Por cierto que, en la creación de los Cielos y de la tierra y en la alternancia de la noche y del día hay Signos para los dotados de intelecto, quienes recuerdan a Allah, de pie, sentados y acostados y meditan en la creación de los Cielos y de la tierra: “¡Señor nuestro! ¡No creaste esto en vano! ¡Glorificado seas! ¡Presérvanos del castigo infernal!”'(3: 190 y 191).
El Corán también llama a la reflexión mediante alegorías como esta:
¿Desearía alguno de vosotros poseer una huerta de datileras y viñas bajo las cuales corren los ríos, en la que hubiera toda clase de frutos, y alcanzando la vejez con hijos de corta edad, la azotase y consumiese un torbellino de fuego? Así Allah os esclarece los ejemplos a fin de que meditéis (2:266)
¡Humanos! Sabed que vuestra corrupción sólo recaerá sobre vosotros: sólo es el goce de la vida mundanal. Luego seréis retornados a Nosotros, y entonces, os enteraremos de cuanto hayáis hecho. El ejemplo de la vida mundanal no es otro que el de un agua que enviamos del Cielo y con ella se amalgaman las plantas de la tierra, con las cuales se alimentan el hombre y los animales, hasta que la tierra se embellece y engalana, creyendo sus habitantes que son capaces de aprovecharla. Entonces la azota Nuestra Orden (de Castigo), sea de noche o de día, y la dejamos arrasada, como si en la víspera no hubiera existido nada. Así dilucidamos los signos a quienes meditan (10:23 y 24).
Por último, como meditación sobre el pasado humano y la revelación de la Verdad, dice:
Antes que a ti (Muhámmad) no enviamos más que hombres a quienes habíamos revelado (la Verdad) ¡Preguntad, pues, a las gentes del Recuerdo (los sabios) si es que lo ignoráis! (Los mandamos) con las Evidencias y los Libros, y a ti te enviamos el Mensaje para que dilucides a los humanos lo que les fue revelado a fin de que mediten (16:43 y 44).
Diles: “Yo no os digo que posea los tesoros de Allah ni que conozca el más allá; ni tampoco os digo que sea un ángel; no hago más que cumplir lo que se me revela'. Diles: ¿Podrán acaso equipararse el ciego con el vidente? ¡¿No meditaréis?! (6:50)
Existen diversos niveles de negación del Principio, unos basados en infundadas "razones" populares, como podríamos llamarlas, que son las de la injusticia, las guerras, las desigualdades biológicas o físicas (deficiencias, enfermedades), la muerte (cuando es penosa, o trágica), la suerte o fortuna, etc. Otro nivel es el del científico, que se parapeta en "razones de la ciencia". Otro, más atendible, aunque igualmente falso, es el de la reflexión (para no decir de la "filosofía").
Iremos mencionando algo acerca de cada uno de estos argumentos, sin intentar profundizar en ciertos aspectos, por considerarlo innecesario. Comenzamos por las "razones científicas".
La ciencia kafir (antisagrada), basada en el desconocimiento del Principio, porque no apela a El (ni siquiera Le menciona ni Le tiene por supuesto), es un caso evidente de velamiento acerca del Principio. No importa a que resultados llegue o haya llegado esta ciencia, e inclusive que parte de sus resultados sean positivos para el ser humano, lo que importa es que ella, al desconocer al Principio, produce un velamiento de la Realidad verdadera; se reduce a lo fáctico, material y sensible y crea un ser humano desquiciado y monstruoso, capaz de destruir su propio-mundo.
Al respecto nos abstenemos de dar ejemplos porque son obvios, pero sólo señalaremos algo muy importante, que por lo general se omite cuando se trata de “la ciencia". Es que esta nace de una actitud prejuiciosa, la misma actitud que hemos mencionado antes como "defectuosa e insuficiente". El fundamento de la actitud "científica" clásica es negar todo lo que no sea material o medible, lo cual constituye un absurdo muy evidente, desde el momento que existen muchos fenómenos que no son ni materiales ni medibles, como actualmente se conoce en ciertas ciencias "marginales". Pero aún, una idea no es material ni medible, sin que se trate de un fenómeno externo al ser humano; la belleza o el bien tampoco lo son.
La pretensión de “la ciencia" de ser el mejor medio para conocer, el más exhaustivo (aún cuando reconozca sus limitaciones), el más profundo, etc., resulta así una aberración a causa de que elimina a conciencia, y por principio, todo aquello que existe fuera de una restringida zona de fenómenos (los "materiales" y "medibles"). Aparte de ello, la idea de "materia" y la efectividad de las "mediciones", es algo que está en duda hasta en la propia "ciencia"; en última instancia no corresponden a cosas fijas y absolutamente definidas, pero en eso no nos introduciremos en beneficio de la brevedad.
En cuanto a las "razones populares” negar al Principio sobre la base de hechos cotidianos, como la "mala suerte", o históricos, como las guerras e injusticias, o biológicos, como la ceguera o la incapacidad mental de algunos humanos, considerando dichos hechos como injustos, es evadir el asunto principal: ¿todo lo que existe, todo lo que es, tiene o no un Principio?. Atribuirle injusticia, por ejemplo, constituye algo secundario ante esta pregunta que va al centro de la cuestión.
Luego, cualquiera cosa que pueda derivarse de El, tendrá que equivaler a Su jerarquía, la cual está por encima y más allá de todo lo que la mente humana pueda imaginar. Por lo tanto si admito Su Realidad, solamente puedo atribuirle el bien, y debo meditar mejor el asunto sobre el origen del mal (según el hombre define lo malo). Por lo general, meditando de esta forma, llegamos a la conclusión que todo mal, que no se derive de cosas de la naturaleza (como un cataclismo), es de origen humano y tiene causas concretas. Este es el precio de la libertad, porque somos responsables de nuestras acciones libres y recibimos la paga por nuestras iniquidades.
Por ejemplo, el alcoholismo es el causante de la mayor cantidad de locura, directa o indirectamente (debido a causas hereditarias); la corrupción sexual es causante de múltiples perturbaciones mentales; la desintegración familiar, la injusticia social, la miseria, la promiscuidad, etc., de todo lo cual es responsable el hombre mismo, son el origen concreto de muchos males.
Debemos comprometernos con nuestra libertad, y sacrificar nuestras vidas y fortuna por conseguir el bien, o en caso contrario soportar todo el mal que nuestra cobardía y degradación producen, pero en todo caso no culparnos sino a nosotros mismos.
La enseñanza del Sagrado Corán es concreta al respecto, todo bien procede de Allah, y todo mal del hombre mismo. El se reserva el Castigo, no el mal, pues es absolutamente Justo y Bondadoso; no oprime, no castiga con la miseria ni con la incapacidad, sino que prueba a los hombres de acuerdo a las posibilidades que les otorgó y no los carga con un peso mayor a sus fuerzas.
Dice el Sagrado Corán:
Quien practique el bien lo hace en beneficio propio, y en cambio quien haga el mal ser en detrimento suyo, porque tu Señor no es injusto, en absoluto, con sus siervos. (41:46)
Cuando les alcanza una ventura dicen: `esto proviene de Allah', en cambio si les azota un infortunio, dicen: `esto proviene de ti. Diles, ¡todo dimana de Allah!* ¿Qué les sucede a esta gente que apenas comprenden lo que dicen? Lo bueno que te ocurre viene de Allah, lo malo que te sucede proviene de ti. (4:78 y 79)
*"Todo dimana de Allah" en un sentido absoluto, porque El creó y concedió al hombre las facultades y disposiciones que a este le permiten tanto obrar bien como mal. Pero el bien es trascendente, se proyecta siempre más allá del acto bueno, de lo cual nos damos cuenta cuando lo experimentamos, por eso dirá mas adelante "lo bueno que te ocurre proviene de Allah". Mientras tanto, el mal solo es atribuible a uno mismo, como percibimos cuando lo realizamos, porque en ese acto nos rebelamos y oponemos al bien:"lo malo que te sucede proviene de ti".
Más atendible que las dos anteriores es la objeción de quienes reflexionan filosóficamente sobre el asunto. Pero al respecto no nos referiremos a obras concretas ni a autores, porque ello nos llevaría más lejos de lo que constituye nuestra pretensión en este escrito. Simplemente nos referiremos a ciertos argumentos, meditaremos sobre el centro de la cuestión: ¿se puede afirmar racionalmente la Realidad del Principio de todas las cosas?
Afirmamos al inicio de esta obra que: o bien afirmo la Realidad del Principio, o bien la niego, no hay alternativa fuera de estas dos posibilidades. Además, dijimos que estas dos actitudes pertenecen a una etapa del desarrollo espiritual del ser, la primera y más elemental. Nada tienen que ver con la convicción, que es una tercera etapa posterior, ni menos aún con la Sabiduría, la cual constituye la culminación del desarrollo espiritual.
Si quienes niegan el Principio parecen estar "convencidos", o parecen poseer un saber superior sobre el tema, dicha actitud no es en realidad auténtica. La "convicción" mencionada se sustenta en una serie de hipótesis cuyo último supuesto es más frágil que una pompa de jabón, indemostrable y falso, como por ejemplo los supuestos sobre el origen del hombre, y más aún, sobre el surgimiento del cosmos, o sino sobre el pensamiento y la última realidad del alma, enfrentadas todas estas afirmaciones a la muerte y al sentido de la vida.
Pero aún sin llegar a tanto, basta observar las variaciones en el pensamiento de dichas personas para saber que, en realidad, ni poseen un conocimiento superior, ni están convencidos profundamente de nada. Sus teorías van variando con el paso de tiempo y partiendo de un punto pueden llegar al punto opuesto, de todo lo cual queda testimonio en sus obras. El modo de vida y la muerte de dichas personas son otros testimonios bastantes decisivos.
Pasando, entonces, a meditar sobre el tipo de argumento a que quienes niegan el Principio, el que parece prevalecer en la mayoría es el del azar. Consiste en afirmar que todo comenzó por azar, debido a la reunión en un lugar original de las condiciones de existencia, primero bajo una forma elemental y luego, por combinaciones sucesivas, se originó todo el resto, yendo de lo minúsculo a lo extensísimo. Así aparecieron todas las cosas desde las más sutiles como los gases, hasta las más densas como los cuerpos físicos.
Si referimos en detalle este argumento es porque parece el más consistente de los que utilizan los negadores del Principio. Para ellos, el pensamiento, la psiquis, etc., proceden de la misma cosa, de la “evolución de un proceso" que formó a todos los entes.
Este argumento prevalece en “la ciencia", pero en ella sólo constituye una hipótesis filosófica, pues no resulta demostrable a través de fenómenos comprobables. Por eso lo exponemos bajo este título.
Bien, si se trata de un argumento racional y especulativo (filosófico), podemos analizarlo libremente. En primer lugar, existe una contradicción lógica que no permite admitir dicho argumento. Si entendemos por “azar” o "casualidad", a algo probable, existirá por lo tanto alguna causa o regla que permita considerar a una cosa como probable, por lo tanto, el "azar" no es tal, sino más bien una cosa poco frecuente.
Si entendemos el "azar" como los jugadores, con el significado de “suerte”, “coincidencia fortuita", etc., afirmamos entonces que antes de la existencia hubo caos, algo en si mismo sin ninguna regla o causa.
En ambos casos, la necesidad racional del Principio queda evidenciada. Si por azar o casualidad pensamos en una probabilidad, en algo que por algún motivo o causa pudiera manifestarse, entonces tendría una cierta legalidad, respondería a un orden, y necesariamente todo orden o ley tiene un principio del cual depende. Si pensamos en el azar como “cosa fortuita", pura coincidencia o suerte, y derivamos de allí un orden, ley o sistema, como el que existe en la vida, en todo el cosmos, entonces dicho sistema, legalidad u orden depende de un principio, porque no podría existir de otro modo.
En definitiva, no es posible el orden, la regularidad, la continuidad, la jerarquía entre diversos elementos, etc. (todo lo cual se encuentra en la vida), sin un principio, porque este tipo de cosas sólo se piensa en relación a un principio.
En una narración referida al imam Yá'far Al-Sádiq, en la cual él polemiza con un ateo, dice lo siguiente: "Imam: `tú eres (algo) construido (creado) o no construido?'; ateo:' no, por cierto que no soy (algo) creado! (es decir no tengo un Creador)'; Imam: 'descríbeme cómo serías de haber sido (algo) creado'; ateo: se quedó dubitativo, sin saber que responder, por un buen rato, y mientras jugueteaba con un madero que tenía entre sus manos, comenzó a decir: ... alto, ... ancho, ... profundo ... corto, ... con movimiento, ... inerte...' todo lo cual era la descripción de su propia naturaleza. Imam:'si es que no conoces de la descripción (o cualidades) de lo creado más que esto, ¡considérate, pues, creado! ya que solo encuentras en ti mismo la existencia de esas cosas' (es decir la descripción de algo creado). Ateo: `me has preguntado sobre cuestiones, de las cuales nadie me interrogó antes de ti ....”
También se narra que él dijo: "... todo cuanto puede concebirse (y captarse) a través de los sentidos (siendo) abarcado por ellos, delimitado y representable por ellos, es sin duda algo creado, en cuanto su negación constituye su extinción y desaparición; en segundo lugar, (debido) a la asimilación o analogía (tashbíh), siendo esta la cualidad de lo creado, el cual manifiesta estar construido y compuesto (de partes). Es necesario, entonces, la afirmación de un Creador para (justificar) la existencia de las criaturas; y les está obligado a ellas (afirmar) que son creadas y que su Creador es distinto de y sin semejanza con ellas. De lo contrario, sería como ellas, asimilable a ellas, manifestando estar constituido y compuesto, y (ser igual) en lo que les sucede respecto a su aparición después de no haber sido nada, y su transmutación de pequeñas en grandes, de un color a otro, de fuerza a debilidad, y otros estados existentes que no tenemos necesidad de mencionar debido a su evidencia y ocasión".
En cuanto a la "probabilidad", que mencionamos en la primera comprensión del término “azar", ella está contenida en el Principio, Quien es llamado el Todopoderoso, Omnipotente, es decir Aquel en Quien existen todas las posibilidades. Respecto de la segunda comprensión de "azar", como caos, esto es considerado en muchas tradiciones religiosas, y en el mismo Corán se dice que Allah, el Principio, convocó a la "humareda" (término que simboliza al estado de descomposición de todos los elementos, o "caos" en sentido etimológico) y le ordenó:
¡Venid a Mi, complacientes o por la fuerza! y la humareda respondió: “¡Venimos a Ti complacientes!" (41:1l).
El extremo del absurdo estaría constituido por la afirmación de que nada había, antes de haber existencia o vida, y que por lo tanto tampoco había Principio.
Esta posición, si es que existiera, no tendría ningún asidero, porque de la nada, nada procede. Cuando en la enseñanza sagrada se dice que el Principio creó a todas las cosas a partir de la nada, se entiende que El era. Sin embargo las cosas no proceden de su "substancia", no son "partes" de El, ni son en realidad nada real por sí mismas, excepto que El quiso manifestarlas. Tal es el sentido de la expresión “las cosas fueron creadas de la nada", es decir, ellas no son algo real por si mismas, ni participan de la Realidad divina tal cual la conocemos. Son la ilusión, algo que Allah manifestó e hizo existir, sin que ellas puedan abarcar a Allah en todo o en parte, sea que las consideremos parcialmente o las consideremos en su totalidad. El Profeta, Bendición y Paz sean con él y su Descendencia, dijo "Allah era y no había nada con El, y aún Es tal como era".
Entonces, toda realidad de las cosas deriva de El, no como "partes" (cosas consubstanciadas con El), aunque no dejan de depender en absoluto de El. Por eso se dice en la enseñanza sagrada que Allah, el Principio, creó a las cosas de Su palabra Sea. La palabra simboliza algo exterior a quien la pronuncia, algo intangible pero efectivo.
La nada es una idea de la razón, del conocimiento, que sirve para comprender ciertas cosas. Por si misma no tiene ninguna realidad. Las cosas tienen un límite, de lo contrario serían infinitas, y no podríamos conocerlas, porque nosotros sólo conocemos lo limitado, lo finito. Donde “terminan" las cosas comienza el vacío, por así decirlo, y a ese vacío lo que llamamos "nada".
Si pensamos en el vacío inicial, antes de la manifestación de las cosas pensamos en la nada como idea racional. De mismo modo, si pensamos en lo que hay más allá del límite del universo, o de la muerte respecto de la vida que conocemos (aunque quienes seguimos una enseñanza sagrada sabemos que, hay continuidad y no “nada"), y en cosas similares surge en nosotros la idea de "nada", pero como una mera idea, no tenemos ninguna experiencia al respecto.
Acerca del Principio, de Allah, sublimado sea, no podemos pensar en absoluto que tenga que ver con la "nada”, o con el vacío, o con algo similar, porque El es el Ser absoluto, que está a su vez más allá del Ser.
La idea del Ser sugiere en nosotros la idea de "nada". En realidad, debido a la existencia de las cosas que en el Ser se manifiestan, la "nada” surge como algo al servicio de dicha manifestación, está al servicio Ser. Gracias a la limitación propia de las cosas del mundo es posible la “nada", y gracias a la "nada" es a su vez posible la limitación. Ambas cosas no serían más que una y la misma, como un ciclo de veinticuatro horas está compuesto de luz y de oscuridad.
La nada es así "parte" del Ser, no algo autónomo y separado. Aunque no se trata de una parte "constitutiva", sino como un contraste un fondo sin existencia en si mismo, neutro, que sirve para la manifestación de las cosas.
Queda por considerar la posibilidad de la existencia de varios principios en lugar de uno sólo. Si esto fuera posible, es evidente que cada uno de ellos tendría que ser distinto al otro, sean dos, tres o más los que imaginemos. Si no fueran distintos entre sí, no sería posible que fueran varios, sino que deberían ser uno sólo, porque no habría razón para hablar de pluralidad en caso de que no pudiéramos determinar ninguna diferencia entre ellos.
Si un sólo principio aparece bajo distintas relaciones (como por ejemplo el calor, que aparece en el sol, en el fuego, en una reacción química, etc.) tampoco puedo hablar de varios principios sino de uno sólo.
En consecuencia, para que haya pluralidad de principios ellos deben ser distintos unos de otros.
Si existieran varios principios, cada uno distinto del otro, su distinción o diferencia debería residir en cada uno de ellos mismos y no en los otros. Por ejemplo, si comparamos diversas clases de rosas y diferenciamos entre ellas tomando el color como referencia, el color de cada una debe estar en ella y no ser producto de la comparación que nosotros realizamos. Una será roja y otra blanca, una amarillenta y otra rosada, etc. y ello nos permitir compararlas y considerarlas distintas entre Si.
Si existieran varios principios y cada cual se distinguiera por un atributo diferente, como el Poder, la Visión, la Creación, la Misericordia, etc., cada uno de ellos establecería un mundo diferente basado en el atributo que dicho principio ostenta. Si no fuera así, no serían principios distintos sino uno y el mismo, que posee todos los atributos posibles.
Siendo cada uno de ellos un principio daría a luz un tipo de realidad diferente a la del otro. Si pensáramos en el fuego como principio de un mundo, sólo sería posible a dicho mundo existir en forma ígnea; si era el agua el principio, sólo sería posible que su mundo existiera en forma acuosa, etc. A la vez, dichos mundos no podrían confundirse, coexistir, ser uno sólo, porque cada principio sería distinto y hasta opuesto al otro.
El ejemplo de la luz, que reúne en sí a todos los colores, apareciendo sin embargo como una unidad, es esclarecedor. Si descomponemos luz en sus diversos componentes, cualquier cosa que reciba una parte de la irradiación tomará el color respectivo (rojo, naranja, verde, índigo, etc.), apareciendo cada una bajo aspectos distintos. Por analogía, cada color fuera un principio en si mismo, subsistiendo como una luz a parte del resto de los colores, cada realidad que de dicho principio surera surgiera diferente a la realidad que surgiera de otro distinto. Sin embargo, realmente la luz es una, a pesar de su variedad intrínseca, y de la surge una realidad. Aún cuando pensemos en sus múltiples manifestaciones, en la infinidad de los colores existentes, estamos obligados a conocer que todos ellos son una luz.
La existencia de varios principios es imposible y esto es planteado r el Sagrado Corán diciendo:
¡Allah no ha tenido ningún hijo ni jamás ningún otro dios compartió con El la divinidad! De ser así, cada dios se habría apropiado de su creación, y habrían prevalecido unos sobre otros ¡Glorificado sea Allah de cuando le atribuyen! ¡Conocedor de lo invisible y lo visible! ¡Exaltado sea de cuanto le atribuyen! (23:91,92);
El fue Quien en la Verdad creó los cielos y la tierra y el Día en que diga:' ¡Sea!' Será. Su Palabra es Realidad y Suya es la Potestad el Día en que sea tañida la trompeta. El conoce lo oculto y lo manifiesto y es Sapientísimo, Conocentísimo (6:73);
Son impíos quienes dicen: En verdad, Allah es un tercero en una terna, cuando no existe ningún Dios más que Allah Único. Si no desisten de cuanto dicen, un severo castigo azotará a los blasfemos de entre ellos. (5:73).
La enseñanza que extractamos de los párrafos coránicos es que si existiera más de un Principio nada impediría que las realidades por ellos creadas fueran opuestas y contrarias, y como resultado de ello se desorbitaran los cielos y la tierra.
En consecuencia, solo hay un Principio, Allah, el Uno y Único, fuera del Cual no hay Dios. No tiene asociados a su Poder, ni ancestro, ni descendiente, ni es a Su semejanza nada, ni nadie. No tiene apoderado por incapacidad, y Su Poder es irrestricto. Es Creador, Mantenedor, Provisor, y a El retornarán todas las cosas. Es el Primero y el Último, el Manifiesto y el Oculto. Es Infinito, no tuvo principio ni tendrá fin. Es Sapientísimo y Misericordioso, llena a su Creación de Ciencia y Misericordia.
Esta es la doctrina de la Unidad (Tauhíd) cuya expresión máxima se encuentra en el Islam.
SEGUNDA PARTE
Varios son los errores introducidos en la doctrina de la Unidad, producto antes que nada de la ignorancia, del compromiso con los poderes de este mundo, y de la opresión sobre el resto de los seres humanos.
Podemos clasificarlos en: el error de confundir la Unidad con Su creación (lo Absoluto con lo relativo). En segundo lugar, el error de opinar que El puede ser conocido en Si Mismo, en Su "naturaleza" o Esencia. En tercer lugar el error de tomar a Sus manifestaciones como "partes " separadas de El.
El primer error, la confusión entre lo absoluto y lo relativo, la de Creador con la creación, consiste en creer que esta última es una emanación Suya. El compone "materialmente" todas las cosas, según se dice en este error, y está en ellas bajo cualquier forma, estado y condición en que ellas aparezcan.
Esto es imposible porque, como ya hemos afirmado, El es Uno y no puede pensarse como varios principios separados. Sin embargo, el mundo, la apariencia, está constituida de múltiples principios particulares y diferentes, cada uno de los cuales conforman una parte del mismo.
Esta condición del mundo no contradice el Principio Uno y Único, ni se opone a El, siempre y cuando no digamos que existe identidad entre ambos, así como la existencia de los vegetales más diversos y de todas las especies animales, no contradicen la unidad de la vida, la cual es una y única.
Entre El y los múltiples principios actuantes para la vida, los cuales constituyen cada clase de ser en particular (como el principio vegetal de las plantas, el anímico de los animales, etc.), no existe comparación posible. Los principios de la existencia que nosotros conocemos, constituyen comprensiones que tenemos de las cosas, que nos permiten conocer nuestro mundo como una unidad.
La dificultad para entender esto, y separar al Principio de las cosas mundanas, radica en que el mundo no puede ser concebido desvinculado de El, cayendo así en la falsa identificación entre El y las cosas.
La enseñanza islámica proveniente de Profeta y de los Imames (con ellos sea la Bendición y la Paz) es que el Principio es Infinito, y por esto no es posible que le determinemos límites, como tienen las cosas del mundo, porque en tal caso dejaría de ser Infinito. El no es algo “exterior” a Su creación, ni tampoco algo “interior" a ella. Es Manifiesto (Záhir), aunque no como una cosa de mundo, y Oculto o Interior (Bátin), aunque no como estando "dentro" de una cosa del mundo.
Todas las causas o principios aplicables a los seres particulares dependen de El, mientras que El de nada depende. Si imagináramos que El es idéntico a las cosas, o a la suma total de ellas, y que de Su "substancia” esta compuesto el mundo, El dependería de cada cosa en particular o de la suma total de las cosas: entonces no habría un solo Principio, como ya hemos establecido, sino que habría múltiples principios, tantos como géneros de cosas existen, en número tan grande que sería incalculable.
El es Infinito, pero no múltiple. Ambos conceptos no significan lo mismo. Lo infinito no tiene límites, pero ello no implica que sea variado y múltiple sino, por el contrario, uno y único, puesto que de otro a infinito. Lo variado y múltiple exige limitaciones que distinguen unas cosas de otras, o a unas partes de otras, y lo infinito, es por si mismo y en si mismo sin límites
Dice el Imam `Alí Ibn Abi Tálib, con él sea la Paz, en una de sus disertaciones conocida como Al-Uasílah: “la alabanza sea con Allah, Quien anonada la ilusión para que no alcance su Ser, y veló los intelectos, he hizo que estuvieran aislados (separados) de Su Esencia, para preservarla de la semejanza (imaginaciones) y de las apariencias (afinidades y confusiones). El, sin duda, es Aquel cuya Esencia no varía (no es irregular ni defectuosa); ni se multiplica (o divide) en su Perfección (completitud, integridad) en particiones cuantitativas. Está separado de las cosas no por diferencia de lugar, y está en ellas no por confusión (o mezcla) Las conoce no por mediación (de algo que se las de a conocer), siendo que el conocimiento no es posible de otro modo1. No existe entre El y Su conocido (la cosa que conoce), ningún conocimiento excepto El Mismo, pues El es Conocentísimo (o Quien conoce y manifiesta) a su conocido2. Si se dice (de Allah) `era' (o `es'), es por alegoría respecto de la Eternidad (o absoluta permanencia) de Ser, y si se dice `no deja de ser Eterno' (o `es absolutamente Eterno') es por alegoría para la negación de la nada”3.
Este párrafo tan difícil y sintético, nos enseña que Allah, el Principio, no existe bajo ninguna forma aparente (como son todas las cosas de mundo): "anonada la ilusión". Por otra parte, Allah, en Su Esencia, es incognoscible, está preservado de semejanzas y afinidades, de variación, multiplicaciones o divisiones: "veló a los intelectos.....”. Su separación de las cosas no es espacial: "no por diferencia de lugar"; y su Presencia en Sus criaturas no es material: "y está en ellas no por confusión (o mezcla)”. Su Conocimiento es absoluto, no apela a ningún medio, porque sino se crearía una diferencia entre el cognoscente y lo conocido. Su Conocimiento instituye todas las cosas: "no existe entre El y su conocido, ningún conocimiento excepto El Mismo...” El Ser es absoluto, la nada por si misma no es posible.
1 Es decir, el conocimiento sólo es posible a través de las cosas. Unas nos sirven de medio para conocer a otras. No hay conocimiento en el hombre sin mediación.
2 No hay "otro" para Allah en lo que El conoce, ni Allah es "otro" para quien Le conoce. Su conocimiento de algo, por ese motivo, no apela a ningún medio, como el hombre, apela a su razón, a sus sentidos y a cosas ya conocidas que usa como medios para lo que desea conocer. Tampoco Su Conocimiento es distinto de Si Mismo, como en el hombre quien puede perder su conocimiento o adquirirlo porque es algo distinto de él.
3 Tuhaf Al-'Uqul, p.67. Lo puesto entre paréntesis es nuestro para aclarar la traducción. La disertación, lógicamente, es mucho más larga que el párrafo trascripto, el cual corresponde a su introducción.
Otro error introducido en la doctrina de la Unidad es creer que El puede ser conocido en Si Mismo, es decir en Esencia o "naturaleza".
En parte este error se parece al anterior y en parte se distingue de él. Se parece en cuanto toma a algo fuera del Principio y lo atribuye a El, es decir tiene una idea o imagen de El a través de otra cosa, a la cual piensa como contraria a El, o bien como consubstancial con El. En parte no se parece, pues no llega a confundir con El a la naturaleza y a todos los principios vitales que en ella se encuentran.
Este error está difundido en las religiones dualistas y trinitarias, como el mazdeísmo y la doctrina de las iglesias cristianas. El Corán rechaza por igual la atribuci6n de la dualidad al Principio, como la de la trinidad. Afirma:
Dice Allah: `¡no toméis a dos dioses, El, por cierto, es un Dios Uno (y Único)! ¡Solamente a Mi, entonces, temedme!' (16:50);
¡Creed, pues, en Allah y en Sus Mensajeros! ¡No digáis 'tres'! Absteneos (de ello) será mejor para vosotros. Sin duda que Allah es un Dios Uno (y Único), ¡Glorificado sea de (que se afirme) que tiene un hijo! Suyo es cuanto hay en los Cielos y cuanto hay en la tierra. ¡Es suficiente Allah como Custodio!(4:17)
En la afirmación de dualismo es fácil encontrar la contradicción, pues todo dualismo consiste en una oposición. Opuesto es aquello que tiene un lugar en el espacio, o en la imaginación, o en el tiempo (si se considera una oposición temporal), diferente al lugar que tiene otra cosa, tomada en comparación. Necesariamente sugiere, al menos, la idea de dos cosas que no coinciden en tiempo, o en espacio, o en concepto. Entre ambas no existe identidad (como la identidad que existe, por ejemplo entre el agua y la lluvia), aunque debe existir algún tipo de equivalencia, un mismo patrón que permita compararlas (al igual que entre los seres humanos).
La oposición puede ser o bien contradictoria o bien complementaria: es el caso de la verdad y la falsedad, entre sí contradictorias, excluyentes, y el caso de calor y de frío, cuya oposición puede ser considerada complementaria o armónica (no excluyente). Una oposición contradictoria no tiene punto medio, en cambio una oposición complementaria posee grados intermedios que equilibran los opuestos. La contradicción tiende al caos y la desarmonía, la oposición complementaria establece el equilibrio y tiende hacia la unidad.
En cuanto al dualismo la oposición entre ambos principios universales que se pergeñan o bien es contradictoria, o bien es complementaria. Sin embargo el dualismo, por definición, no concibe una contradicción complementaria, sino más bien contradictoria. A ambos principios los concibe opuestos y en contradicción absoluta, como la que hay en las ideas de bien y mal, verdad y falsedad.
Sobre esta base es imposible el dualismo porque, como sabemos, para afirmar la existencia de una oposición, sea o no contradictoria, necesitamos establecer cierta equivalencia o patrón que nos permita comparar los principios opuestos. Esto es posible entre principios y causas naturales, como el frío y el calor, la germinación y la desecación, o entre conceptos y razonamientos, como la igualdad o desigualdad de dos cosas, o la verdad o falsedad de un razonamiento. Pero, por definición, un principio universal es incomparable, es absoluto, y sus atributos pertenecen solo a él (como afirmamos en p g. 17). Por lo tanto, un principio universal no tiene ninguna equivalencia que permita compararlo con nada fuera de si mismo.
Sentado esto, todo tipo de equivalencia que se pergeñe en el dualismo, será sin duda sobre la base de modelo natural (frío-calor, etc.), no sobre la base de los principios universales en si mismos. En idéntico caso se encuentra todo tipo de doctrina asociacionista (aquellas que asocian al Principio con otra cosa fuera de El mismo), como por ejemplo el trinitarismo, al que luego nos referiremos.
La refutación de dualismo nos permitir luego rechazar el otro error, no menos nocivo, el error trinitario.
Sobre la base de que la oposición a que apela el dualismo es necesariamente contradictoria, iremos formulando varias hipótesis para irlas refutando, sabiendo de antemano que todas esas hipótesis son falsas, por lo afirmado anteriormente; no es posible analogía o tomar equivalente respecto de un principio universal, por lo cual el dualismo queda a priori invalidado racionalmente. Pero para satisfacer la duda de los necios, deseamos imposibilitar racionalmente posibles hipótesis de este modo:
1. Los principios opuestos en contradicción: o bien son idénticos (en poder, autoridad, conocimiento, autonomía, etc., a todo lo cual designaremos en adelante como "atributos") o bien son distintos. Ambas, identidad y distinción, es imposible que coexistan al mismo tiempo, respecto de una misma cosa.
2. Por definición, el dualismo no admite que los principios universales contradictorios sean idénticos, por lo cual esto está fuera de cuestión.
3. Si ambos principios fueran distintos, ello solo sería posible o por sus atributos (como si dijéramos que uno de los principios posee sus atributos de modo directo y el otro de modo indirecto) o, en caso contrario (de no ser distintos por sus atributos), deberían serlo por una tercera cosa vinculada a ambos principios.
4. Lo primero es imposible, porque deberían tener atributos equivalentes (igual poder, soberanía, etc.) lo cual los convertiría en principios idénticos. Como sabemos la equivalencia es impensable entre principios universales, por ser estos absolutos y únicos (ver p g. 60). EJEMPLO: No cabe ninguna distinción racional entre un poder absoluto benigno y un poder absoluto maligno, debido a que se considera a ambos como dos poderes irrestrictos, absolutos y universales; o bien dicho poder universal es benigno, o bien es maligno, o bien ambas cosas (lo cual es imposible), pero nunca dicho poder puede representar una sola de estas alternativas en forma exclusiva (verbigracia el bien), enfrentada a otra alternativa equivalente, también exclusiva. Si al Principio de las cosas (Allah) le fuera atribuida una de ambas cosas, el Bien por ejemplo, es imposible que se le contraponga en idéntico grado el mal, ni tampoco que al mismo tiempo se le atribuya el mal, porque: o El Bien es superior al mal, y no cabe atribuir el mal al Principio; o el mal es idéntico al Bien, lo cual no nos permitiría distinguir entre ambos, no teniendo sentido diferenciar entre significados idénticos. Esto último es el error de confundir en el Principio de todas las cosas, en Allah Exaltado, el Bien y el mal, como cometen los fatalistas1.
Decimos: al Principio solo es posible atribuirle el Bien, porque el mal es inferior, contrario ni idéntico a El. El mal está subordinado al Bien como la sombra a la luz.
En consecuencia, es imposible distinguir entre atributos idénticos (como los de poder, conocimiento, soberanía, etc.) refiriéndose a principios universales distintos, por lo cual es también es imposible afirmar la existencia de mas de un principio universal que posean idénticos atributos. Esto último imposibilita, por lo tanto, la existencia de la dualidad, y por ende, de cualquier contradicción entre principios universales absolutos.
5. En base a lo asentado, consideremos la cuestión de dos principios universales y contradictorios distintos por una tercera cosa y no por sus atributos. O bien esa tercera cosa pertenecería a ambos a la vez; o bien cada cual sería dueño de una cosa diferente.
El primer caso (en que ambos principios se asociarían en la posesión de la misma cosa que los distingue) es imposible. Una misma cosa no puede responder a dos principios universales diferentes y contradictorios, como si respondiera al mismo tiempo y bajo la misma relación a la vida y la muerte.
En cuanto al segundo caso (en que ambos principios serían dueños de dos cosas diferentes por las cuales se distinguirían) también es imposible. En tal caso no sería posible contraponerlos bajo ninguna relación, ni aún compararlos, puesto que la contraposición se basa en cierta equivalencia que no existe: ni por sus atributos, ni por la cosa que los distingue se pueden relacionar, ni racional ni realmente, dos principios absolutos totalmente distintos, aún, en las cosas que poseen.
En consecuencia, no existiendo ni relación, ni contraposición, el dualismo en principios universales y absolutos contradictorios es imposible, tanto por sus atributos cuanto por una tercera cosa.
6. Como conclusión general afirmamos: 1) todo dualismo consiste en una distinción entre principios universales respecto de atributos equivalentes (poder, autoridad, conocimiento, soberanía, etc.); 2) dicha distinción, como hemos demostrado, no es posible que tenga lugar ni en los principios en si mismos, ni en ellos debido a otra cosa, 3) la idea de principio universal y absoluto obliga a pensar en Uno solo y el mismo Principio, y todo otro tipo de concepción resulta falsa.
1 Consultar al respecto nuestro libro "La Predestinación". Edit. Nur. Buenos Aires, 1983.
TERCERA PARTE
Este tipo de error se diferencia del anterior en cuanto reconoce una Unidad primitiva u original de la cual se manifiestan tres aspectos, sin fracturar la Unidad ni disminuir su jerarquía. Tiene en común con el dualismo, sin embargo, la atribución a la "naturaleza" o Esencia del Principio de determinadas ideas, en este caso la idea de "persona".
En realidad, en este error no es tan importante la idea de "cantidad", sea tres o más, sino la mencionada de "persona".
Por dicho concepto se conoce a cualquier entidad con ciertos atributos, como la voluntad, la inteligencia, la vida o existencia, etc.1 El Corán, por analogía, menciona todos esos Atributos en el Principio, en Allah, pero no como perteneciendo a una "persona", concreta o abstracta, sino como alegorías de las Potestades, que el Principio manifestó en el universo. Más aún, se piensa que si El no hubiese manifestado esas Potestades (fuerzas o poderes), como la Vida, la Voluntad, la Inteligencia (o Conocimiento), la Visión, el Habla, la Audición, etc.,- todo lo cual caracteriza a una persona-, dichas Potestades no habrían existido en el hombre, pues este las adquiere de Allah mismo, como un reflejo.
La cuestión de la "persona" divina, en realidad, se reduce a la de las características que posee cada una de ellas (lo cual está claro incluso en el origen etimológico de a palabra "persona"). Considerando que toda característica es un atributo, algo que forma parte, de una u otra cosa, cualquiera sea, se hace necesario que nos refiramos a la idea de “atributo” más que a la de persona.
Adelantemos algo, El Corán cuando condena el trinitarismo lo hace siempre refiriéndose a la multiplicación numérica de la idea de “Dios”. Sin embargo, el sentido de dicha condena no es solo el de la mera multiplicación numérica, ni de que sea repugnante el hecho de mencionar al Principio como “cuarto" o "sexto” es decir bajo la idea de número, algo que hace el Sagrado Corán mismo al decir:
...No hay confidencia (o intimidad) entre tres sin que El sea el cuarto, ni entre cinco sin que El sea el sexto, ni menos que esto ni más, sin que El esté con ellos, dondequiera se encuentren...(58:7)
El sentido de la condena coránica va más allá del simple número, se refiere a la Esencia, a los Atributos, condenando el pensamiento que asocia a Allah, al Principio, con algo fuera de El, "manipulando" la idea de Su Esencia infinita. Esto es lo que comete el trinitarismo "cristiano", al igual que toda otra doctrina afín.
La teología de la iglesia se refiere a la "naturaleza de Dios", lo cual para el Islam es irreverente y absurdo. En el Islam no solo la Esencia (o “naturaleza") divina es incognoscible en Si Misma, sino que ella está más allá del Ser, inmanifiesta, siendo el Ser algo dependiente de la Esencia. En consecuencia, no se trata solo de la imposibilidad gnoseológica (del pensamiento, del conocimiento, de la razón y la lógica) en alcanzar la Esencia, sino de la imposibilidad ontológica (del ser, del cosmos, del hombre) en captar por su propio poder lo que está más allá de sus límites.
Antes de refutar el trinitarismo deseamos aclarar mejor qué entendemos por “atributo", lo cual juega un papel tan importante en la idea de persona. De este modo nos resultará fácil referirnos a la doctrina errónea, a la vez de hacer mayor claridad sobre un concepto, el de "atributo”, que ya hemos utilizado en nuestra refutación del dualismo (reforzando así esta última).
l En occidente "persona" llego a ser diferente a “individuo". Persona es etimológicamente algo con un aspecto exterior, pues proviene de "máscara", y algo con una voz particular, como la de los actores enmascarados. El concepto de “individuo" es más general, el de "uno entre tantos", es cósmico, universal (proviene del concepto de unidad indivisible). Con el correr del tiempo, el racionalismo occidental y el individualismo crearon un concepto de autosuficiencia personal, ética, psicológica, social, etc., abstrayendo cada vez más y haciendo del hombre un ser abstracto. En la actualidad la persona abstracta es dueña de todo, ha suplantado a Dios, pero abstractamente (como en las constituciones políticas o en los códigos del mundo actual), pues el hombre real, el individuo concreto, no posee nada, estando en muy peores condiciones que cuando no se conocía la "persona abstracta".
Previamente a tratar de los atributos en si mismos, debemos distinguir entre ellos y el concepto de "relación". Esto se debe a que a los atributos se los piensa como dependientes de algo principal (como al color se lo piensa dependiendo de la luz), lo cual es cierto solo respecto de ciertos atributos y no de todos ellos.
El concepto de "relación" traduce nuestra idea de vínculo o conexión entre dos o más cosas, una de ellas relativa (relacionada) a otra y viceversa. Pero tal concepto es deficiente por si mismo, necesita de la previa existencia de una cosa que pueda ser vinculada con otra. Por lo tanto, no es una idea acabada, perfecta, sino más bien un medio o instrumento del pensamiento.
La "relación" entre las cosas depende de los atributos que ellas posean. Si una cosa no tuviera atributos sería imposible relacionarla con otra u otras cosas. Decir "espíritu puro” o ”1uz primordial” o "bien absoluto” o cualquier concepto parecido, no permite saber cuales atributos poseen tales cosas, por lo cual nos es imposible relacionarlas con otras cosas.
Si por el contrario digo “1a buena acción es mejor que el desagradecimiento" establezco una relación comparativa entre dos conceptos, "buena acción" y "desagradecimiento", comprendiendo por sus atributos la diferencia entre ambos.
En síntesis, para poder establecer una relación entre dos ideas o cosas es necesario:
1) que pueda atribuir a dichas ideas o cosas algo en particular, a lo cual llamó "atributo" (como el bien, el mal, la belleza, la fealdad, la verdad, la falsedad, la acción, la inmovilidad, la igualdad, la diferencia, etc.);
2) que exista, entre los atributos entre los atributos que menciono respecto de ambas ideas o cosas, una cierta equivalencia que permita confrontarlos, pues en caso contrario sería imposible establecer la relación. Por ejemplo, si el atributo de una cosa es la vida eterna y el de otra es la fugacidad, la contingencia, etc., es imposible establecer una relación entre ambos;
3) toda relación consiste en una comparación, o analogía, o contraposición o contradicción entre cosas diferentes, por lo cual es necesario que esas cosas sean relativas, no absolutas. "Relativo" significa que es posible que algo posea relaciones, y la "relación" constituye un lazo o conexión entre dos o más cosas.
El “mundo" forma un todo relativo en el cual nada es absoluto, es decir todas las cosas del " mundo", sin excepción, mantienen relaciones entre si. El atributo es así lo Principal y la relación lo secundario.
Mencionaremos también los atributos esenciales y los atributos accidentales . Los primeros son necesarios para la existencia de algo, como la razón lo es para la existencia del hombre; los accidentales son secundarios, como la belleza o la fealdad, etc., en el caso del hombre.
Los atributos esenciales son absolutos, es decir no dependen de o a la cosa misma, no mantienen relaciones con otras cosas como la razón humana, que solo depende de su propia potencia ( si existe tal potencia en ella, se podrá desarrollar, si no la tiene, nadie podrá crearla por si mismo).
Por su parte los atributos accidentales son relativos, es decir mantienen relaciones con cosas semejantes a aquellas que los poseen, como la vista con los objetos visibles, las ideas con los pensamientos, la claridad con la luz, etc.
La esfera de los atributos accidentales en el mundo es muy grande, y la de los atributos esenciales exigua en comparación a aquella. Por las cosas relativas forman el mundo en número elevado, mientras las esencias perfectas son casi imposibles en él.
Por último, en realidad, los atributos accidentales solo pertenecen al mundo, son propios de la condición mundana. Los atributos esenciales aunque se manifiesten débilmente en el mundo, no le pertenecen, y son apariencia de atributos superiores a él Aunque es por obra de dichos atributos esenciales y superiores que el mundo existe.
Para dar un ejemplo, los rayos del sol no pertenecen a la tierra, pero solo debido a su aparición en ella existe vida terrestre.
1. SÍNTESIS PREVIA
Habíamos anticipado que la refutación del dualismo facilitaría la refutación al error trinitario. Ambos tienen las mismas bases: creer que El puede ser conocido en Si Mismo, en Su Esencia. Caen en la asociación de una tercera cosa a El, pues para conocer cualquier objeto es necesario valerse de un mediador que nos acerque la idea desconocida.
En el caso del trinitarismo, como lo llamaremos en adelante, se cree que esa tercera cosa es consubstancial a El, es decir pertenece a su Esencia, lo cual agrava el error, más aún que en el dualismo.
Hemos visto que la idea de "persona" funciona como esa tercera cosa que se asocia al Principio y, también, que poco interesa (racionalmente considerado) el número de "personas", desde el momento que, cualquiera sea el mismo, queda implicado en el error inicial, en la asociación o atribución indebida a la Esencia.
Ubicamos enseguida la cuestión en el significado de "persona" como sujeto de atributos, y, en consecuencia, fue evidente que el error trinitario consiste en concebir determinados atributos y referirlos a la Esencia, como los atributos "ser padre", o "ser hijo".
Por último, aludimos a que en el Islam la imposibilidad de conocer la Esencia en Sí Mismo proviene no solo de una imposibilidad gnoseológica sino ontológica: no solo la razón es incapaz de conocer, por sus propios medios, al Principio en Si Mismo, sino que El está más allá del Ser, es Oculto, inmanifiesto. Por eso dijo el Profeta (BPDyC y Desc.) "no especuléis sobre la Esencia de Allah, hablad sobre sus Atributos", los cuales se manifiestan en el cosmos y en nosotros mismos:
Les mostraremos Nuestros signos en los horizontes y en ellos mismos, hasta que se les evidencie que es (absoluta) Verdad. (41:53).
La ciencia de los Atributos a que se refiere el Profeta (BPDyC y Desc.) es la ciencia del Tauhíd. Esta palabra significa Unidad, en el sentido que todo lo que podemos conocer del Principio se resume en su Unidad, y sin ella, o fuera de ella, es imposible respecto del Principio cualquier tipo de conocimiento.
Todos los Atributos de Allah, el Principio, son esenciales. Hemos podido distinguir en el parágrafo anterior ambos tipos de atributos y observamos que los accidentales pertenecen únicamente al mundo, y que los esenciales si bien aparecen en él no le pertenecen, aunque gracias a dichos atributos esenciales el mundo existe.
Después de esta breve síntesis, pasamos a refutar el error trinitario con mayor precisión.
Partimos de la afirmación de que es imposible conocer al Principio en Sí Mismo, por sobrepasar esto no solo los límites racionales sino los del Ser. Pero para satisfacer la duda de los desviados, como ya lo hemos hecho en el caso del dualismo, queremos imposibilitar la vía racional que lleva al error, e invalidar cualquier hipótesis trinitaria.
2. REFUTACIÓN
Sobre lo que no hay duda en el trinitarismo es respecto de que Allah, el Principio, es Uno. Sin embargo, el error consiste en formular cierta “descripción" de su "naturaleza" o Esencia.
En lo que sigue mencionaremos aquello que es posible afirmar del o, lo que es imposible afirmar de El y por último, como síntesis final de nuestro trabajo, lo que es posible comprender acerca de El.
A) LO QUE ES POSIBLE AFIRMAR DEL PRINCIPIO
1- Partiendo de la Unidad del Principio debemos afirmar a